Los llamados de la justicia

Véritas Liberabit Vos

Se ha dicho que los padres fundadores de Los Estados Unidos de Norteamérica  al saber que formaban también al país que tenía en vista  ser el más poderoso del mundo, lo dotaron de un mecanismo tal que generara contrapesos y equilibrios entre los distintos Poderes del Estado, de tal manera que aquella persona que ocupara la Presidencia no tuviera un dominio absoluto de decisión,  sino que sus márgenes de acción estuviesen meticulosamente acotados y regidos por ese diseño marcado por las instituciones, de tal forma que las decisiones o los actuares no estuvieran en una total decisión del hombre en turno.

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Este procedimiento mencionado lo estamos viendo en nuestro vecino País en los recientes acontecimientos de una, aún no aclarada participación de Rusia en el proceso electoral de Norteamérica en franco apoyo al magnate Trump, la cual  ya generó la semana pasada una controvertida comparecencia ante el Senado del ex Director del FBI destituido por Trump James Comey referentes a la posible obstrucción de la justicia por parte del Presidente al presionarlo para despejar la distracción que suponía la investigación de  una injerencia electoral rusa en contra de su opositora Clinton, así como sugerir el que pusiese fin a las pesquisas sobre el ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca Michael Flynn en relación a las reuniones secretas que se hayan realizado con el embajador ruso Serguei Kisliak.

Lo acontecido en la semana, y las posibles implicaciones políticas que la misma traerá nos lleva a recordar lo que esta nación ya ha vivido con situaciones de esta naturaleza donde el poder de la Justicia ha hecho valer a las Instituciones y aplicar lo que su definición establece.

Era una cálida noche del 17 de junio de 1972, cuando el guardia del complejo Watergate en Washington D.C. un hasta ese momento pacífico hotel a las orillas del río Potomac donde se había concentrado la sede del Partido Demócrata y que en ese momento representaba la oposición al Presidente Nixon del Partido Republicano; a esa hora el guardia Frank Willis hacía su recorrido de rutina y pudo observar unas cintas que cubrían las cerraduras de algunas puertas que iban desde el sótano a varias oficinas, las retiró y continuó su recorrido, pasada más de una hora volvió a ver e nuevo esas cintas colocadas, ya no se le hizo normal, llamó a la policía y nunca pensó que lo que esta encontraría iba a generar el mayor escándalo político en la historia de los Estados Unidos y con ello la caída del Presidente en funciones.

Ahí dentro del complejo, cinco hombres fueron detenidos en franco allanamiento a la sede del Comité Nacional Demócrata, pronto se supo que los detenidos  Virgilio González, Bernard Barker, James Mc Cord, Eugenio Martínez y Frank Sturgis  acusados de intento de robo y de interceptación de comunicaciones, tenían ya desde finales de mayo de ese año fotografiando documentos e instalando dispositivos de escucha de teléfonos, y que acataban órdenes del Comité para la reelección del Presidente, la organización de la campaña electoral de Nixon y el Partido Republicano, que monitoreaba estas acciones desde el Hotel Howard Johnson justo enfrente de este complejo.

El hecho de esta captura y sus ramificaciones fue catapultado a la luz pública por El New York Times y en especial el Washington Post donde sus reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein pasaron  a la fama al hacer toda una revelación novelesca de los pormenores de este suceso, mucho gracias a las filtraciones recibidas de un extraño personaje que se le llamo “Garganta Profunda” y que develó mucho de lo que el plan incluía, así los nombres de personajes como James Mc Cord y Howard Hunt ex oficiales de la CIA, Gordon Liddy asesor de finanzas para el CRP, John Dean ex Procurador y una serie de funcionarios vinculados al Presidente fueron llevando la madeja hasta dejar a la figura presidencial en una situación de apremio al ser considerado que al negarse a proporcionar cintas magnetofónicas y no brindar el suficiente apoyo a la investigación actuaba en un evidente obstrucción a la justicia lo que provocó que un Senado de mayoría Demócrata decretara un impeachment (proceso de destitución) que llevó a que el 9 de agosto de 1974 el Presidente Nixon anunciara su renuncia y dejara el cargo al Vicepresidente Gerald Ford ante el asombro mundial y los vientos que aún llevaban el recuerdo del asesinato en 1963 del Presidente Kennedy.

Hoy de nueva cuenta la nación más poderosa se estremece ante un inicio de lo que puede ser una historia muy parecida a lo de Watergate, el lugar es el mismo, los escenarios similares, solo que esta vez el Congreso tiene mayoría Republicana y el Presidente  solo cuatro meses en su cargo detentando los hilos del poder en una forma más autoritaria y un manejo hacia la prensa más estricto y visceral, la puerta se ha abierto y ha dejado entrar ya un primer viso de inquietud, es ver como fluye o se detiene este incipiente proceso, el Washington Post y otra prensa  ya llevan rato en su labor,¿ habrá una nueva “Garganta Profunda” que se atreva a filtrar más información?, por mientras recomiendo veamos el film de 1976” Todos los hombres del Presidente” que nos ilustra sobre el caso Watergate, pero esa, esa ya es otra historia.

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