El futuro que nos espera; primera parte

Realidad y ficción, simples coincidencias

Dinero, riqueza, éxito, fracaso y pobreza, son representaciones del lenguaje que muestran un estado de cosas. Existe otra sumamente más compleja: la felicidad. De los términos utilizados en la primera línea, sólo el dinero es un término descriptivo; los demás requieren de juicios superiores y de estándares predeterminados que puedan servir de comparación. La felicidad, por ejemplo, requiere traducirse a un enunciado descriptivo para poder verificar si alguien en verdad es feliz.

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Si hasta aquí no ha entendido, no se preocupe. De esto trata precisamente la nota.

Como primer tema afirmaré lo siguiente: ¡la reforma educativa no tendrá éxito! Evité utilizar un enunciado descriptivo como: “la reforma educativa fracasará”, porque ésta requiere de datos empíricos, y actualmente sólo es posible analizarla de manera analítica; aunado que para que algo fracase tiene que existir, y en el caso que nos ocupa, no existe la cosa llamada “reforma educativa”.

La reforma educativa no tendrá éxito porque sencillamente no es una reforma: se limita a las relaciones jurídicas entre patrón y trabajador, pero no a la ingeniería educativa, como lo es la psicología del niño y del adolecente, métodos  y modelos de enseñanza, programas y problemas de orientación, así como a la formación docente.

No se debe confundir el término “modificar” con el de “reformar”. Cualquier alteración a un texto es una modificación; pero para llamarla reforma, se deben alterar sustancialmente las estructuras centrales, es decir,  su concepto y función como sistema; de lo contrario sólo se puede hablar de una simple modificación. Por eso se debe calificar como una reforma laboral docente, pero no educativa.

En este mundo tan complejo, olvídese de intentar aprender de todo, ¡no lo logrará! En la educación básica, la primaria por ejemplo, induzca a sus hijos a inclinarse por las materias que les muestren los “cómos”, por ejemplo, matemáticas y gramática. La mayoría del resto de las materias sólo explican lo que son las cosas. Por lo que se concluye que el sistema mexicano está configurado para construir  un pueblo pasivo, obediente y sin proyección hacia el futuro, es decir, no está creado para formar personas pensantes, creativas ni autosuficientes. Limitan la libertad de configuración para que nos conduzcamos de determinada manera: nos dicen cómo vestirnos, cómo alinear las sillas y cómo comportarnos, pero jamás cómo pensar de manera autónoma.  No se deben confundir las formas de organización y la metodología, con la obediencia y la disciplina. La ciencia se encarga de lo primero, en México sólo aplican lo segundo.

Si las acciones y los esfuerzos de las sociedades no están dirigidos verdaderamente al desarrollo de la educación, a la ciencia y a la tecnología, lo que le digan, y recuérdelo bien, lo que digan, es una falacia, una utopía o una mentira. ¿Qué se valora más, al que maquila una tela, o al que diseña un traje? Desafortunadamente en todo el planeta a la persona que maquila una tela se le paga una migaja, comparado con el que diseña un traje, un sistema de cómputo etc.     

Si nuestros hijos conocen la gramática y un segundo lenguaje, podrán entender como funcionan las ciencias sociales: si conocen las matemáticas comprenderán las ciencias exactas. ¡Que conozcan un arte! Cualquiera que sea, para que desarrollen aptitudes y virtudes superiores; y por último, que conozcan un oficio, para entiendan las formas de vida empíricamente.

Como ejercicio práctico, tenga algo en mente, porque probablemente le sea de mucha utilidad: existe una relación directa entre el desagrado de ir a la escuela, con el hecho de no dormir lo suficiente, por lo que si quiere evitar que sus hijos se formen una  idea de rechazo respecto de la educación, introdúzcales el hábito de dormir temprano desde sus primeros años. Construya su propio destino y el de sus hijos, no espere a que un tercero destruya, al menos, esa posibilidad de vida.