Los rescoldos de un debate

Véritas Liberabit Vos

Este pasado domingo se llevó a cabo el primero de los tres debates que el INE ha programado realizar entre los candidatos a Presidente de la República como parte fundamental para que públicamente se pueda conocer la postura o propuesta de cada uno de ellos en distintas materias referentes a los problemas fundamentales de la Administración Pública y el Quehacer Político.

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Sustentado en un nuevo formato muy diferente a los utilizados en los sexenios anteriores para intentar dar con ello una mayor versatilidad, frescura y orden a los temas de los cuales la población que emitirá su voto el primero de julio está interesada en conocer, atrás quedaron las formas de debate un tanto acartonadas como fue aquel del año de 1994 donde posterior al asesinato de Colosio pudimos ver en escena a Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en un proceso muy diferente y novedoso para aquellos tiempos donde la única referencia que de debates se tenía era el que se desarrollaba en las elecciones de los Estados Unidos, eso sí un debate entre solo dos candidatos representando a sendos Partidos el Demócrata y el Republicano; como no recordar aquel histórico y decisivo debate entre Richard Nixon y John F. Kennedy desarrollado un 26 de septiembre de 1960 siendo este el primer debate televisado donde la influencia televisiva fue fundamental para que este último impactara tremendamente al auditorio y encaminara su paso a ganar las elecciones, Nixon que hasta ese momento aparentemente llevaba la delantera  no acepto el maquillaje que le ofrecían para salir a escena y optó por portar un traje gris que en una transmisión en blanco y negro lo hacía verse triste y perdido, por otro lado Kennedy cuidó su imagen a conciencia utilizo un traje obscuro, sus asesores lo hicieron broncearse un poco más en la mañana previa al evento, aceptó el maquillaje para no brillar en las cámaras y estudió las posturas que iba a tomar durante su participación, el resultado ya se mencionó.

Si recurrimos a la definición literal de debate, encontraremos que este es un acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre un mismo tema entre dos o más personas, donde cada uno de ellos manifiesta su postura, la defiende y sobre todo se cuestiona sobre la viabilidad o capacidad para resolverla o sustentarla, todo esto siguiendo un orden y conducción por medio de uno o varios moderadores que deberán regir el respeto por los tiempos y el apego a los temas establecidos para la libre exposición de cada uno de los ponentes, esto se espera de un debate, pero por más que se haya avanzado desde 1994 (hace ya 24 años y por lo tanto ya en su quinta edición) aún nos falta mucho por convertir realmente en un ejercicio de ideas que se postulen, que se defiendan y que se den argumentos claros, convincentes y objetivos y no solo se malgaste el mayor tiempo convirtiendo  el evento en un campo de batalla no desde las ideas y conceptos plenos sino en la denostación y la estulticia.

Pero sabemos que en Política todo se vale, por lo tanto es válido que cada uno de ellos haya pugnado por llevar su propia estrategia y tratar de sacar provecho de ella, no por nada se hizo mención del debate de 1960 donde fue evidente que llegar sin estrategia no fue nada favorable, así por lo tanto el equipo de campaña de cada uno de los candidatos consideró propio lo que este domingo cada candidato presentó, incluso podemos hacer el símil análogo a una pelea de box a tres rounds o una lucha libre a tres caídas estas si con límite de tiempo, y que hasta ahorita solo se lleva el primer round.

Para este debate cada uno de los candidatos llegó como en una carrera de atletismo con una posición dada por las encuestas que desde el principio de las precampañas, y luego ya con la formalidad de las mismas iniciadas a finales del mes de marzo gestaban un lugar por demás sabido y ponderado que serviría como consecuencia lógica la base de la estrategia que cual round de sobra se iniciaría  con esta primera comparecencia donde era de esperarse que la intención primigenia era bajar los bonos del en ese momento el rival más fuerte en las encuestas o sea, Andrés Manuel López Obrador, viéndose con la serie de acotaciones sobre detalles puntuales como la amnistía a los delincuentes, la calidad moral de integrantes de su equipo, siguiendo con incongruencias con lo dicho en su ya largo periplo de campaña donde a pesar de poder demostrar su experiencia por estar ya en su tercera campaña por la Presidencia, se vio abrumado por la avalancha de preguntas o consignas que hicieron parecer por un momento apoyado en el argot boxístico que estaba sobre las cuerdas arrinconado y casi grogui, justo al borde del knockout, pero sucedió que la embestida amaino porque los que ocupaban el segundo y tercer lugar se pusieron a atacarse entre ellos y dejaron al objetivo común libre.

Para los candidatos independientes que completaron el cuadro fue este un escenario para rescatar algo de lo que pudieran aspirar en la campaña dicho sea de paso lo que más se recordará tal vez del debate fueron las propuestas extremas de mutilar a los ladrones o militarizar las escuelas preparatorias, y por otro lado lo esquivo y ambiguo en respuestas, el aspecto anquilosado y poco jovial de López Obrador se unió a la propuesta de traer al Papa Francisco como asesor y el haber ya ofrecido al Presidente Trump el avión presidencial.

Quedan dos rounds más, esperemos para el segundo debate en qué posición de encuestas llega cada uno de ellos y verificar cuál será la estrategia a tomar en este nuevo encuentro, por el momento me quedo con el intento de round de sombra y la frase del enemigo de tu enemigo es tu amigo, aunque en política nada está escrito.

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