De cómo se realizó el Festival de Arte Poético “Jauja Revival”

Afinales del 2006, fui a un evento nocturno en las remozadas Ruinas de Jauja. Se estrenaba un buen alumbrado y se realizó un festival artístico musical.

Al final, caminamos hacia el exterior el entonces presidente Manuel Cota, la maestra América Hernández y un servidor.

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América recordó que en alguna ocasión organizamos un homenaje a José Luis Rochín en su tumba del panteón Hidalgo, igual, con alumbrado nocturno. Aquella vez estuvieron aquí, invitados por el SPAUAN, ocho poetas que han estado intentando rescatar el movimiento infrarrealista de los años setenta, que se produjo entre los escritores rebeldes de los talleres de poesía.

América le comenta, delante de mí, al alcalde: -Bernardo puede hacer algo grande aquí, en este lugar (Ruinas de Jauja).

Yo pegué el brinco, les dije que no. Que había instancias oficiales y organizaciones de ciudadanos aficionados al arte y la cultura. ¿Yo porqué?.

Yo sí quería

Me insistieron. Esa noche me negué definitivamente.

Pero no dormí, De por sí no duermo. De modo que la idea de hacer “algo grande” en las Ruinas de Jauja me desveló. Me tocaron fibras sensibles, mi gusto por la poesía, mi pasión por declamar, y la majestuosidad de Jauja.

Incluso esa misma noche de insomnio inventé el nombre, “Jauja Revival”, que en resumidas cuentas quería decir reencuentro, renacimiento, o resurgimiento.

Aún y cuando yo me había negado a organizar algo así, concebí la idea, por si acaso me insistieran o acaso pensé hasta que me rogaran.

No se necesitó mucho. En esos primeros días de diciembre del 2006 me llamó América Hernández y me dice con su original forma de pedir las cosas: -¿Entonces qué, Venadito, te avientas?-

Ocupo mucho apoyo, le contesté con obvia aceptación, “tendré que invitar gente del centro del país”.

Te van a dar todo el apoyo que necesites, me dijo la maestra.

Pues vamos a prepararlo

Entonces vamos preparando un festival de declamadores de poesía, vamos a ir los vanguardistas, le comenté en otra charla que tuvimos.

Pedí ocho viajes de avión, cinco de México a Guadalajara, dos de Chipalncingo- México- Guadalajara y uno de Puebla- México- Guadalajara.

Me dijeron que sí.

Fecha tentativa: Viernes 26 de enero a las seis de la tarde.

Perfecto, me decían en la presidencia.

Adelante, se me impulsaba.

Los peros de siempre

No todo era miel con hojuelas. Algunos asesores del presidente municipal lo hicieron creer que éramos un grupo de groseros e incendiarios.

Yo seguí adelante. Invité a mi amigo Olegario Zamudio a que me diseñara los programas. Trabajábamos horas en ello.

Mientras, ya me estaba comunicando con seis poetas invitados del centro del país, y resolví que el evento atraería la atención de la prensa  cultural nacional, para lo cual llamé a El Universal, en donde se me acreditaron una fotógrafa y una redactora.

De repente, me cancelan cuatro boletos, el de Puebla, los dos de Chilpancingo y uno del DF.

Me quedé solo con dos artistas y las dos periodistas.

Me ayudaba mucho mi amigo el doctor Raúl Ponce. Y enseguida el músico Marcos Herrera también me dedicaba bastante de su tiempo en apoyarme.

La gente del ayuntamiento que según me dijeron que iban a apoyar a la realización del evento, empecé a sentirlos ajenos. Lejanos.

A reclutar poetas y artistas

Pero  esto tenía que llevarse a cabo. Me habían dado en el amor propio y no me rendí.

Venía escuchando la radio del gobierno y había un programa en donde los jóvenes Shantal Contreras y Rodolfo Dagnino hablaban de poesía, y me propuse invitarlos a declamar. Ellos no me conocían en esos ambientes. ¿Quién será Bernardo Macías? Deben haberse preguntado. Y la única respuesta que pudieron haberles dado pudo ser: “Le dicen el Venado, es periodista, le gusta el billar”.

