¡LA EMPATÍA Y LA CERCANÍA! FACTORES DECISIVOS RUMBO AL 2027 EN NAYARIT

En el complejo tablero de ajedrez que representa la política nayarita de cara a 2027, las encuestas de RUBRUM de enero de 2026 han revelado una anomalía que los analistas y la opinión pública no pueden ignorar. Mientras las figuras con mayor exposición mediática y recursos públicos parecen estancadas en sus propias narrativas, una figura emerge con una fuerza inusitada desde la base: Elizabeth López Blanco.

El Peso de los Reflectores vs. El Peso de la Tierra

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La política tradicional dicta que para crecer se necesita la plataforma de un cargo de elección popular de alto perfil. Bajo esa lógica, Geraldine Ponce, con dos periodos al frente del municipio de Tepic, debería ostentar una ventaja inalcanzable. Sin embargo, la sobreexposición, los escándalos y el desgaste natural del ejercicio del poder parecen haberle puesto un techo a su crecimiento.

Por otro lado, encontramos la figura de Héctor Santana en Bahía de Banderas. La crítica pública ha sido severa con su estilo de gestión, catalogándolo frecuentemente como populista y exhibicionista. El uso de recursos municipales para eventos musicales de alto costo y, más grave aún, la utilización de la vulnerabilidad de las personas a cambio de apoyos personalizados —dejando de lado la institucionalidad para favorecer su imagen personal— parece estar generando un efecto de rechazo en un sector del electorado que busca seriedad y respeto a la gestión pública y la atención de toda la población y no de sólo unos cuantos.

En esa misma línea de desgaste por imitación se encuentra el senador Pavel Jarero, cuya imagen ha sido blanco de críticas por intentar replicar incluso la cadencia y el acento tabasqueño del expresidente López Obrador, una táctica de mimetismo que la ciudadanía empieza a percibir como falta de identidad propia o seriedad y respeto a la ciudadanía.

La Sorpresa del Tercer Lugar

Es en este contexto de figuras polarizantes donde el avance de Elizabeth López Blanco resulta sorprendente. Sin ostentar actualmente un cargo de la misma visibilidad mediática o el control de un presupuesto municipal masivo para la promoción de la imagen; en apenas unos meses López Blanco ha logrado escalar hasta el tercer lugar de las preferencias internas de Morena con un 20.9%.

¿Cuál es el factor preponderante de este crecimiento? La opinión pública y el pulso de las comunidades apuntan a dos conceptos que hoy parecen escasear en la política de «selfie» y «derroche»: La cercanía y la empatía real con el pueblo.

El Factor Empatía: De la Comunidad a la Encuesta

A diferencia del exhibicionismo de Santana o el excesivo gasto en imagen personal de Geraldine Ponce o el mimetismo de Jarero – que es como lo percibe la opinión pública y la ciudadanía- , López Blanco ha construido un capital político basado en el recorrido a ras de suelo por comunidades, poblados y municipios. Su compromiso no ha sido la de los grandes eventos musicales, sino la de la presencia en el hogar con las familiares compartiendo la esperanza y sumando voluntades al movimiento de la 4T, sin la cámara ni reflectores como condición.

Este «crecimiento orgánico» sugiere que el electorado nayarita está volteando hacia perfiles que proyectan verdadero compromiso al movimiento de morena y cercanía genuina sobre aquellos que apuestan al derroche, espectáculo, al escándalo, la imitación o mimetismo político.

Conclusión

El ascenso de Elizabeth López Blanco pone en jaque la idea de que la política en Nayarit se gana solo con el uso de recursos públicos o con la herencia de un estilo ajeno. El hecho de estar hoy a diez puntos de la de la alcaldesa de Tepic y a seis puntos de Héctor Santana (el alcalde cuyo municipio es el que más recursos económicos tiene en el estado), indica que la «política de territorio con el pueblo» está superando a la «política de la imagen y el despilfarro».

Si la tendencia continúa, el «fenómeno Elizabeth» podría estar a la cabeza de las preferencias en muy poco tiempo, demostrando que en el Nayarit de 2026, la llave de la gubernatura no está en los reflectores de Tepic o en los escenarios de Bahía, sino en la confianza recuperada de las familias de las comunidades más olvidadas.

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