El estadista de los años 90

Véritas Liberabit Vos

El fallecimiento del Senador Manuel Camacho Solís la semana pasada ha dado la pauta para recordar que este político mexicano fue figura primordial en una de las épocas contemporáneas más versátiles y trascendentes que marcaron el rumbo de varios de los acontecimientos que en su momento fueron claves en el devenir político social.

publicidad
Publicidad

Manuel Camacho Solís para la mayor parte de la opinión pública se da a conocer después de las controvertidas elecciones Federales del 6 de julio de 1988 cuando se presentaba lo más álgido por la caída del sistema decretado por la Secretaría de Gobernación siendo Secretario Manuel Bartlett Díaz ; Camacho fue el personaje principal del primer entorno del candidato Carlos Salinas de Gortari, quién negoció con la oposición encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Manuel Clouthier del Rincón hasta lograr que el primero de diciembre de ese año, Salinas de Gortari se ciñera la banda tricolor, de ahí en adelante y ya designado Jefe del Departamento del Distrito Federal desempeño una labor vital en el sistema salinista.

Sin embargo la experiencia de Camacho en el servicio público así como su cercanía con Salinas era por demás extensa, fue en sus tiempos universitarios cuando tuvo la oportunidad de conocer a Carlos Salinas y a su hermano Raúl, a José Francisco Ruíz Massieu, Emilio Lozoya Thalmann, Hugo Andrés Araujo quienes formaban el grupo conocido como los “toficos” y que en 1971 fundaron la asociación civil “Política y Profesión Revolucionaria” adherida al Partido Revolucionario Institucional donde promulgaban “La profesión al servicio de la política, la política al servicio del pueblo” ya desde ahí se veía que cada uno de los integrantes de este juvenil grupo analizaba su entorno con miras a un futuro no lejano.

Así la vida de Camacho fue cruzando por diversas dependencias y sexenios desde el de Luis Echeverría Álvarez, el de José López Portillo donde estuvo como asesor de la Dirección General de Política Económica de la Secretaría de Programación y Presupuesto la cual dirigía quién sería años después el siguiente Presidente de México: Miguel de la Madrid Hurtado quién ya después como Presidente designaría en su puesto al gran amigo de Camacho; Carlos Salinas de Gortari donde se reviviría junto con otros elementos más aquel grupo de los setentas, convirtiéndose en un fuerte sector que empezó a ser visto y conocido como los tecnócratas que vislumbraban el escenario político de lo que sería el nuevo siglo que estaba por iniciar.

Este grupo llegó al poder con Salinas en 1988, los cambios en el mundo eran latentes, el Neoliberalismo en la Economía, el Fin de la Guerra Fría con un Nuevo Orden Mundial en ciernes, la caída del bloque socialista,  impulsó la tendencia a la negociación y la operación política terreno en el cuál Camacho era experto y que supo aprovechar desde su puesto de Regente de la Ciudad más poblada del mundo, teniendo el respaldo del Jefe de la Oficina de la Presidencia salinista Joseph Marie Córdoba Montoya.

No podemos negar que su capacidad de gestión fue de gran apoyo para el gobierno de Salinas, cuidando siempre al máximo cualquier detalle en especial con la oposición que creaba un fuerte respaldo popular,  situación que generó en él altas expectativas en lo que podría ser su futuro político, pero que la mañana del 28 de noviembre de 1993 fueron apagadas al ver como su compañero de equipo Luis Donaldo Colosio Murrieta era designado como candidato a la presidencia, de ahí su postura cambió, se negó a felicitarlo, hizo público su descontento y renunció a su puesto en el Distrito Federal, pero Salinas para no dar pie a una crisis lo nombró Secretario de Relaciones Exteriores, cargo en el cual duró solo meses ya que al levantarse el movimiento Zapatista en Chiapas pidió ser designado Comisionado para la Paz, nombramiento que recibió generando con ello una ola de rumores ya que al no tener cargo en el gabinete podía aún tener opción de ser postulado ante una eventual renuncia o suceso con el candidato, situación que él continuamente negó, incluso días antes del atentado de Luis Donaldo, cuando por intermedio de un amigo en común por fin los pudieron reunir.

El destino marco el sino de Camacho, la muerte de Colosio lo distanció gravemente del PRI y de Salinas, rompimiento que se dio a los pocos años renunciando a su partido  para fundar en 1999 el Partido del Centro Democrático que lo postularía en el 2000 a la Presidencia de la República, y de ahí militante del PRD (otrora partido con el que tanto discutió)  donde fue Senador hasta su muerte. No podemos negar su fuerte personalidad y lo polémico que fue su paso en la política nacional que lo recordará como uno de los elementos decisivos del sexenio salinista y de la praxis política de los años noventa.

Publicidad