La disciplina en los niños

Véritas Liberabit Vos

Una de las preocupaciones más frecuentes que se comentan en cualquier plática referente a los temas de Educación, es la de la disciplina, preocupación basada en una realidad práctica que nos hace ver lo alejado que se encuentra la gran mayoría de niños de aquel prototipo de niño obediente y dócil que todos los padres de familia y maestros quisiéramos de ellos.

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Sobre este punto en particular han hecho su parte todo el desenfreno y violencia de los programas televisivos que a todas horas se transmiten, la influencia de corrientes de pensamiento donde el “dejar hacer, dejar pasar” es una de sus principales máximas, el hecho de que mamá y papá trabajen y que no haya tiempo suficiente para atender todas las necesidades de los hijos, en fin una serie de causas que podrán irse anotando en orden de importancia según sea el caso, sin embargo la mayoría de estas causas podrán reducirse si desde el principio los padres nos ponemos de acuerdo que en la formación y educación de los hijos es imprescindible establecer un patrón disciplinario de reconocimientos, estímulos y correcciones, así como la mejor forma de llevarla a cabo.

Así como ninguna ley puede ser cien por ciento efectiva sin que exista algún tipo de concepto que debe ser corregido al momento de no cumplirse, del mismo modo ocurre con las reglas que rigen la conducta de los hijos, los padres no podrán dirigirlos convenientemente si no se aprende que la conducta no deseada le causará más dificultad que si su comportamiento es positivo.

La idea de imponer disciplina en los niños no es considerada favorable por algunos expertos modernos en la materia, según esta opinión avanzada, el niño deberá tener libertad para expresarse y los padres que obstaculicen esta autoexpresión impiden el desarrollo de su personalidad. Han pasado bastantes años para que podamos examinar los productos adultos de esta escuela de disciplina avanzada y  encontramos que los resultados generales no son buenos, los niños a los que se les permite hacer todo lo que quieren sin un sistema de control para gobernar sus acciones tienden a volverse egoístas sin pensar en los derechos y necesidades de los demás e incapaces de practicar la autodisciplina que se necesita para una vida armoniosa. Afortunadamente esta escuela del “dejar hacer, dejar pasar” está volviéndose rápidamente cosa del pasado. La mayoría de las autoridades en la materia reconocen actualmente que un niño no solamente necesita, sino que incluso desea restricciones en sus acciones.

Por esta razón se señalarán cinco principios rectores generales que pueden auxiliar a los padres de familia en su buen empeño por buscar la disciplina en sus hijos:

1.- Tener presente a qué fin sirve la disciplina

Esta debe imponerse principalmente para inculcar métodos convenientes de conducta para ayudarle a adquirir la habilidad en el dominio sobre sí mismo, que le servirán en su vida futura, esto implica que los padres deben someter sus propios sentimientos personales, simpatías y diferencias cuando se considere que éstos no sirven para un fin útil.

2.- Que la corrección o castigo sea proporcional a la falta

Siempre impuesto con amor y con la plena conciencia de que es por evitar un mal mayor, aclarando que no es casualidad que la mayor cantidad de niños que requieren asistencia psicológica, sea por causas de adicciones, libertinaje, robo, etcétera, ha sido normalmente porque nunca nadie les puso un alto a su accionar o por buscar una manera de llamar la atención ante un vacío del alma.

3.- Solo debe castigarse una vez por falta

El ser constante en este punto, hablará de una congruencia entre el decir y el hacer permitiendo mediante el diálogo posterior una mayor reflexión de lo que orilló como consecuencia el acto que lo desencadenó, un niño que está consciente que sus actos generan consecuencias, es un niño camino a ser un adulto que maneje una recta razón.

4.- Hay que ser congruente

El niño merece saber exactamente qué clase de conducta es permitida y cuál será castigada. Para ser efectivas las reglas deben ser también justas, un niño no debe ser castigado por acciones que otro comete con impunidad

5.- Informarse antes de corregir

A fin de corregir al niño convenientemente, se deben conocer forzosamente los hechos del caso, de otra manera no se sabe a qué fin sirve dicho castigo o corrección. Razón por la cual es muy importante el diálogo centrado siempre no en justificar o buscar culpables sino en el hecho de orientar y guiar adecuadamente.

La tarea no es fácil, sin embargo, el inmenso amor con que los padres desean que sus hijos sean hombres de bien, hará sacar fuerzas para llevar a buen término esta bella misión, sin olvidar que como adultos que estamos al frente de alguien menor los Padres somos “Necesariamente vistos e indudablemente imitados”.