Heteroflexible: cuando me gustan los hombres y las mujeres por igual

Me consta que muchas personas se pueden quebrar la cabeza intentando entender cómo es posible que a alguien le gusten, por igual, las mujeres y los hombres.

Yo me considero heteroflexible. Pierdo cabeza por los hombres, pero no niego que he estado, hasta ahora, con tres mujeres y aunque siempre fue en la compañía de un hombre, tengo la fortuna de poder decir que me acosté con mujeres, y además muy guapas.

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Mi primera experiencia fue con una de mis mejores amigas, con quien desde que nos conocimos hace muchos años, tengo un bello amor platónico. Éramos todavía veinteañeras y una noche de diversión se tradujo en muchos besos y caricias.

Fuimos solas a bailar a un lugar de salsa. Al poco tiempo de estar ahí, nos ligamos a un par de chicos. La estábamos pasando muy bien y de pronto, uno de ellos me preguntó con cierta timidez si éramos pareja en lugar de amigas. Me cayó bien su pregunta y le dije que era mi novia en realidad.

Al oído le susurré a mi amiga lo que estaban pensando de nosotras y después de soltar una carcajada, me tomó la cara con sus dos manos y me besó. Me sorprendió un poco, pero me encantó ese beso. Y toda la noche jugamos a ser novias, bailamos juntas y nos regalamos muchos besos más y caricias. No tuvimos sexo aquella noche, pero fue muy divertido descubrir que podía besar a otra mujer.

Años después, tenía un amigo con derechos a quien le guardo un cariño genuino y especial, el cual después de varios meses de tener sexo con él, me propuso un trío; sólo le dije que él debía encontrar a la chica.

A los pocos días, me mandó la foto de la candidata y me pareció muy atractiva. Acordamos vernos los tres primero en un bar y si la química entre los tres aparecía, nos iríamos a un hotel de paso juntos.

Al poco rato de estar en el bar, ella y yo comenzamos a besarnos y después lo besábamos a él. Era obvio que existía química y después de varios tequilas, salimos del bar rumbo a un hotel. El camino fue divertido porque nos besábamos y acariciábamos en cada alto. Tener sexo con otra mujer es muy ardiente porque conoces perfecto su cuerpo y sabes cómo excitarla.

Esa noche tuvimos sexo entre los tres. Cambiamos de posiciones y funciones cada cierto tiempo y debo reconocer que también descubrí que el voyerismo puede excitarte mucho. Aquella primera vez con una chica me hizo suponer que tendría más encuentros sexuales con mujeres a lo largo de mi vida.

No me equivoqué. Pasaron otra vez algunos años y, en una despedida de soltera, tuve mi segunda experiencia bisexual. Se casaba una gran amiga y gracias a la presencia de strippers en su despedida, nos alocamos un poco y entramos juntas al privado que era para la novia con uno de ellos.

Fue muy divertido, porque aun cuando mi amiga estaba muy nerviosa, el stripper y yo nos encargamos de colmarla de placer porque se estaba despidiendo de su vida como soltera y me aseguré de que jamás se le olvidara su despedida.

Mi tercera experiencia me tomó todavía más de sorpresa. Estaba en una comida con amigos, pasando un rato muy agradable. A ella la conocí hace poco más de un año y desde siempre me cayó perfecto. Es muy joven, no alcanza los 30 todavía, pero desde el día que se cruzaron nuestros caminos y cada vez que nos encontramos en alguna fiesta, la pasamos muy bien.

La comida se convirtió en fiesta y empezamos todos a bailar. Se acercó un gran amigo, que además era el anfitrión, a nosotras y nos sacó a bailar. Empezó la coquetería entre los tres y gracias a la desinhibición provocada por el alcohol, él nos empezó a besar de manera intercalada.

Al poco rato, decidimos marcharnos de la fiesta y, como yo no traía coche, ella se ofreció para llevarme a mi casa. En el camino nos reíamos y antes de llegar a mi casa, recibí una llamada del buen hombre que nos besuqueó toda la noche y me propuso que regresáramos a su casa, pues ya no había nadie. Le dije a ella de la propuesta y con mirada y sonrisa pícara, puso la direccional, dio vuelta y emprendimos el regreso. Cuando llegamos otra vez con él, nos metimos inmediatamente a su recámara y nos amaneció teniendo sexo.

No sé si llegue el día en el cual tenga una relación lésbica, no lo veo tan descabellado, pero me parece que los hombres son quienes se terminan por robar mi corazón. No he encontrado a ninguna mujer todavía que me haga vibrar como lo hacen los hombres, pero no estoy cerrada, porque yo defiendo el amor entre seres humanos. No importa la orientación sexual para poder amar a otro. Una cosa nada tiene que ver con la otra.

Me gusta ser bisexual de vez en cuando. Han sido muy satisfactorias las experiencias que he tenido en la cama con mujeres y defiendo mi derecho de tener una sexualidad sana y placentera pues solamente yo decido sobre mi cuerpo. Permitirme experimentar prácticas sexuales no convencionales me ha demostrado que cuando te liberas de prejuicios puedes gozar de una vida sexual fantástica y cualquier mujer que busca su independencia y libertad sabe que el sexo es fundamental para tener una vida plena. Se los dejo de tarea.

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