Apuntes breves sobre los Carnavales de Tepic

Lo mejor: El primero de esos recuerdos es el de los bailes al revés. A mediados de los años sesenta del siglo anterior, había tanta confianza y tanta familiaridad en el trato social entre los capitalinos, que las mujeres tomaban la iniciativa, saltando de sus sillas a levantar a los varones para salir a bailar a las pistas de los casinos de entonces. Tanto éxito tuvo el baile al revés, que se estiló en las casas particulares, en fiestas privadas, y hasta en eventos de paga.

De este tipo de bailes, recuerdo los hubo en el Casino Corypac, en el Casino de Tepic, en el Club de Leones, Casino Batemeta y creo recordar otro, quizá el último en el Casino de la Pepsi, a principios de los ochenta.

publicidad
Publicidad

Lo peor: Al correr de los años, con las modas roqueras de los años setenta, se acabó ese arrobamiento por el baile, y el carnaval fue degradándose hasta convertirse en una auténtica batalla campal entre pandilleros. El peor de los casos fue la ocasión en que sobre la Plaza Principal, llenos sus corredores de harina sucia y anilina de colores, un par de muchachas fueron magreadas por los enardecidos porrillos, quienes más aún, sin miedo a la policía, lograron desnudar a una de las jovencitas, dejándola a merced de las burlas y los excesos. A la otra compañera, por no dejarse tocar, la golpearon enviándola al hospital.

Ya era el colmo, y el gobierno suspendió definitivamente el carnaval.

Una larga pausa: Han pasado más de 40 años desde entonces y en Tepic el carnaval solamente se celebraba alguna que otra vez, tímidamente, con la venta de cascarones de huevo relleno de confeti.

Atrás, muy atrás de los cerebros de los tepicenses nacidos en 1950 y antes, está la reminiscencia de los impresionantes desfiles de carros alegóricos, que sorprendentemente resultaban iguales o más espectaculares a los de nuestros días.

Las fotografías antiguas de los 30s, y 40s, lo muestran en todo su esplendor.

Qué mujeres: Pero no solo de los adornos materiales e inanimados nos admiramos. Aquellos concursos de belleza para seleccionar a las reinas y princesas de nuestro carnaval sobreviven en la mente colectiva, como un sueño de diosas y de ángeles; mujeres de una cerámica inquebrantable, un jardín de primaveras nayaritas, aquellos peinados naturales sin tintes, aquellas alegrías de rostro amable, aquellos cuerpazos que justificaban la etimología de Tepic: ciudad rodeada de cerros. Qué mujeres. Qué calendarios tan inolvidables. Las modas femeninas, donde, ni pensar en pantalones. Las fajas que acinturaban el amor en el redondeo de la falda. La pantorrilla cubierta de medias de seda, que siempre quería decir lo que aceleraba el pulso del sexo opuesto. Las mujeres bellas de Tepic eran de un jersey perfumado de rosa.

Una burbuja de recuerdos: Los bailes popoff, o fufurufos, o copetones, en el Casino de Tepic. En las orillas de la carretera, los letreros de 75 mil habitantes. 45 camiones urbanos. 35 taxis. Los Transportes Mololoa. El Tren. Las tres tristes terminales de autobuses. Los tres turnos de Cigarrera La Moderna. El silbato del Molino. Los Studabaker, los GMC, los Jeep, los motores Perkins, los Vizcayne, los Coronet, los Valiant, los Opel. Los agonizantes carros de mulas. La farmacia de guardia. Las “julias” de la policía. Los baños de El Bote. Los aparatos oxidados de los dentistas. Los semáforos de piñata. Los cañaverales, los tabacales, las aguacateras, los plátanos de Jalco. Los callos de hacha a peso el plato. Los zanjones. Limas, guayabas, mangos, moras. Las semillas de frijol crecidas en los batientes. La escarcha en la Alameda. Irse a pie a la Feria de Xalisco. Las novelas de radio. Las serenatas en el “cuadro”. Ruido y semillas, algodones de azúcar, elote tatemado, tostadas de pata, tiritas de camote enmielado; Dulce de arroz. Quesos de adobera; Leche de Pantanal.

Tenis Super Faro; Balones “Colmenero” cosidos a mano; Trompos de tepehuaje; Vendedores de sartas de ranas del Mololoa; Cigarrillos Belmont, y después el aromático Sensén para el mal aliento. Paseos en helicóptero. Tántas cosas.

Eran tiempos en que a la tela le decían “género”.

Qué carnavales. Pura familia.

No hay comparación… pero: Sin poder compararnos con los carnavales de las ciudades costeras, es estimable que los tepicenses tengamos otra vez en nuestras calles principales, la oportunidad de organizar y disfrutar de los desfiles de carros alegóricos y contingentes de animación; de los grupos de baile popular; de la coronación de la Reina en la Plaza Principal; de darle carrilla al Rey Feo; de disfrazar a los arlequines, a los mascaritas, a las botargas.

En el mes de Febrero del 2007, intentaron reiniciar con ahínco y con mucho entusiasmo, el rescate de la tradición del Carnaval de Tepic, que aglomeró en las calles a millares de capitalinos que disfrutamos el desfile, el baile, la alegría del Festival en la Pérgola de la Plaza Principal, y la belleza femenina, típica de las mujeres tepicenses, representada en sus reinas y en sus princesas.

Hasta nuestras fechas de finales del 2016, no ha prosperado la intención de revivir el carnaval de Tepic.

Digamos que con las nuevas políticas de género, las damas han sido llamadas a ocupar otras actividades en la sociedad tepicense. Digamos, pues, que les queda muy poco tiempo para reunirse, agruparse y asociarse para la organización de eventos populares de larga tradición como los carnavales.

Publicidad