Las tiendas de abarrotes en Tepic, 1940-1960

Muchas crónicas deben iniciar por uno mismo sin ser egocentrista. Recordar lo que se ha vivido es un ejercicio de la memoria que diariamente y en todo momento practicamos, pues de otro modo no llegamos a ningún lado.

Viví cerca de la esquina de las calles León y Zaragoza, apenas lo recuerdo. Pero ahí estuvo la tienda “El Serranito” y de eso sí lo tengo muy presente. Se compraba queso seco, canela y pan. Más tarde nos cambiamos a la calle de Puebla. En la esquina de Puebla y Bravo estuvo la tienda de abarrotes de doña Librada Meza. De ahí nos fuimos a Allende y Construcción, y enfrente estaba una muy pequeña tiendita atendida por el matrimonio formado por don Sergio Banderas y doña Fidelia Montoya. En los años sesenta no había supermercados ni minisúper.

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Aún hoy paso diario por una tienda de abarrotes que he considerado de las más veteranas de Tepic, con Pioquinto, en la esquina de las calles de Zacatecas y Bravo. Se antoja comprar queso seco, bolillo, tostadas de fabricación local o fruta fresca.

La crónica inicia con lo que usted está pensando de sí mismo. Recuerde sus tienditas y tendrá un momento agradable en su cerebro. Hágalo y usted se verá en su propia historia.

Las tiendas de Don Raúl Guillén Montaño hace 75 años

En el entendido de que será casi imposible mencionar cada tienda en Tepic, me remitiré a las que recuerda don Raúl Guillén Montaño, cronista popular, quien para empezar nos habla de “La Norteña” de don Pantaleón Álvarez  ubicada en Lerdo y Aquiles Serdán (Hoy Juan Escutia). El tendajón de “El Molacho”, José Cervantes en Morelia y Lerdo. “La Colmena” de don Andrés Guerrero en Morelia e Hidalgo, que después se llamó “La Trevisonda”. En Victoria y León “Las Quince Letras” de don Ramón Olvera. La tienda “San Lunes” de don Jesús Aguilar en Oaxaca y Zapata. Don Nemesio Castañeda en Allende y Juan Escutia y don Adolfo González en Morelos y León, iniciaron como abarrotes o tendajones, y terminaron en renta de bicicletas.

En Puebla y Amado Nervo estuvo “El Volador” una tienda de don Marcelo Verduzco. contra esquina estaría más tarde “La Quemada” de los hermanos “cuates” Don Pancho y don Rafa Muñoz Vargas. También “La Cubanita” de don Andrés Cortés, en donde se expendía alcohol, por Mérida y Zaragoza, inició con abarrotes y comestibles.

En Querétaro y Mina, se ubicaba la tienda “La Charrita” de don Felipe García. Hoy es la carnicería “El Toro de Oro”, y siguen las familias García y Ramírez  al frente. En Querétaro y Miñón estaba otra tienda, la de don Esteban Covarrubias, “El Viejito”. Y en Querétaro y Abasolo estaría “La Ola Marina” de don José Casillas, (Más tarde de la familia Rodríguez). Ahí, -dice don Raúl Guillén- se expendía fruta de la costa, principalmente plátanos de Jalcocotán.

En Veracruz e Insurgentes estuvo Abarrotes “La Redonda” de doña Celia Camacho. En Veracruz y Miñón aparece “La Ola del Mar” de don Domingo Aceves. En la esquina de México y Mina, hubo un tendajón propiedad de don Crisanto Altamirano, quien luego puso un bar y más tarde rostizador de pollos y comedor. Hoy es ahí el Hotel Real de Don Juan, y sigue siendo de la familia Altamirano. En la esquina de Allende y Zacatecas hubo una tienda propiedad del capitán retirado Luis Páez. El negocio lo atendía su esposa Pachita y sus hijas Ernestina y Alicia. En Zacatecas y Miñón estuvo “La Torre de Babel”, tienda de abarrotes propiedad del señor Simón González. Por ahí mismo estuvo una tienda atendida por los hermanos Antonio y Vicente Bobadilla. En Abasolo y Zacatecas hubo la tienda de don Leonardo López, “Don León”. Y por los mismos rumbos, San Luis y Mina, estuvo “El Alacrán” de don Francisco Ladrón de Guevara. En Ures y Miñón “Las Siete Esquinas” de doña Marisela Suárez.

