Anastasia: como de cuento…

Ponga mucha atención al siguiente cuento, escrito por Alberto Chimal y publicado en 2004 como parte del libro Estos son los días:

“La cara de su madre. La muñeca que arrojó por la ventana. El libro que quemó. La pecera que vació en la sala. La muñeca a la que arrancó las piernas. Su primer psiquiatra. El tazón con el que golpeó a su madre. Su niñera poco antes de marcharse. Su abuela materna poco antes de marcharse. Su padre poco antes de marcharse. La cara de su madre. El gato al que metió en el horno. Su segundo psiquiatra. Su primer kínder. El niño al que pateó. Su tercer psiquiatra. La trenza cortada de su compañera. El rincón en el que estuvo castigada. La cara cortada de su compañera. Su cuarto psiquiatra. Su segundo kínder. El perro al que destripó. La silla a la que fue atada. El brazo en cabestrillo de su madre. El brazo en cabestrillo de su maestra. El brazo en cabestrillo de su quinto psiquiatra. Su tercer kínder. El niño que la golpeó. Un trozo de la oreja del niño que la golpeó. Su cuarto kínder. La denuncia en su contra. El bolso de su madre. El director de la primaria que no quiso admitirla. La cara de su madre. El director de la segunda primaria que no quiso admitirla. La tarjeta de débito de su madre. El director de la primaria que aceptó admitirla. La niña a la que trató de ahogar en un excusado. La niña a la que empujó por las escaleras. La carta en su contra de los padres de sus compañeros. La cara de su madre. Un hombro desnudo de su madre. El director de la segunda primaria que aceptó admitirla. El suéter de su compañero desaparecido. El cuerpo de su compañero desaparecido. La cara de su madre. La patrulla que fue a buscarla. La cara de su madre. El autobús que abordó con su madre. El primer motel donde durmió con su madre. El incendio del primer motel donde durmió con su madre. El boletín con la foto de su madre. La cara de su madre. El segundo motel donde durmió con su madre. El bebé que resistió tres días en el cuarto donde durmió con su madre. La cara de su madre. El tercer motel donde durmió. El teléfono que su madre trató de usar. La cara de su madre. Un ojo de su madre. La lengua de su madre. El otro ojo de su madre. El coche del hombre que la recogió en la carretera. La primera comentarista que habló de ella en la televisión. El coche del segundo hombre que la recogió en la carretera”.

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¿Le recuerda algo, una historia recientemente leída en las noticias? ¿Pensó en Anastasia Lechtchenko? Yo sí. Y es que la pluma de los grandes escritores suelen tener ciertas cualidades de vidente, letras que la realidad, a veces, exhibe como casi proféticas. La literatura o esa inteligencia intuitiva que es capaz de imaginar todos los mundos posibles y convertir cuentos, novelas, ensayos (o incluso poemas) en heraldos de las probabilidades que una realidad determinada tiene para acontecer… ¿Y qué es la realidad, si no el posible encuentro con la ficción, ya contada o por contarse?

El cuento que leyó lo escuché de viva voz del autor el domingo pasado, en el Festival de Letras de Tepic. En su primera edición este encuentro logró rebasar las expectativas. Cuántas ciudades están todavía alejadas de la cultura. Cuántas veces este rubro queda hecho a un lado cuando se trata de recorte presupuestal. Valientes (y sabios) son quienes le apuestan a él; quienes escriben, quienes los publican, quienes se encargan de difundir la obra, suman esfuerzos y encuentran la forma de difundirlo, quienes contagian el amor a la lectura. Equivocados quienes creen que no hay lectores. En sólo tres días fueron más de siete mil asistentes, 18 eventos y más de tres mil 500 ejemplares vendidos. Los lectores tuvieron la oportunidad de escuchar de viva voz a quienes hacen los libros: estuvieron Juan Villoro, Beatriz Rivas, Elmer Mendoza, Benito Taibo, Rocío Cerón, Julio Patán y más. Además, por supuesto, de Alberto Chimal con su extraordinario cuento que no podía no rememorar mientras leía la escalofriante confesión de los crímenes de Anastasia Lechtchenko… Así la profundidad de un escritor para imaginar y describir las profundidades de abismos que no son los propios… pero que pueden ser los de alguien más. Él lo escribió en 2004; Anastasia encarnó sus letras en 2015” Así es la literatura. Y lo que pase con Anastasia —que ahora se declara inocente (y si alguien tiene ganas de contarlo)— ya será harina de otro costal… o de otro libro.

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