Los hombres de las estatuas (Primera parte)

Véritas Liberabit Vos

Alguna vez leí la siguiente frase en relación a la imagen que tenemos sobre los próceres de la Patria, aquellos paradigmas ejemplares de valor, decisión o arrojado patriotismo que les ha valido figurar en la Historia Nacional:   “En México se han hecho demasiadas estatuas a hombres, nos corresponde hacer ahora hombres a las estatuas” dando a entender que sin desdoro de su nombre o mérito; dentro de esa monolítica efigie, subsistía también un hombre con emociones, sentimientos y una vida tan mortal y común como la de quién lo admira o conoce; por esa razón en este artículo plasmaré datos curiosos y/o anecdóticos de los que han sido inquilinos de ese lugar tan importante, deseado y trascendente como lo es la silla presidencial.

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Empezaré diciendo que este próximo 1 de diciembre, al tomar protesta Andrés Manuel López Obrador, será el séptimo Presidente de México con el nombre de Manuel, nombre de pila que más se ha repetido en ese cargo, uniéndose así a Manuel Gómez Pedraza, Manuel de la Peña y Peña, Manuel María Lombardini, Manuel Robles Pezuela, Manuel González y Manuel Ávila Camacho; así mismo al ceñirse la banda tricolor emulara al Presidente Pedro María Anaya que en el fatídico año de 1847, año de la Guerra con los Estados Unidos que trajo como consecuencia la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio, fue el primero en portar esta banda en actos públicos solemnes.

Como lo diría Miguel Alemán Velasco en su célebre novela “Si el Águila hablara” donde se pregunta qué de cosas no diría esa silla de palacio sobre el aspecto humano de aquél que tiene la gran responsabilidad de tomar las decisiones más importantes para nuestro país, pues bien, hasta hoy no hay un dato concreto que nos pueda dar luz sobre el número exacto de Presidentes que ha tenido México desde Guadalupe Victoria 1824 hasta nuestros días, en estos 194 años algunas relaciones hablan de 59 otras de 62 o 64, sin considerar las diferentes ocasiones que un mismo personaje llegó a ocupar ese cargo como el caso de Antonio López de Santa Ana que de 1833 a 1855 estuvo 11 veces en el poder, incluyendo en ese período a Valentín Gómez Farías que alterno en el cargo en 5 turnos o un Anastasio Bustamante que fue Presidente en tres ocasiones y una lista más que ocuparon el cargo en dos oportunidades, sin considerar los momentos en que México tuvo al mismo tiempo dos Presidentes como el caso del periodo de la Guerra de Reforma o de los tres años donde había un Presidente por parte de los conservadores despachando en Palacio Nacional y otro itinerante como era el caso de Benito Juárez, que aparte pasará a la Historia como el Presidente de más baja estatura ya que de acuerdo a las crónicas solo medía 1.37 metros, dejando en segundo lugar a Francisco I. Madero cuya estatura era de 1.48 metros, y hablando precisamente de Juárez ocupa el segundo lugar en tiempo en el poder solo detrás de su paisano Porfirio Díaz ya que a diferencia de este último que duro en el cargo poco más de 34 años, Juárez estuvo 15 años de 1857 hasta 1872 en que una angina de pecho lo privó de la existencia ahí en su residencia de Palacio Nacional siendo el único Presidente de México que ha fallecido en ese Histórico lugar; no sin antes haberse enfilado ya para ostentar de nueva cuenta la primera magistratura teniendo en contra la presión que ejercía Porfirio Díaz con su Plan de La Noria que cejó en su intento a la muerte de Juárez y el ascenso de Sebastián Lerdo de Tejada, ya que como diría el famoso danzón “Porque si Juárez no hubiera muerto-pues aún viviría”; por cierto el Benemérito de las Américas está registrado el 10 de octubre de 1860 como el primer padre de familia que acudió a un registro civil esto fue para hacer los trámites de su hija Gerónima Francisca, ahí si no se cumplió lo de candil de la calle y obscuridad de su casa.

Pero si a duración de mandato vamos ya dijimos que Porfirio Díaz es el que tiene el mayor tiempo dentro del cargo que ocupó de 1876 a 1911, solo con un breve período de 1880 a 1884 en que le cedió la Presidencia a su compadre Manuel González, período en el cual se modifica la Constitución para permitir la reelección, argumento que el mismo esgrimió cuando se opuso a las reelecciones de Juárez y Lerdo de Tejada respectivamente y que coincidentemente será la bandera con que Francisco I. Madero promulgue su Plan de San Luis y su movimiento político revolucionario contra el Gobierno de Díaz, la no reelección.

Por cierto Manuel González, Álvaro Obregón y Antonio López de Santa Anna han sido los Presidentes que han gobernado con alguna amputación los dos primeros de una mano y el último de una pierna todos ellos heridos en batallas como lo fue la Batalla de Celaya contra Pancho Villa por parte de Obregón y la Guerra de los Pasteles con Santa Anna en contra de los franceses; conocido fue el tiempo en que orgullosamente la mano de Obregón se conservaba en formol a la vista de todo aquel que visitaba el monumento que en su honor erigió Lázaro Cárdenas en 1935 en San Ángel, esta mano ya en condiciones no muy adecuadas fue cremada en 1989 por la familia del General.

Las crónicas marcan que el Presidente con menos tiempo en el poder fue Pedro Lascurain, quién solo duro 45 minutos en la silla presidencial, el tiempo necesario para protestar como mandatario, escribir su renuncia y emitir la cesión del cargo a Victoriano Huerta quien tomará posesión del cargo legalmente después del famoso Pacto de la Embajada con la que se dio fin a la llamada Decena Trágica donde tristemente el espíritu de la democracia quedó mutilado con el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suarez.

Por cierto en 1865 Porfirio Díaz se casó con su sobrina Delfina (antes de con Carmelita quién fue la que lo culturizó) pero no asistió a la boda por estar ocupado planeando el sitio de Tacubaya por lo que mandó representante; pero esta será otra Historia.