El éxito de la familia

Véritas Liberabit Vos

El ser humano debe a la familia el hecho de existir como hombre, igualmente se desprende de ella el principio de desarrollarse como persona, es el espacio natural y primigenio donde se nutre material y espiritualmente, donde recibe la Educación fundamental y aprende su sociabilidad, en resumen es el lugar para tener las bases y convertirse en un individuo de bien que sea capaz de ser libre y responsable.

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Por lo tanto, defender la familia como basamento de la sociedad es una exigencia esencial: se trata de defender la dignidad y la libertad que constituyen el carácter personal del hombre, es en sí, defender la columna vertebral sobre la que descansan verdades y derechos universalmente reconocidos.

Sin embargo, siendo la familia el pilar de la sociedad hoy en día esta es atacada en todos los órdenes; pintándonos un panorama de comodidad y laxitud ante cualquier regla de disciplina, autoridad y responsabilidad que se trate de establecer con los hijos, igualmente ellos inmersos en un mundo virtual pareciera que transitan por una realidad muy diferente a los padres;  vemos así exaltar al individuo a expensas de la familia, considerar a la  las parejas  para seguir su propia conveniencia, restando así la importancia a la vida sólida de una familia cabal; su mentalidad hecha a la idea materialista, hedonista, relativista y ajena de valores trascendentes los induce a considerar su unión como un mero compañerismo, como un medio de mutua gratificación, o sólo como un camino para obtener beneficios mal entendidos.

También observamos, cómo muchos padres se han olvidado, o no quieren saber de las responsabilidades propias de su condición y que construir un hogar es su más meritoria carrera, por lo que se rehúsan hacer grandes sacrificios por su casa o su familia. También muchos esposos han relegado su  misión de maestros y directores de sus hijos, y dejan en la Escuela o en otro tipo de Instituciones la completa Educación de cada uno de ellos, siendo entonces uno de los problemas fundamentales que inciden fuertemente en los resultados de los planes educativos, ya que este importante proceso involucra definitivamente a Padres, Maestros e Institución competente.

Este comportamiento tan desarrollado en nuestros días tiene como causa a una de las plagas que tanto han dañado la felicidad de la familia y que la desvían de su verdadero camino, nos referimos entre otras cosas, a la cultura materialista  de nuestro tiempo, que equipara la felicidad con cuestiones meramente pasajeras y efímeras, negando metas espirituales y valores. La falta de espiritualidad, el agnosticismo de muchas instituciones, la negación de la autoridad y los derechos de los padres, son consecuencias de estas tendencias materialistas, que al haberse introducido el seno familiar, ha ido poco a poco carcomiendo el basamento más importante que sostiene la todo el andamiaje de un país.

Por eso con más empeño, la batalla a favor de la familia se hace cada vez más necesaria, porque sabemos que no importa que mala influencia flote o florezca fuera del hogar, si la familia es fuerte, será un bastión y seguro refugio para el buen desarrollo de cada individuo.

Ante esta corriente materialista tan acentuada es importante, que en primer lugar, se reconozca la dignidad del matrimonio, que se fortifique la determinación de vivir la vida familiar donde los padres sean maestros y guías de sus hijos, que se reafirme la resistencia a las influencias que tratan de destruir la virtud familiar y la tranquilidad doméstica, y en consecuencia se prevenga a la familia contra una posible contaminación moral y una engañosa inversión en la escala de valores.

El éxito de la familia dependerá así, de que los padres reconozcan el hecho de que en cuanto padres, participan de uno de los más grandes atributos de Dios, el acto mismo de la creación, junto con el cual su papel será procrearlos y educarlos a fin de que puedan formar verdaderos ciudadanos con valores y respeto por su patria y por sus semejantes.

Sólo así se puede estar consciente de las metas de la propia vida, de la del compañero y la de los hijos, haciendo de esta forma a los padres capaces de un amor más grande del que pensaron fuera posible, y los capacitara también para alcanzar un grado de abnegación que nunca soñaron, que los conducirá por un camino de fortaleza y de sabiduría suficiente para guiar las almas de sus hijos, a pesar de las pruebas, tribulaciones e influencias nocivas que tengan que afrontar.

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