Ganarse el cielo

Véritas Liberabit Vos

Con la frase “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora” el niño de catorce años originario de Sahuayo, Michoacán  José Sánchez del Río, convenció a sus papás para unirse  por medio de la ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mexicana) al Movimiento Cristero donde se enlistó como ayudante y no como soldado dada su corta edad, demostrando rápidamente su entrega, valor y lealtad; al poco tiempo en una batalla cae prisionero de las tropas federales después  de  un acto de heroísmo donde durante la refriega le cede su caballo al  General  Guizar  Morfín, ya como prisionero y viendo sus captores que era muy difícil hacerlo cambiar de opinión, situación  que lo llevó a sufrir estoica y valerosamente un martirio, martirio que este pasado día 16 de octubre lo ha elevado a los altares convirtiéndose así en el Santo número 32 de los altares mexicanos.

Publicidad

La historia de ese “niño cristero” es por demás impactante y ejemplar, digna consecuencia de ese Movimiento que vivió nuestro país en los años de 1926 a 1929 y que a la fecha ha llevado ya a los altares y a la beatificación a piadosos y valerosos hombres y mujeres que orientaron su actuar al grito de “Viva Cristo Rey” y defendieron con su vida su consolidada fe.

En el caso de José, las crónicas marcan que era tanta su dedicación y entrega al lado de los Cristeros, que al poco tiempo ya se había ganado la admiración del General, que lo fue tomando en cuenta (a petición del mismo niño) en ciertas incursiones militares, así en un combate librado cerca de Cotija, Michoacán el 5 de febrero de 1928 cuando a su jefe le fue muerto su caballo, le cedió el suyo diciéndole “ Mi General, aquí está mi caballo, sálvese usted aunque a mí me maten, yo no hago falta, usted sí” y uniendo la acción a la palabra, tomó el fusil y se puso a disparar contra el enemigo que tenía enfrente hasta que se le terminaron las balas, entonces fue aprehendido y llevado al jefe de los contrarios donde fue tratado de convencer para que pasara al bando rival pero este no aceptó por lo que fue condenado a prisión, desde la cual envió a su madre una sencilla carta donde se leía lo siguiente: “Mamita, ya me apresaron y sé que me van a matar, estoy contento, lo único que siento es que tú te aflijas, no vayas a llorar”.

Por más intentos que hizo su padre de que lo liberaran, el día 10 de febrero a las 11 de la noche sin juicio que lo condenara y después de una dolorosa tortura que consistió en desollarle los pies y hacerlo caminar con sus plantas desechas por las baldosas calles de la ciudad hasta llegar al panteón municipal donde ya estaba preparada una tumba, una vez ahí fue colgado de un árbol y herido con un arma blanca, para después de ese castigo bajarlo y ahí colocado al borde de dicha tumba abierta cuestionarlo de nueva cuenta diciéndole que si renegaba de su fe, con un sola palabra le perdonarían la vida, José rechazó una vez más unirse al bando enemigo y gritando vivas a Cristo rey y a la Virgen de Guadalupe, fue acribillado por su verdugo Rafael Gil Martínez “El zamorano” con un disparo en la sien, que segó su vida más no su ejemplo de fidelidad y heroísmo.

Desde ese momento la figura del niño José Sánchez del Río pasa a formar parte de los legados ejemplares que generó la gesta Cristera, un movimiento que durante muchos años fue más conocido en el extranjero que en nuestro propio país, donde personajes como el francés Jean Meyer hayan dedicado gran parte de su vida a la investigación de esta gesta por la Libertad Religiosa plasmada en su obra de tres tomos “La Cristiada” y que permitió conocer la importancia histórica que tuvo este movimiento social; sus restos reposan en la parroquia de Santiago Apóstol en su natal Sahuayo y la veneración a su persona data casi desde el momento de su martirio.

La causa para la beatificación y posterior canonización de “Josecito” corrió a cargo del padre Fidel González quien ha sido un conocedor en detalle de la corta vida de este adolescente y que vio como un 20 de noviembre de 2005 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco bajo el pontificado de Benedicto XVI el Cardenal encargado de la Congregación para la Causa de los Santos José Saraiva Martins decretaba beato a este niño cristero y a la que años después se uniría la comprobaría científica de un milagro obrado por su intercesión en la curación de la niña Ximena Guadalupe Magallón Gálvez para quién ya no había humanamente esperanzas de vida al haberle detectado recién nacida de meningitis, tuberculosis y un infarto cerebral que había acabado con el 90 % de su cerebro, su madre Paulina Gálvez Ávila (originaria de Sahuayo) dejó en manos de Dios y de Josecito la vida de su hija quién prácticamente ya estaba desahuciada, la conclusión la podemos predecir, ante el asombro médico la bebé se restableció y su cerebro se recuperó en su totalidad.

Hoy el martirio de José tuvo su triunfo en el cielo, ese cielo que hace más de 88 años expresó que estaba fácil ganárselo, ahora lo veremos en los altares con una palma en una mano símbolo del martirio y con una cruz en la otra, testimonio de la fe por la cual ofrendó cuando ésta empezaba a florecer.

Publicidad