¿El futuro de la política en EU? Parte 1

En 2015 y 2016, el proceso político estadunidense estará viviendo, si no es que ya la vive, una intensa etapa de campaña presidencial que será ruda y agitada. Antes de noviembre de 2016 veremos a un Ejecutivo empeñado en afianzar sus reformas y a un Congreso enconado, más por el odio siempre irracional en contra del presidente Obama y su proyecto político (en agonía, pero en mi opinión muy reivindicable), que de una voluntad estratégica por favorecer los intereses fundamentales de la ciudadanía estadunidense. Se trata de un Congreso dominado por la peor versión del Partido Republicano (PR). Circunstancia que nos permite recordar las ideas de Gore Vidal a fin de lograr capturar vívidamente el estado en que se encuentra (o se mantiene este partido): Vidal decía que el PR no era un partido, sino un estado de ánimo, como la Juventud Hitleriana, basada en el odio. El PR y su cúpula cedieron a la presión del Tea Party (o no la pudieron o quisieron contrarrestar) y esta facción lo atrapó en los momentos más críticos de la vida pública estadunidense desde Nixon y Johnson. Se puso en evidencia su crisis programática e ideológica, y se convirtió así en un partido etéreo cuya tendencia a extender su propia degradación al seno del atribulado espectro político estadunidense, en aras de quitar espacios a Obama, ha resultado incontenible, destructiva, casi perversa. Ha sido también un factor que suma al desprestigio de la imagen de EU en el mundo.

El PR y muchos de sus padrinos multimillonarios, como los hermanos David y Charles Koch, tercera fortuna estadunidense, quienes le han invertido más de 190 millones de dólares al PR y al Tea Party, están ensimismados y, en medio de su perturbación ideológica polarizante, han contribuido intensamente a la ceguera dogmática de esta inolvidable y arcaica derecha republicana que no acaba de perdonar que un presidente negro quiera poner en orden la política doméstica e internacional estadunidense. Se trata de una élite empeñada en enturbiar y degradar la acción política y la misión democrática fundamental que los padres fundadores encomendaron a la clase política estadunidense. Y nos quieren rematar, ahora que la dinastía Bush, sin empacho, dada la criticada herencia de George W., uno de los peores presidentes de EU, ya emplazan a su delfín Jeb, exgobernador de Florida, a quien la cúpula del PR, dominada por ésta y otras familias políticas de influencia, le empieza a abrir el camino. Esto ocurre al tiempo que se proponen eliminar potenciales contrincantes; por lo pronto, ya apartaron de la cancha a Mitt Romney, quien espantado ante el aviso de Jeb de competir, nos ahorró en las primarias venideras de los desvaríos delirantes de su narrativa política, propios de la profunda ignorancia que lo distingue. Es muy probable que esto ocurra también con otros contrincantes serios como Ryan, Paul, Rubio y Christie.

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Como lo hemos comentado en este espacio, EU se encuentra en una crisis de credibilidad interna y externa que sorprendentemente no se asuma de la debida forma por la autocrítica de la clase política estadunidense. Es una crisis política y constitucional. Sorprenden especialmente las muy posibles violaciones a la XV enmienda, secciones 1 y 2 de la Constitución, cometidas por gobernadores y alcaldes en bastiones republicanos, quienes habrán negado muy probablemente el derecho al voto a las minorías, principalmente a la negra, por la vía de la redistritación de las demarcaciones electorales que podrían favorecer los intereses de los demócratas.

En este escenario, la posible candidatura demócrata se nos ofrece como una de las sorpresas más interesantes de esta contienda toda vez que ésta podría quedar decidida entre dos mujeres, Hillary Clinton, miembro muy conocido del establishment demócrata y candidata favorita por sus bases hasta ahora, y por la popular senadora Elizabeth Warren, quien ocupa el escaño heredado por Ted Kennedy, en Massachusets, y quien representa a la izquierda más comprometida del Partido Demócrata, pero quien también se ha negado persistentemente a ser candidata presidencial. Sobre éstos y otros pormenores del proceso político en EU nos concentraremos en próximas entregas.

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