Llevé a Shantal y a Dagnino a las ruinas una mañana de enero. Les dibujé el panorama, en donde ellos declamarían sus propios poemas con el escenario que desearan. Que me dijeran qué ocupaban para su actuación y yo con gusto les tendría todo el show preparado. Les gustó y les impresionó. Luego les dije que no se extrañaran de mí, que yo anduve rolando por talleres de poesía en los setenta en la ciudad de México y que todo iba a estar a la altura del mejor arte literario en habla hispana. Y me creyeron.

Fuí por mis viejos amigos poetas: Salvador Mancillas, César Espino Barros, y el ya fallecido maestro Héctor Gamboa Quintero. Y fui también por los actores Luis Méndez y Antonio Ruiz.

La maestra América Hernández sería la conductora del evento.

Y se me olvidaba que otro gran amigo mío, el pintor Pedro Cassant y su amigo Adalberto Meza se ofrecieron a montar una exposición pictórica para darle vestidura al programa.

El proyecto artístico ya estaba listo, pero empezaba a fallar la logística. Yo tenía toda la fiesta en mi cerebro, día con día y segundo a segundo. Pero algo se atoraba en los trámites. No me quejé con el alcalde, ni dije nada. Así podemos, me dije. Tenemos que cumplir el día viernes 26 de enero del 2007.

Una cabañuela nos hizo cancelar

En eso, por ahí por el lunes 22 empezó a llover con frío. Y dura tres días la cabañuela. Eso ayudaba a quienes no querían el evento.

Y sí, cancelamos. No hubo otra posibilidad a pesar de que ya para el viernes ya no llovió.

No me quedé conforme. Lo difícil ya estaba hecho, esto es, el contenido de la función.

Empujamos de nueva cuenta. Ya entonces se sintió muy fuerte el apoyo del alcalde Cota.

Todos los actores me alentaban a poner otra fecha. Como quiera lo haríamos.

Reprogramamos para el día viernes 9 de febrero del 2007 y aún tuvimos otras dos semanas para ir perfeccionando el evento.

500 Sillas, por favor

Nunca le aflojé al paso. Pese a todo, logré pedir 500 sillas. No me creían en el ayuntamiento que para un evento cultural se ocuparan 500 sillas. De principio me dijeron, “Si acaso unas cien sillas”.

Quinientas sillas por favor, les insistí. Y me creyeron loco. Iba a haber café gratis para todos los concurrentes. Y el clima había mejorado ostensiblemente. No hacía mucho frío por las tardes.

El día seis de febrero, recibí a las dos periodistas. Les mostré el escenario y la fotógrafa no se daba abasto con la cámara.

El ensayo general del día seis lo tuvimos que hacer improvisando todo, puesto que no nos extendieron líneas de electricidad. Y los actores solo tenían tiempo en la noche para el ensayo, por sus ocupaciones en el día.

También recibí al poeta Ektor Zeta Ek Balam, hermano carnal del creador del Movimiento Infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro, fallecido en 1997. Y también recibí a Rebeca López una investigadora de CONACULTA, quien fue pareja de Mario Santiago y tuvieron dos hijos. Rebeca murió hace dos años.

Ya para el día 9, día de la función

No había yo dormido en varios días, y tampoco lo hice la noche del seis. Bien amanecido, y no se acababa el trajín. Ese mismo día contratamos a un equipo de luz y sonido sin el cual no hubiéramos empezado. No teníamos director de programa y me llevé a un joven del billar, Francisco Javier García Silva, para que nos ayudara con el script.

El presupuesto de gastos menores lo cubrí yo, con la promesa de que se me reembolsaría.

Por fin, y a guisa de mis compañeros que me habían visto desvelarme, fui a descansar media hora, pues ya era la hora de inicio. Yo también actuaría al final declamando un poema, acompañado del músico Marcos Herrera, y apoyado por una gran actuación del mimo Antonio Ruiz.

Personalmente no habíamos invitado a nadie. Hicimos invitación abierta al público. Logré algunas entrevistas de radio y escritas.

Algo fallaba, pero nos detenían

Me di cuenta que no iluminaron la fuente ni la higuera como lo habíamos solicitado. No pusieron vallas de protección en posibles zonas de derrumbe de muros, y no llevaron baños.

Adelante, me repetía. Ya está todo. Ni un paso atrás.

