La vida que Pablo no pidió

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Pablo tiene 28 años, una maestría en una Universidad de Europa, soltero, estatura y peso promedio, actualmente radica en Tepic y tiene un empleo con un sueldo muy por encima del salario mínimo, aunque no ejerce como tal su trabajo se relaciona con lo que estudió, se pudiera decir que está en una buena etapa de su vida, pero no es la vida que Pablo proyectó para él; no tiene vicios, hasta hace poco no consumía alcohol y a pesar de todo, simplemente no le alcanza el dinero y siente una presión enorme, como si cargara el mundo en sus hombros, una hermana desobligada y una mamá de carácter débil, lo han llevado a él a ser indirectamente, responsable de una familia.

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Pablo, tiene papá, mamá, tres hermanas y un hermano; originarios de un municipio costeño hace unos meses tuvieron la oportunidad de comprar una casa en Tepic, sus padres, aunque han pasado momentos difíciles siguen juntos, él trabaja de trailero y de manera constante viaja, ella es ama de casa y se dedica actualmente a cuidar dos nietos, uno de 4 años y otro más de 8 meses que su hija prácticamente le “botó” en el hogar.

El hermano mayor de Pablo hace tiempo dejó su hogar y hoy en día tiene muy poco contacto con la familia, la hermana más grande está casada, tiene un empleo fijo y vive en Santiago, “a ella le está yendo bien, me da gusto, nunca ha ayudado o aportado algo a mi mamá o papá pero con que no les dé problemas me doy por bien servido; la mediana sé que sí pudiera ayudaría a mi mamá, es muy tranquila, pero es ama de casa y no tiene ingresos propios, pero está estable, y pues mi hermana, la más chica, ya se fue con el novio y nos dejó a su bebé, también tenemos a su otro hijo, él ya casi cumple 5 años”.

“La verdad es complicado no poder hacer uso ni de la mitad de tu sueldo, hoy gano más y no me alcanza el dinero, mi mamá ocupaba celular y ya le saqué uno, lo pago poco a poco; estamos invirtiendo en mejorar la casa y es un gasto tras otro, aparte para el pago mensual nos cooperamos y pues ya sabes, en nada se va el dinero”.

Al cuestionar a Pablo por qué absorbe de lleno tantos gastos de su mamá y sus sobrinos su respuesta me hace cuestionarme a mí mismo, “si no lo hago yo ¿quién lo va a hacer?, veo cómo batalla mi mamá, y es que nos hemos echado muchos compromisos, mi papá está pasando por una mala racha, mi mamá no da abasto con los dos niños, los años que estaba en la maestría ella tenía su restaurante allá en Santiago y pues era sólo un niño al que cuidar ahora con el bebé está más difícil, aparte aquí en Tepic pues no tiene ingresos propios”.

Hoy Pablo comienza a tomar cada fin de semana o incluso entre semana se toma dos o tres botes “para dormir tranquilo”, trabaja todo el día y hasta la noche, lo único que ha quedado intacto hasta hoy son sus sueños, eso sí, guardados en un cofre que no sabe cuándo podrá abrir.

Viajar y trabajar fuera del estado o incluso del país quisiera él, hacerlos realidad mañana, sin embargo no tiene el valor de abandonar todo, “ahorita no me puedo ir, confío en que llegará el tiempo, ahorita deseo también buscar una novia pero a veces me la pienso, no tengo mucho tiempo y quieras o no implicaría gastar dinero que no tengo”.

De la hermana, madre de ambos pequeños no saben nada, ella simplemente vive su vida sin importarle nada sus hijos, sabe que su familia no los dejará solos y a eso se atiene, la mamá incapaz de poner un límite sólo absorbe responsabilidades de manera silenciosa.

Pablo sufre en silencio el hartazgo de no poder cristalizar sus sueños, trabaja horas y más horas intentando solventar los gastos que día a día se incrementan, pero más allá de todo eso, no quiere ver la angustia familiar, en especial de su mamá, quien conoce el esfuerzo continuo de él para que haya de comer en la casa.

Él no tiene una idea cuándo podría terminar esta situación, cuándo la vida, el destino, le dará la oportunidad a él de hacer con sus horas lo que le venga en gana, de poder cobrar su quincena e invitar a alguna amiga a salir, de tomar un café, ir a comer con sus compañeros, disfrutar del cine, una de sus pasiones.

Comprarse un par de zapatos, un pantalón, pero hacerlo hoy, podría incurrir en que no haya leche para el bebé o solventar los gastos de preescolar del otro sobrino, comida en la casa, pagos de luz, agua, teléfono y los imprevistos.

Pablo no sabe cómo plantearle a su familia lo que siente, la enorme presión que lo encierra en un túnel claustrofóbico largo, inacabable en el cual no ve una luz que lo pueda guiar a encontrar la libertad, está seguro que no quiere seguir así, pero su noble corazón no le permitirá cerrar los ojos e irse a otro estado, abandonando todo y dejando a sus seres queridos a su suerte.

Cierra los ojos e imagina que mañana podría ser diferente, que Dios le dará las fuerzas necesarias para salir adelante y en él pone su fe para que le permita un día no lejano, tener su propia vida. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com

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