Lucha por la vida salvaje

Véritas Liberabit Vos

A  es el lema que lleva en este año la campaña mundial promulgada  dentro de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, y que en esta ocasión tuvo al país africano de Angola como referente para enmarcar el mensaje en contra del comercio ilegal de especies silvestres tanto en la flora como en la fauna;  y que mejor que un país representativo como lo es Angola que se recupera de una guerra civil de más de cinco años y que en su terruño ha visto como varias especies de elefantes y orquídeas principalmente han ido extinguiéndose.

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Recordemos que desde el año de 1972 la Asamblea General de las Naciones Unidas preocupadas por el poco cuidado con que el hombre en su afán de desarrollo en muchos casos natural pero en otros de aspecto comercial consumía muchos más recursos naturales de los que se calculaba el planeta podía proporcionar de modo sostenible, así como el deterioro y poco cuidado que se tenía al manejar la variedad de ecosistemas que en la actualidad han llegado a un punto crítico de inflexión; así determinó que el día 5 de junio se celebrara el Día Mundial del Medio ambiente como un llamado para todos los habitantes del mundo sobre la responsabilidad inherente que tenemos de cuidar esta parte importante donde se desarrolla la vida y  que nos fue legado como privilegio para el bien común.

Y esta responsabilidad y preocupación fundamental no es solo por motivos meramente comerciales o de moda actual, su señalamiento viene desde los tiempos de la creación del hombre, La Biblia (específicamente el Libro del Génesis) nos dice que en el momento de su creación Dios definió tres relaciones fundamentales respecto del hombre con la naturaleza y su medio ambiente, la primera es la del ser humano con Dios; Génesis (1:26) ya que el hombre es a su imagen y semejanza, la segunda es la relación del hombre con los demás hombres, ya que es un ser social Génesis (1:27) y la tercera es nuestra relación con la buena tierra y sus criaturas, sobre las cuales nos dio dominio y anuencia de someterla para nuestro bien Génesis (1:28-30), y si bien Dios le cedió al hombre el dominio sobre la tierra fue para que le sirviera de medio al logro del cumplimiento de su fin último ejerciendo en ella una mayordomía responsable y no una dominación destructiva.

No hay que ignorar que el verdadero dominio que se establece desde ese momento es cooperativo,  Dios puso su parte y el hombre pone la suya, el hombre no puede hacer germinar una semilla, pero si el proceso de cultivo y labranza en la tierra para el buen desarrollo de la misma. Quedan sustentados los procesos de la naturaleza y nosotros nos valemos de ellos le agregamos ciencia y trabajo para que sean lo más fructífero posible.

El hombre puede entonces preparar la tierra, sembrar, regar, fertilizar, eliminar plaga, mecanizar la cosecha, mejorar y enriquecer la tierra de cultivo, mejorar la calidad de la semilla; en lo referente a la cría de animales puede hacer esta más selectiva, aislarlos de enfermedades o plagas, incrementar la salubridad en los manejos de los productos derivados, enriquecerlos nutricionalmente,  pero en todas estas actividades el hombre solo está cooperando con las leyes de la fertilidad o desarrollo que Dios ha establecido, lo que Dios nos dio es naturaleza, la conversión de ello es cultura y civilización, nuestro deber no es solo cuidar la naturaleza, es el utilizarla consciente y responsablemente, desarrollando los recursos que hay en ella para el Bien Común.

No decimos esto en un sentido catastrófico o de absoluta negatividad referente al estado actual de la naturaleza, ni tampoco la exaltamos desde un punto de vista animista o panteista que intenta divinizar a la “diosa” naturaleza dándole una errónea cualidad, o algunas corrientes de la New Age que le atribuyen mecanismos de autorregulación y auto perpetuación, lo decimos desde el compromiso de velar para que la creación se desarrolle según el proyecto de la creación, es decir velar para que las riquezas de la tierra no aparten el corazón humano de ese  plan y orden dictado al universo.

Como seres pensantes que somos, y que entendemos este precepto, podemos realizar muchas medidas para mejorar el medio ambiente, como es reciclar, separar y reducir la basura que producimos, optar por uso de energías renovables, disminuir las emisiones de carbono, evitar contaminar playas, ríos, parques, reducir el consumo de plásticos, ahorrar agua,  evitar el uso desmedido de la energía eléctrica, plantar árboles y reforestar, respetar la flora y la fauna.

Es momento de redoblar esfuerzos, si las estadísticas marcan que no hemos salido bien librados en la responsabilidad que se nos asignó de velar por la naturaleza, la cual nos dejaron a nuestro resguardo, hay que ser cajas de resonancia y no cejar en las campañas que las Escuelas, Asociaciones, Clubes y Organismos Internacionales entre otros emprenden en este afán, apoyemos en lo particular y colectivo, uniéndonos se podrá lograr eses desarrollo sustentable con el que se pueda  garantizar  que la sociedad disfrute de un mejor futuro.

Es una invitación que se nos hace en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente para cuidar y conservar algo que gratuitamente se nos dio y que disfrutamos ampliamente, en este año es el hincapié en las especies silvestres, pero permanentemente es en lo que esté más al alcance nuestro.

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