Cuando México invadió a Norteamérica

Véritas Liberabit Vos

Podríamos buscar cientos de páginas de las conflagraciones bélicas donde los Estados Unidos han participado, y todas ellas las podremos encontrar en los territorios de otros países, así por hacer mención tenemos la Primera y Segunda Guerra Mundial que se combatió en territorio europeo o asiático,  la fatídica Guerra de Viet Nam o la de Corea, la Tormenta del Desierto contra las huestes de Saddam Hussein o la Guerra contra Afganistán en persecución de Osama Bin Laden y que decir las invasiones a nuestro territorio en el siglo antepasado y principios del Siglo XX, todos y cada uno de estos ejemplos se suscitaron en suelo extranjero con escasa o nula afectación a los bienes o territorios norteamericanos, pudiera decirse que el mayor estropicio fue el ocurrido el 11 de septiembre de 2001 con el artero ataque a las torres gemelas en Nueva York mediante dos aviones usados como proyectiles y otro más que afecto parte del Pentágono.

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Salvo este último suceso, prácticamente los Estados Unidos han mantenido incólume su territorio de invasiones extranjeras que hayan tenido una intención de ataque o de generar una situación adversa a su suelo, excepto la que ocurrió en el año de 1916 un día 9 de marzo donde el Centauro del Norte Francisco Villa se aventuró a atacar la población estadounidense de Columbus en Nuevo México donde al grito de ¡Viva México! ,  ¡Viva Villa! unos seiscientos revolucionarios causaron destrozos durante casi seis horas que duró el combate, regresando a México y dejando en el orgullo norteamericano un estigma de vulnerabilidad, impotencia y soberbia rota.

En efecto Pancho Villa ha pasado a los anales de la historia al ser el único personaje (muy diferente a los aviones enviados por los talibanes que fueron secuestrados en el mismo territorio y luego dirigidos a los blancos específicos) que ha profanado las fronteras con el vecino del norte y en sus barbas le ha ocasionado un hecho que de inmediato fue contestado por la gran nación que se vio vulnerada y sorprendida con el pugnaz ataque y que no tardó el presidente Woodrow Wilson en responder a dicha afrenta enviando en menos de una semana casi cinco mil hombres conformados en regimientos de infantería y caballería con cañones y aeroplanos dejando a la cabeza al laureado General John J. Pershing, egresado con honores de la Academia de West Point.

A esta operación se le llamó la Expedición Punitiva que tenía ni más ni menos el objetivo de atrapar a Doroteo Arango mejor conocido como Pancho Villa por el cual ya se pedía una recompensa por la no despreciable cantidad de cinco mil dólares, agregando mil dólares por la captura de cada uno de sus subalternos como eran Candelario Cervantes (encargado del ataque a Columbus) Pablo López, Francisco Beltrán y Martín López; esta expedición ingreso a territorio nacional por el Estado de Chihuahua pensando que la captura del forajido se llevaría a cabo con la mayor facilidad.

Grande fue su sorpresa nunca contaban con la astucia y conocimiento total que sobre la sierra chihuahuense y el territorio mismo que Villa tenía desde Ciudad Juárez Chihuahua hasta Torreón en el estado de Coahuila, así que la estancia de los norteamericanos se extendió a once meses incrementando el número de efectivos a casi doce mil para terminar retirándose un 5 de febrero de 1917, cabizbajos, con las manos vacías así como el orgullo roto de no haber podido atrapar a Villa pese a toda la superioridad que tenía en sus manos el ejército americano, una enorme lección para un General tan renombrado como lo fue Pershing que después de este fracaso encabezó la Fuerza Expedicionaria estadounidense en la Primera Guerra Mundial bajo el mando directo del Presidente así como del Secretario de Guerra, se dice que este General utilizó ya en la batalla mundial tácticas que había intentado usar en el territorio mexicano como eran escuadrones de motociclistas donde eran empleadas para comunicación o para combate colocándole una ametralladora y que decir de camiones cisterna para llevar agua o los enormes tractores con adaptaciones de orugas para aplanar los terrenos cerriles lo que sin menoscabo de su utilidad los hacía lentos ante la caballería villista que conocía como la palma de la mano el terreno, amén  de los aeroplanos que nada tenían que hacer ante tanta cueva o escondrijo que en la sierra tenía el ejército de Los Dorados.

Es verdad esta incursión de Villa a los Estados Unidos que fue toda una provocación y una valentonada del Centauro que al ver debilitada sus fuerzas ante el ejército Federal y considerando que el ejército carrancista había hecho un pacto con el norteamericano para abastecerse de armamento e imponer así su poder en el país, quiso con ello demostrar que todavía podía ser una fuerza a considerar dentro del movimiento revolucionario y de paso dejar en entredicho el poderío del ejército norteamericano.

Claro esto pudo haber tenido consecuencias mayores para el país, pero recordemos que era casi inminente que los Estados Unidos entraran en la Primera Guerra Mundial y el Presidente Wilson no podía manejar otro frente en una frontera tan importante que podría tener repercusiones globales, recordemos “el enemigo de tu enemigo es tu amigo” y  Alemania lo podía aprovechar.

Así quedo para la historia de los Estados Unidos un hecho que tal vez no quisieran recordar donde un fugitivo con su División del Norte incursionó en su territorio y que después por once meses fue perseguido infructuosamente regresando a casa con el orgullo roto y un baldón que lleva al paroxismo, mientras la figura de Pancho Villa desde su reducto se regodeaba diciéndoles a los aeroplanos ¡good bye!