La carga invisible que muchos llevamos

Simples Deducciones

Los ojos brillosos y una sonrisa que transmite esperanza, hacen la diferencia en un rostro y extremidades que todavía no responden al cien por ciento, es Julia, una joven de 22 años de edad que hace tres meses no podía mover la mitad de su cuerpo; ella no sufre de ninguna enfermedad genética, simplemente, como millones de jóvenes en el país, tenía muy malos hábitos alimenticios, padece de un trastorno denominado obsesivo-compulsivo, lo que implica que se estresaba así misma mucho y, entre otros factores, le ocasionó que sufriera un derrame cerebral, del cual todavía enfrenta algunas secuelas.

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Julia no es más que el reflejo de la apurada vida que viven niños, jóvenes y adultos cada quien en su justa medida, sólo que hay quienes se presionan por mucho y por nada, de manera más intensa.

Ella está a punto de terminar su carrera universitaria y lograr uno de sus sueños, estuvo casi un mes internada y tiene poco más de 60 días en su casa pero cada semana va por lo menos dos veces a una clínica de rehabilitación, ella asegura que, “ya estoy casi bien bien, la verdad es increíble la diferencia, hoy ya no tengo miedo porque como dicen los doctores, he visto que si he sanado con los tratamientos y la rehabilitación; además, ahí mismo me atiende un psicólogo que también me ha ayudado mucho, y obvio mis papás, mi familia”, me dice Julia con mucha nostalgia en sus palabras, las cuales se le entienden perfectamente, pese a que balbucea un poco.

Ella recuerda como si fuera ayer esa tarde que estaba haciendo tareas en su casa y que empezó a sentir un cosquilleo en la cabeza, “primero me esperé un poco, pensé que era como de un calambre o algo así pero la sensación se fue expandiendo poco a poco, empezó como en un lado pero luego en toda mi cara, en el cuello y entonces bajé y le dije a mi mamá y ahí me di cuenta que también todo el cuerpo lo sentía pesado, raro, me asusté mucho como con ganas de llorar pero no podía y mi mamá también se asustó, llamamos a mi papá pero mi mamá me llevó al hospital cuando vio que yo estaba muy mal, que casi no podía hablar y que empecé a vomitar”.

Cuando Julia estuvo ya en el hospital fue internada de manera inmediata para recibir medicamentos la mayoría de ellos inyectados, ella por supuesto no recuerda nada; los médicos le explicaron a sus padres la gravedad del problema, Julia estuvo cerca de la muerte y lo que fue clave para que actualmente viva es que la llevaron al hospital lo antes posible. No obstante, la situación era de no creerse, sus papás no entendían cómo era posible que su hija sufriera un derrame; si fumaba esporádicamente, ingería poco alcohol en fiestas y demás, pero no era constante, mucho menos consumir algún tipo de droga, andaba por terminar su ingeniería y pese a que tiene sobrepeso, no es nada más allá de lo que sus padres consideraban normal.

Al platicar con su mamá me dice que los doctores nunca le explicaron con exactitud la causa de lo que sufrió su hija, solamente le dieron razones probables y eso sí, muchas, muchas indicaciones que debería seguir, entre ellas no tomar pastillas anticonceptivas, una dieta sumamente estricta, sin café, alcohol; dormir mínimo 8 horas al día, ejercicio aparte de la rehabilitación para que bajara de peso y lo más importante me dice doña Isela, que debe haber más comunicación entre la familia, que Julia no debe sentirse sola en ningún momento.

“A mi esposo y a mí nos preguntaron si le exigíamos mucho a nuestra hija, si éramos demasiado estrictos con ella y la verdad es que no, y eso les dije, Julia siempre ha sido así, es muy perfeccionista, siempre ha sacado los primeros lugares, ella es la que organiza a sus amigas y siempre es responsable con todo; yo le había dicho ya que no tenía que ser así, que se presionaba mucho, y como dice el doctor el sobrepeso que tiene también es porque come o comía mucho cochinero, yo trabajo pero casi siempre cocino, nada más que ella por encerrarse en su cuarto a hacer sus cosas pues no comía aquí en la casa o decía que ya había comido en la universidad”.

Julia ve el padecimiento como una segunda oportunidad de vivir, ella sostiene, al igual que sus padres, que nunca realizó actividades que propiciarán un derrame cerebral, pero luego de bastantes explicaciones de médicos acepta que había descuidado su salud bastante, tanto física como emocional, con desvelos continuos, horas sin comer y sobre todo mucho estrés en su cuerpo, como si este fuera inmune, como una máquina.

Hoy sabe que el estrés no le va a traer nada bueno, que en lugar de mejorar su situación física, podría empeorar y ahora si quedar paralizada por completo y sin una nueva oportunidad, comprende que debe respirar, no mortificarse por pequeñeces y permitir que la vida fluya.

Julia lanza un llamado a todas las personas a que intenten dejar tiempo para ellos mismos, ir a caminar, nadar, chiflar, cantar, dejar el cigarro y alimentos por demás grasosos que influyen en que se genere grasa y colesterol, dice que hoy a pesar de medio arrastrar un pie y mover una mano con pesadez, se siente más ligera que antes porque dejó la carga invisible que era la que más la lesionada física y mentalmente, hoy ella tiene un reto permanente en la vida, ser feliz. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com