EL ARBOL DE NAVIDAD

Por Daniel Aceves Rodríguez

La celebración de la Navidad corresponde a una festividad religiosa de gozo que junto a la Semana Santa que es de dolor y congoja son los dos tiempos litúrgicos de mayor relevancia en el calendario católico; cada uno de estos acontecimientos en nuestro país es aderezado con un sinfín de costumbres y prácticas que le dan un brillo, candor, relevancia y magnificencia muy propio de nuestro ser mestizo y latino.

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Sabemos que después de la conquista (1521) llegaron a estas tierras los evangelizadores frailes dominicos, agustinos, franciscanos y jesuitas que fueron evangelizando a los habitantes de esta región y a los descendientes del mestizaje racial y sincretismo cultural, base hoy de nuestra nacionalidad; en esta labor fue muy tenaz y sobre todo didáctica, la manera de ir introduciendo el Misterio de la Navidad  compaginándolo con las fiestas del solsticio de invierno en que los aztecas celebraban a Huitzilopochtli.

Bajo esta premisa fueron introduciendo las misas de aguinaldo o novenario a la natividad que hoy es conocido como Posadas con la correspondiente parte festiva y de diversión especialmente para los niños que bajo cantos, juegos y pláticas se iban adentrando en los pasajes evangélicos del adviento o preparación del espíritu para la Navidad, cual se le esperaba con el alma limpia lejos del mal por lo que fue la piñata un vector adecuado  para encarnar al mal y poderlo vencer a base de constancia y valor.

En los atrios los frailes colocaban una representación del portal de Belén tratando de apegarse más a lo dicho por los textos bíblicos, todo ello con una intención pedagógica valiéndose de los elementos que en cada región tenían a la mano, y así en algunos lugares era barro, cerámica, cartón, papel, masa, vegetales que le venían a dar una connotación muy propia a esta obra salida de la mente de San Francisco de Asís.

De ahí el nacimiento se extendió en la Nueva España como una costumbre muy propia en los hogares de las familias ya convertidas al catolicismo en un ornato que desde el siglo XII ya se utilizaba en Europa pero ahora nuestra creatividad le agregaba un toque muy nacional con nopaleras, estanques de patos, cisnes, pollos, pastores ataviados a la usanza nuestra, diablos con botellas de tequila y los tres Reyes Magos en caballo, elefante y camello para representar los tres continentes de aquellos tiempos. Y si el Nacimiento es un adorno navideño adoptado y adaptado por los mexicanos, ¿cuándo es que llegó el Árbol de Navidad como pieza fundamental de la manifestación decembrina?

Alemania se dice, es la cuna del árbol navideño del cual hay referencias en el siglo XII que para esas fechas los abetos eran decoración obligada dentro de las iglesias ya que se dice San Bonifacio quien fue el evangelizador de Alemania e Inglaterra derribo un roble pagano de las deidades druidas y lo reemplazó por un abeto  que adorno con manzanas (tentaciones) y velas (luz del mundo y Gracia Divina), el abeto en si representa el símbolo de vida y su forma triangular la Santísima Trinidad, como se ve todo con una simbología didáctica, tal como con nuestras tradiciones.

Para el siglo XVI era ya costumbre germánica orlar las casas con abetos revestidos de dulces, pastelillos o galletas, aunado a ello velas o lámparas votivas que daban un realce muy atractivo a los ojos de niños y demás espectadores que celebraban estas fechas con el árbol adornado. Posteriormente esta costumbre germana se empieza a extender rápidamente en otras  partes de Europa siendo el norte de ella y la Gran Bretaña los más conspicuos seguidores; célebre fue la foto que con motivo de la Navidad de 1846 se tomó junto a un árbol de Navidad la familia Imperial de la Reina Victoria y que circuló en el principal semanario del Imperio, países como España, Italia o Francia continuaban su costumbre de celebrar con Nacimientos.

La extensión de las Trece Colonias en Norteamérica fue basamento para que llegara a nuestro Continente la costumbre del pino navideño, sobre todo por la gama de nacionalidades que venían junto a los británicos que iniciaron su festividad bajo el cobijo del árbol y toda su ornamentación. A partir del primer cuarto del siglo XIX la tradición del árbol navideño ya era una constante propia adoptada por mucho países y fue en Alemania (distrito de Laucha) donde también inició la costumbre de colocar esferas de vidrio, situación que se convirtió en todo un hito comercial y que se ha extendido tanto con una amplia variedad actual de tipos y decoraciones impensadas, igual situación ocurrió con las luces artificiales que vinieron a sustituir a las velas o lámparas.

Pero entonces ¿Cuándo es que llegó esta tradición a México? Lógico es pensar que siendo la principal frontera con los Estados Unidos nuestro país sobre todo los Estados del Norte como Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Baja California recibieran una marcada influencia sajona y por ende costumbres, así como las colonias alemanas que posterior a la Independencia ya radicaban en nuestro suelo y que internamente seguían sus celebraciones propias; todo esto es claro y cierto; pero la principal referencia se tiene durante el Segundo Imperio el de Maximiliano (1864 – 1867) donde llegaron oficiales imperiales de origen austríaco, en particular las crónicas hablan de un joven oficial de apellido Pitner que dejó testimonio de haber celebrado en Monterrey una velada navideña siendo anfitriones unas familias alemanas quienes decoraban su casa con un iluminado árbol de navidad.

La Navidad es la época del año que representa el Amor, y el corazón nos da el camino para demostrarlo de todas las maneras posibles, por más o menos adornado que esté un árbol no debemos de olvidar a quién en un humilde pesebre vino al mundo para dar su vida por nosotros; busquemos en nuestro interior y saquemos al mejor ser que podamos tener y así conservarlo para con nuestro prójimo en cada momento de nuestra vida.

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