El México de Colosio

La verdad… sea dicha

Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales. Veo ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen más servicios y mejores gobiernos que les cumplan”. Ese era el México de Colosio, un país que se volvió terriblemente peor.

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Así pensaba Luis Donaldo Colosio, el extinto candidato priista a la Presidencia de la República, cuando en plena campaña política, fue asesinado un fatídico 23 de marzo de 1994 en la Ciudad de Tijuana, Baja California. Muchos años han pasado, y la polémica, los sentimientos encontrados y la duda, siguen en la mente de los mexicanos, por lo que más de alguna vez se ha pensado en la posibilidad de reabrir las investigaciones sobre el magnicidio, el que por el largo transcurrir de los años parecería  imposible llegar a esclarecer. Fíjese, amable lector; este suceso algunos mexicanos lo vivimos de una manera muy sentida, tal vez por la forma en que los medios de comunicación nacional trataron la información, dándole al magnicidio una cobertura excepcional, en la que los detalles mínimos del acontecimiento fueron presentados en vivo por la televisión. La trasmisión en tiempo real y sin interrupciones, reveló una triste tragedia que los mexicanos consternados seguimos a través de las crudas imágenes en Lomas Taurinas, y hasta la impactante antesala del quirófano del hospital donde se le atendió a Luis Donaldo Colosio. La crónica de Talina Fernández (quien logró permanecer al interior del nosocomio en todo momento), nos dio la inesperada noticia, aún sin ser anunciado, con su sólo semblante reveló que el candidato había fallecido, versión reconfirmada algunos minutos después por el vocero presidencial. Con el tiempo la figura de Luis Donaldo se volvió inolvidable, aunque, a la vez, la esperanza del cambio que se soñaba para México se diluyó como agua entre las manos.

A PROPÓSITO DE LA CORRUPCIÓN

Negra es la suerte de los mexicanos que ancestralmente hemos vivido inmersos en el mundo de la corrupción, desde los tiempos en que los españoles llegaron para conquistar al pueblo Azteca. Dicen los historiadores que la cadena de corruptelas se engendró cuando la famosa Malinche sirvió de intérprete a Hernán Cortés, quien la volvió su amante, y así con una aliada tan inteligente logró doblegar a los indígenas. Los siglos pasaron, los gobiernos se instauraron, pero la corrupción ha permanecido haciéndose cada vez más grande entre los sectores políticos, económicos y sociales de la nación. Stephen D. Morris, en su definición de corrupción, ha señalado: “La corrupción es el uso ilegal del poder público para el beneficio privado”, luego lo sintetizaría como el uso arbitrario del poder. La verdad, en mi opinión, amable lector, la corrupción no es otra cosa que el resultado de una sociedad desorganizada; el fondo del problema no está en la inefable conducta delictiva, está en el sistema y la estructura que se ha desarrollado en los gobiernos, donde existen las grietas que permiten las maniobras ilegales; en el recuento de los daños cabe recordar que los malos servidores públicos también son ciudadanos.

Un ejemplo que expone el tema de la corrupción en toda su expresión, se presentó en el sexenio del ex Presidente, don José López Portillo, cuando de 1976 y hasta 1982 México vivió una etapa donde una pandilla de pillos no sólo se apoderó de los espacios gubernamentales, de las arcas públicas, sino que se dedicaron a infringir la ley abusando del poder en contra de millones de mexicanos; desde entonces la reputación de políticos, presidentes, gobernadores, diputados, senadores, y alcaldes municipales ha estado por los suelos, situación que a la mayoría de los políticos en el país al parecer no les incomoda en lo absoluto, pues la estela de corrupción sigue muy marcada, gracias a quienes ya por estos tiempos continúan robando sin misericordia alguna, y bajo la complacencia de las autoridades que debieran combatirla. Respecto al tema, el dramaturgo Georges Bernanos, señalaba “El primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es que el fin justifica los medios”.

PARA DON JOSÉ LA PIERNA ES LOMO Y EL LOMO PIERNA

A don José, el del mercado, no parece preocuparle mucho la crisis que existe en nuestro país, pues dice que para comer frijoles y arroz todos los días, no necesita de estar intranquilo; “yo no le debo a los bancos, vivo al día, lo poco que gano es para mantener a mi señora, ya no mantenemos hijos, por eso cuando oigo que la bolsa de valores, que el petróleo, que el dólar, ni me tibio, la misma historia de siempre; toda la vida he oído lo mismo y no pasa nada, los pobres más pobres y los ricos más ricos”, me platica el amigo con singular ademán.  Mire don Martín, me explica, “todos los días me levanto tempranito para venir a vender mi pan y nunca me ha faltado el pipirín, entonces creo que la única manera de estar bien es trabajando, que se preocupen los que no hacen nada; a mis 50 años ya pasaron los tiempos de la voladencia, de querer comprar todo, de lucir bien, de la ropa cara para andar de galancito, mi mujer no es tan exigente, y pues con nuestra casita propia hay la vamos pasando”.

Ni hablar, que bueno que don José toma tan a la ligera el asunto de la crisis económica, seguramente tiene toda la razón, su mundo es muy distinto al mundo de las personas que hoy están en pleno crecimiento, tratando de ajustar sus vidas en el concierto de una sociedad activa que busca incrustarse en el desarrollo de la competitividad social, cultural, económica y política de una nación pujante que a tiras y tirones intenta salir adelante, a pesar de sus problemas que son producto de sus hierros internos. En México estamos en la antesala de una gran crisis económica y financiera de alcance mundial que tendrá serias consecuencias en la economía y la sociedad mexicana, una crisis que nos obligará a replantear aspectos de las políticas públicas y privadas como ya lo hacen en otras partes del mundo, aunque también para mala fortuna de millones de mexicanos, nuevamente habrá un retroceso en el combate a la pobreza extrema y se agudizará el asunto de la desigualdad social.

DEL TRABAJO

Hace días comentaba con un colega periodista sobre el tema de la falta de fuentes de empleo bien remunerado en el estado de Nayarit; así llegamos a la conclusión de que como no sea un trabajo en el gobierno estatal o municipal, es muy difícil que los nayaritas salgan adelante en su economía. Las otras opciones para trabajar, son el campo, los comercios que pagan una miseria, o el comercio informal que también se ha vuelto una constante en todo el fregado país. Por eso cuando llega la mentada quincenita, para algunos es una mediana felicidad, pero para otros es como un suplicio pues a veces no se tiene ni para comer al día. Ciertamente en el Gobierno del Estado se trata de subsanar el problema del desempleo con programas de ayuda, con ferias que se organizan permanentemente, pero la verdad es que es insuficiente lo que se hace, y también habría que agregar al problema social que mucha gente no está capacitada para el trabajo y ese es otro obstáculo que limita las posibilidades de encontrar un empleo, En fin, así son las cosas, qué le vamos hacer. robleslaopinion@hotmail.com