La delicia marina llamada Sayulita

Playas hermosas, Sol esplendoroso y delicias en cada platillo. Todo un paraíso en la Tierra.

Existen playas mexicanas que deben visitarse al menos una vez en la vida. Ese mandamiento turístico aplica perfectamente en Sayulita, un destino que enamora al instante con la frescura de sus vientos y lo colorido de sus aguas.

Sayulita es un pueblo ubicado al Sur del Estado de Nayarit, justo por donde desfila el Océano Pacífico y donde el descanso y la relajación son los ingredientes que sazonan la estadía de todos los visitantes.

Tiene fama y bien ganada. Sayulita no solamente es una joya para los mexicanos, con el tiempo enganchó inocentemente al turismo extranjero, principalmente al estadounidense y canadiense.

Las razones son muchas y verídicas: desde la gastronomía local cocida bajo los bungalos, la serenidad de una arena que resiste a perder su naturalidad y la adrenalina de desafiar la gravedad cuando las tablas de surf topan con las olas.

Si bien Sayulita comenzó su popularidad bajo la etiqueta de ser una playa virgen donde el único impacto visual era la combinación del cielo con el mar rematando en una dorada arena, de manera armónica este destino ha sumado puntos a su infraestructura de hospedaje y gastronomía, ha perfeccionado sus actividades tanto familiares, juveniles, de descanso y vida nocturna.

Tanta es la virtud de la zona, que los eventos culturales proliferan cada año. Ejemplo de ello es el Festival Sayulita, un encuentro cinematográfico —recién celebrado en enero— que además de proyectar películas locales, nacionales y extranjeras, también abre paso al arte plástico, danza y la música.

En Sayulita se puede hacer de todo, desde el clásico bronceado al ras de las olas, recorridos en bicicleta por las montañas que le rodean, bailar en los centros nocturnos donde la salsa y el merengue son los ritmos reinantes y hasta encontrar el máximo grado de espiritualidad con las sesiones de yoga que se imparten sobre la arena.

Tiempo para todo

Al hablar de Sayulita pareciera que sus actividades reflejan el movimiento de una ciudad cosmopolita, pero su diseño arquitectónico aún manifiesta ese encanto pueblerino donde destacan las casas tejidas con palma y madera y las calles lucen un adoquinado artístico que todavía se respira entre el empedrado.

Este destino también tomó fuerza al ser un referente vacacional exprés, ideal para quienes aprovechan dos días de descanso y solamente buscan la serenidad del viento salado, pero lo cierto es que ahora se requieren de al menos cinco días para disfrutar de todas las actividades que ofrecen sus anfitriones.

Uno de los retos casi obligados a enfrentar en Sayulita es el surfing, no por nada esta playa es considerada como una de las mecas más famosas para los profesionales, además de Puerto Escondido en Oaxaca y Cerritos en Baja California. Aunque no tengas ni la más mínima idea de cómo dominar la tabla, a tu disposición tendrás expertos del oleaje que te enseñarán cómo mantener el equilibrio cuando el mar se levanta.

Otra dinámica imperdible es ver a las ballenas y delfines en su estado natural, y también aprovechar los recorridos en lancha que al caer el Sol se convierten en la mejor manera de admirar el juego de luces que el pueblo enciende para regalar un bohemio espectáculo visual.

Si el contacto directo con la naturaleza es de tus actividades favoritas, acudir a los centros tortugueros para ser testigo del rescate y conservación de las tortugas y otras especies, será de las experiencias más acuñadas en tu mente. Tampoco hay que olvidar las sesiones de snorkeling y buceo que te permitirán ver de cerca a la fauna marina de la región.

Viaja seguro

Desde Guadalajara, el tiempo aproximado del viaje en automóvil propio es de tres horas y media hasta cuatro. La ruta más sencilla y directa es tomando la carretera hacia Tepic, Nayarit y tomar la desviación hacia Puerto Vallarta y siguiendo hacia Compostela. Las indicaciones poco a poco serán más visibles para llegar hasta Sayulita.

Publicidad