Hasta aquí hemos aprovechado la memoria de don Raúl Guillén, para recordar algunas de las tiendas de abarrotes, que en aquellos años cercanos a 1940 y dos lustros posteriores, también eran mercerías, lecherías fruterías y papelerías. Había de todo, masa, cereal, dulces, jarciería y hasta loza de peltre o barro.

Los recuerdos de Don Edmundo Gabriel del Toro Gallardo

En su agradable libro de memorias, “Aquel, mi pequeño Tepic”, don Gabriel del Toro, relata la parsimoniosa vida de nuestra ciudad en los años cincuenta y parte del sesenta. Don Gabriel vuelve a mencionar la tienda “La Charrita” que hoy es el Toro de Oro, por Querétaro y Mina. Luego habla de “La Tienda Rayada” del señor Pimienta en Hidalgo y Ures. Menciona “León de Oro” de la familia Ruvalcaba López, ahí mismo en el barrio de la Plazuela Hidalgo.

Con don Gabriel se repite la mención a la tienda de “San Lunes” en Oaxaca y Zapata, pero ya propiedad de la descendencia de la familia Aguilar. Igualmente volvemos a saber de “La Ola Marina” en Abasolo y Querétaro.

Nos dice don Gabriel que alrededor del mercado “Grande” o mercado “Juan Escutia” recuerda las tiendas “El Volador”, “La Casa Martínez”, “La Esperanza”, “La Quemada”, “La Tranca”, “El Golpe”, “La Trampa”, “La Convencedora” y “La Tienda Nueva”, ésta última de don Juan Preciado Hidalgo, hombre prolífico, jefe de un clan muy estimado de profesionistas y comerciantes en Tepic, conocidos como los Corona. Algunos tienen puestos en el mercado todavía.

En Amado Nervo y Mérida donde hoy es una zapatería, estuvo la tienda “Hércules”, al parecer, la más surtida en dos décadas. Era de don Francisco Ibarra V.

Por la calle de Puebla entre Lerdo y Amado Nervo, se concentraba gran parte del comercio de Tepic en el mercado “Emilio Carranza” al cual pronto se le conoció como “La Flauta” por la forma de distribución de los puestos. Antes esta zona fue conocida como mercado “El Fresno”. Al modernizarse el centro de la ciudad, fueron reubicados tanto al Pasaje Lagunilla que salía de lado a lado por la calle Puebla hasta la Durango entre Amado Nervo y Zaragoza, y otros locatarios se fueron a “El Volantín” de la calle Durango, que aún sobrevive como pasaje comercial.

Por la calle Lerdo casi esquina con León, estuvo “La Selecta”, propiedad de don Salvador Velasco Robles. En Zaragoza y Mérida estaba “La Cubanita” ya mencionada por don Raúl Guillén, en donde había gran surtido de abarrotes y cereales, incluyendo un molino de nixtamal.

Los sesenta

En la década del sesenta, Tepic vivió la etapa de intentar la aceptación de la modernidad. Los habitantes habían visto ampliarse las calles Allende, México, Insurgentes, Victoria, Prisciliano Sánchez, que antes solo eran resabios de paso de carretas y de “pasos de servidumbre”, callejones,  en la mayoría de casos.

La zona comercial se mantenía alrededor del mercado “Juan Escutia”. El comercio era la principal actividad económica de nuestra capital. La ciudad crecía lentamente hacia nuevas colonias como la Morelos, la H. Casas, la Mololoa, la Magisterial, la San Juan, o Cristo Rey, por ejemplo.

No teníamos supermercados hasta que en 1973, en la primera planta y sótano del Hotel Fray Junípero se inauguraba “Almacenes García”, hecho que llamó la atención de todos. Podíamos comprar sin ser atendidos en mostrador. Podíamos escoger ropa hecha, telas o comestibles de entre los anaqueles, por nosotros mismos.

Un grupo de empresarios locales quiso igualar el éxito de Almacenes García e invirtieron en la “Almacenes Gana” que ocupó un galerón muy amplio en Hidalgo y Puebla. Los apellidos eran Gárate y Naya, GANA, eso quiso decir el membrete. No funcionó. Almacenes García de capital sinaloense continuó varios años y ya a mediados de los ochenta tendría que competir con otras franquicias como “Telas Gigante”. De la etapa contemporánea y el comercio en Tepic podemos estar hablando en próximas entregas. El tema es extenso pero divertido. Cada uno tiene una historia.

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