Cataluña después del 21-D

Véritas Liberabit Vos

Es indudable que uno de los puntos álgidos dentro de la geopolítica mundial de finales de 2017 fue la situación o proceso independentista que vive la región de Cataluña en España y que emerge como una posibilidad separatista en pleno siglo XXI en una nación que en muchos siglos marcó el rumbo de la historia y hoy se presenta como un ícono dentro de la esfera de un nuevo orden mundial.

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Este pasado jueves 21 de diciembre los catalanes fueron a las urnas para elegir Parlamento en un ambiente exaltado por el espíritu navideño y los rescoldos de la aplicación por parte  del gobierno central encabezado por Mariano Rajoy del artículo 155 para evitar una ruptura de España interviniendo la Generalitat (gobierno propio de Cataluña) y su parlamento, provocando la salida del Presidente catalán Carles Puigdemont exiliado en Bruselas Bélgica y la aprehensión del vicepresidente Oriol Junqueras, del ex presidente de la Asamblea Nacional Catalana Jordi Sánchez, su ex consejero Joaquim Forn y Jordi Cuixart este último presidente de la Unión Cultural que ahora son llamados presos políticos del sistema y que desde su exilio uno y desde prisión otros siguieron enarbolando la bandera de la separación para esta últimas elecciones donde se sabría cuál era el sentir de la población de esa importante región de España.

Como era de esperarse el resultado de las urnas reflejo el sentir de los catalanes ante la actitud del gobierno central y sus procesos judiciales aplicados a los líderes independentistas que en el último trimestre del año habían incrementado su activismo a favor de la separación española en un contexto de nacionalismo étnico y antecedentes históricos de varias centurias con un contenido más épico y romántico que una consistencia legal o acorde con la situación del mundo actual; en estas elecciones el electorado refrendo el rechazo al presidente español y a todas sus estratagemas políticas judiciales en contra de los movimientos independentistas, que  aun estando los principales líderes en el exilio o en la cárcel el bloque de los partidos independentistas logró una mayoría absoluta que representa así un revés doloroso y un castigo tácito al presidente Rajoy y para muestra tenemos que los representantes del PP solamente lograron tres escaños de los 11 que tenía en la última elección, lo que constituye ya la peor cosecha de su historia en Cataluña y brinda así a los independentistas la facultad de ser dueños de la situación y poder mover las piezas con la mejor estrategia posible acciones decisivas de la cual dependerá si en el tablero de ajedrez político las piezas logran ubicarse en el lugar y momento exacto con una precisión milimétrica  porque de darse la esperada  investidura de Rajoy en los días subsiguientes que marca la ley, las alianzas, el diálogo y las negociaciones previas deberán imperar ante el pálpito y euforia llevada por los resultados de esta contienda electoral.

Decimos lo siguiente porque la mayoría absoluta independentista se logró por los 34 escaños del partido Junts per Catalunya (JxCat) encabezada por el ex presidente Carles Puigdemont, 32 parlamentarios aportó Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) con una ácida campaña a favor de los presos políticos y en contra de la aplicación del artículo 155 y la puntilla decisiva la dio el partido de Candidatura de Unidad Popular (CUP) obteniendo 4 diputaciones lo que hace un total de 70 escaños suficientes para tener una mayoría absoluta siempre y cuando se establezca y apruebe entre estos partidos una reedición de la alianza independentista que ha gobernado a Cataluña desde el año 2015 y que ha empujado fuerte en las políticas sobre la separación, se terminó el Juntes pel Sí que representaba un conglomerado entre las dos posiciones independentistas más fuertes y ahora las tres candidaturas concurrieron a las elecciones con candidatos que si bien tienen un objetivo común, estaban en Bruselas o en prisión, pero aun  así hay puntos donde no llegan con la misma opinión hacia el mismo destino y esto genera varias incógnitas que quedan en el tintero por resolver, una de ellas tal vez la más decisiva es saber a ciencia cierta sobre Carles Puigdemont que en este inicio de año hico declaraciones muy tajantes que dan a entender su disponibilidad a regresar a España y presentarse en Cataluña, corriendo el riesgo de ser detenido, ya sea apostar por la restitución de su mandato destituido en la Generalitat o apostar por ser un candidato independentista de consenso y ser investido como tal; esta situación deberá dilucidarse para poder dar el paso a las siguientes vías, otra de las cuales es ver lo que ocurrirá con la aplicación del artículo 155 que mientras el Parlamento no nombre o de investidura a un nuevo presidente este estará vigente con la consabida autoridad del gobierno central en una franca oposición hacia las políticas del grupo independentista y reafirmando la voluntad nacional de unión y soberanía.

Un detalle importante lo dio en estas elecciones el triunfo logrado por un partido constitucionalista el Ciudadanos (Cs) encabezado por una mujer Inés Arrimadas quien aglutino una votación histórica obteniendo 37 escaños que a pesar de ser la fuerza más votada no alcanza a tener la mayoría de los independentistas así intente hacer alianza con los partidos Partido Socialista de Cataluña (PSC que logró 17 escaños)  y el ya mencionado Partido Popular (PP con 3 diputaciones), sin embargo este triunfo es un hecho significativo en las lecturas políticas ya que este bloque concilia las ideas de la unión con España y la simpatía con el gobierno.

El plazo se cierra en 20 días hábiles tras las elecciones para la sesión constitutiva del Parlamento que nos sitúa el 23 de enero y el día 6 de febrero es el plazo para la investidura del próximo presidente de la Generalitat, ¿estaremos siendo testigos de la llegada de Puigdemont al poder?, veremos que ocurre en los inicios de año en esta región española.

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