Empezó el programa como a la seis y media de la tarde-noche

Y empezamos. Una sobrina de Chava Mancillas le leyó su poema. América Hernández condujo con sobriedad y su eterna paciencia. Todos disfrutábamos de lo que estábamos viendo. La gente muy atenta, con su vaso de café gratis. Espino Barros llevó un teclado y leyó poemas, y al final de su pieza la señorita Aline Castro nos regaló una soberbia danza futurista. Shantal leyó un poema, mientras que un actor se disfrazaba de globero y caminaba entre las sillas. Dagnino se llevó muchos aplausos con su espectacular declamación pregrabada en compac disc, y luego se fue al público dejando la voz detrás de él. Cada quien duraba seis o siete minutos. El público estaba muy contento, aun a pesar de que eran concurrentes no tan asiduos a eventos culturales. Había muchos fotógrafos. El escenario de las ruinas era un espectáculo aparte.

Sin pausa

Quisimos hacer una pausa a medio programa, pero América decidió no enfriar el entusiasmo evidente del público, y pidió la presencia, siempre impecable del escritor Héctor Gamboa Quintero, quien leyó un pequeño poema que acababa de escribir en exclusiva para Jauja Revival.

Luego Marcos Herrera, que ahora es concertista doctorado por la Universidad de Madrid, nos ofreció la pieza “Koyumbaba” de muy estricta interpretación. Todo un maestro, mi amigo Herrera.

Seguiría un empalme de actuaciones entre Rebeca López declamando en el escenario, y Luis Méndez, interpretando a Mario Santiago, declamando el mismo poema pero bajando por unas escaleras de piedra. Fue una sorpresa para Rebeca quien sin interrumpir su lectura, se le quiebra la voz y casi llora.

Siguió el poeta y declamador Ektor Zetta, que nos regaló poemas a Tepic, y poemas de sus viajes a Europa, sobre todo de sus varias estancias en París. Tronó Jauja. Si esta fábrica no se hubiera quemado, Ektor la tira con su estridente voz de poeta.

Y el evento lo cerramos con mucho más público de los que empezamos. Había gente de pie, con su café gratis. Leí una pieza a la que tuve que recurrir del apoyo del mimo Antonio Ruiz, pues se necesitaba un duende, un elegante duende, que solo Toño pudo entender tan bien. Y salgo yo de la escena y Toño cierra con estupenda pieza de mímica, interactuando risa y risa con el público.

Los niños de Jauja Revival

Y con muchos niños. Sí, ya casi las diez de la noche y aparecieron muchos niños. Unos iban acompañando a personas del público, y otros pequeños se dejaron venir de la colonia que está enfrente. Esperaron pacientemente a que el mimo los saludara y jugara con ellos. Terminamos entre nutridos aplausos y felicitaciones. Inolvidable ese apoyo de los asistentes.

Al final se sirvió un brindis. La gente disfrutó mucho y la verdad, no se oyeron opiniones en contra. El alcalde Cota agradeció el evento y develó una placa alusiva a la historia de la Fábrica de Hilados y Tejidos de Jauja.

Yo corrí a mi auto para irme a descansar, por fin. Pero luego me dijeron de una cena para los actores y acudí a un restaurante. Me quedé despierto hasta las tres de la mañana. A descansar, me dije.

¿A descansar?

Y zas, a las puras cinco de la mañana una llamada: Era la compañera Rebeca López que estaba afuera del Hotel Fray Junípero y que no llegaban por ella para dejarla en el aeropuerto de Guadalajara. Perdería su vuelo. Me tomé un café cargado, y me la llevé yo, en mi auto.

Ya no supe hasta cuando descansé. Pero se había logrado el objetivo: Producir un programa de declamadores de sus propias poesías ante más de 500 personas que todavía hablan del evento del 9 de febrero del 2007.

Mi sueño de ver a Jauja revivir. Ahí trabajó mi padre en el departamento de pabilo. Me sentí muy bien, acepté todas las felicitaciones porque ese era el pago.

Dicen que Jauja Revival es irrepetible. Pero es un precedente. En Nayarit se pueden realizar muy buenos eventos de este tipo. Material hay de sobra, y público también. Esperemos pues, las siguientes funciones.

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