José Benítez Sánchez, un destacado personaje del centenario de Nayarit

Bernardo Macías Mora

Yo ubicaría, si de eso se tratara, a don José Benítez Sánchez entre los diez nayaritas más notables del centenario y de la historia de nuestro estado. La versión de su nacimiento no está muy clara, pero eso es lo de menos. Wikipedia indica que “el maestro José Benítez nació en 1938 en Santa Gertrudis, comunidad de Wautia, San Sebastián Teponahuaxtlán, municipio de Mezquitic, Jalisco. A los tres años de edad su familia emigró a Tepic, Nayarit donde vivió con la comunidad de Zitakwa”.

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Sin embargo, el científico Juan Negrín Fetter, en un estudio especial sobre Benítez, asegura que nació en un rancho llamado San Pablito, estado de Nayarit en 1938, y le pusieron por nombre “caminante silencioso” en su idioma huichol. Este estudioso también habla de que sus parientes lo llevaron a San Sebastián, Jalisco, durante corto tiempo, tan corto que a los tres años, Benítez regresa y ya  vivió en la colonia Zitacua de Tepic, la mayor parte de su vida, mientras no viajaba. Así es que se le considera nayarita y así será por siempre.

Fallece a los 71 años

Los nahuales, hechiceros y chamanes huicholes acompañan con música y danzas al artista wixarika don José Benítez Sánchez, chamán mayor que inició su peregrinación a los 71 años, hacia el mar acompañado del venado convertido en peyote sagrado.

Fue al encuentro de sus ancestros, de su bisabuelo el sol, de su hermano mayor el viento para luego convertirse en nube, pues falleció el miércoles 1 de julio de 2009.

Su obra recorrió el mundo

Fue gran exponente de la cultura wixaritari, por lo que fue galardonado por el gobierno federal con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Artes y Tradiciones Populares, en 2003, por su obra artística.

En marzo de 2008, cuando cumplió 70 años, estuvo presente en Comala y compartió su obra en una exposición Pasos del caminante silencioso dentro del Cuarto Festival Mítica Comala

Ha logrado abrir una ventana que permite asomarse a traducir sus “visiones de los seres sobrenaturales que pueden ser vistos directamente”, decía. “No podríamos contar la historia de nuestros ancestros ni en cinco años, porque es algo muy profundo” explicaba frente a sus obras.

Benítez enseñaba a muchos huicholes la técnica de tejer el estambre de lana pegada con cera de Campeche sobre madera. Las visiones autóctonas no le permitían dibujar las formas convencionales. Derivado de los sueños de sus abuelos y bisabuelos, los tejidos se convertían en las apariencias divinales de su etnia. Benítez ha ejercido gran influencia en el ate huichol que ahora vemos plasmado en muy diversos objetos, ejemplo de ello son los autos llamados “bochos” tapizados de chaquira.

Desde los años sesenta ya llamaba la atención del mundo. En 1968 lo presentaron como parte del atractivo étnico en los juegos olímpicos. Poco después, fue integrante del grupo de maestros del diseño huichol en el Plan Huicot.

Una muy larga crónica de su vida

Tal vez don José, veía su tiempo de vida porque la gran cantidad de obras que presentó, estaban entonados en morados, violetas y azules con algunos toques verdes y estos, son colores de transición. De estatura mediana y tez morena curtida por el sol, portaba orgullosamente su traje huichol de manta bordada, que resaltaba por el contraste de colores, verde claro con el rosa magenta, se enlazaban el verde limón, naranja y amarillo, todos los colores fosforescentes “representaban la flor de peyote que veían a los bisabuelos”, dijo. Cruzado tenía un morralito color violeta y su cinturón tejido que le rodeaba la cintura. Usaba pulseras de chaquira, un sombrero del que colgaban pequeñas tiras con figuras geométricas elaboradas también con chaquira y adornos de plumas de colores.

Rodeando el cuello llevaba un collar de flores naturales de bugambilia que lo distinguían y en la mano derecho sostenía unas pequeñas cañitas que remataban con plumas. Con ellas también nos llevó a recibir la bendición de los dioses. Ahora llegará en su peregrinar a Real de Catorce en forma de nube.

Trascendió fronteras

Desde 1972 expuso su trabajo en diversos estados de la República Mexicana, su obra trascendió fronteras pues logró lo que todo artista desea, exponer en diversos lugares del extranjero como galerías y museos y exhibió en distintos países del mundo: Estados Unidos, Japón, Canadá y en Europa.

En el extranjero, sobresalen algunas exposiciones en Novoa I Gallery en Berkley, E.B.Crocker art Gallery en Sacramento, M.H. de Young Memorial Museum, James Willis Gallery , Southern Exposure Gallery y Annebeg Gallery en San Francisco, Merrill College en Santa Cruz, San Jose Museum of Art en San Jose, Los Angeles Municipal Art Gallery y Ankrum Gallery en Los Angeles, California; así como enTropen Museum en Amsterdam , Neuberger Museum y Center for the International Arts en New York. También ha exhibido en Boston, Texas, Massachusetts, Chicago y Washington D.C.

Sus obras monumentales en las grandes ciudades

Su obra de mayor dimensión, de 20 metros cuadrados, se ubica en la estación Juárez del tren ligero de la ciudad de Guadalajara. El legado de don José quedó plasmado en el libro José Benítez y el arte huichol.

Además como grandes expresiones del arte huichol también encontramos en las instalaciones del Metro de la capital francesa donde albergan una obra compuesta por 80 cuadros que reflejan la cosmogonía huichola en una versión a la vez tradicional y contemporánea realizada por Santos de la Torre. Una muestra de la cosmogonía indígena mexicana que puede ser apreciada en París por los 8 millones de personas que anualmente transitan por la estación del Metro Palais Royal-Musée de Louvre, que se encuentra bajo el prestigiado Museo de Louvre, a través de un mural huichol donado a Francia por México.