Orígenes de la fotografía en el Tepic de ayer PARTE I

Muchas veces se han preguntado ¿de dónde salen las fotografías antiguas de Tepic?, ¿quién las rescata?, ¿quiénes eran los fotógrafos de entonces?, ¿qué interés tenía tomar una gráfica, ya fuera de personas, lugares o sucesos?

Pues bien, mi amigo Guevara Guevara Monroy, un entusiasta seguidor de mi muro de Facebook, originario de Guadalajara, Jalisco pero vecino ya en Nuevo Vallarta, Nayarit, y excelente periodista, me acaba de regalar una revista que lleva por nombre “Alquimia”, , el número 22 del año 8 fechada en 2004, del Sistema Nacional de Fonotecas, auspiciada por el Conaculta e INAH.

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El tema es “La Fotografía en el Noroeste de México” y dedica páginas de los orígenes de la fotografía en Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Durango y Nayarit. Son diferentes investigadores para cada estado.

A Nayarit, la investigadora Cecilia Gutiérrez Arriola nos dedica el capítulo “Apuntes para la historia de la fotografía en Nayarit”. De principio, la maestra Cecilia considera que la daguerrotipia debió haber llegado a Tepic tanto por Guadalajara y Mazatlán, las dos fronteras próximas, sur y norte.

Era la mitad del siglo XIX y “los daguerrotipistas itinerantes iban con su magia de pueblo en pueblo causando admiración”. Retratistas trashumantes que en busca de clientela se hospedaban en hoteles y posadas, al mismo tiempo que se anunciaban en los periódicos locales con meticulosa descripción.

Al primer artista de la cámara que se menciona en esta revista es a Filomeno Patiño en la ciudad de Tepic. “Sin duda damas y caballeros de la alta sociedad solicitaban quedar como efigie o presa en pulido estuche de daguerrotipo o ambrotipo”.

Quizá de Patiño sea una antigua foto (1858) en que aparece una mujer muerta rodeada por sus hijas enlutadas.

El estudio de Cecilia Gutiérrez considera que “es probable que conocidos daguerrotipistas como Jacobo Gálvez, quien introdujo la técnica en Guadalajara, o Amado Palma, daguerrotipista trashumante que se estableció en 1858 en dicha ciudad, o los ambrotipistas estadounidenses Beeven y Mc Swigging, que estuvieron activos en Mazatlán desde 1859, hayan incursionado en territorio nayarita y hecho los primeros retratos en esas técnicas pioneras, puesto que se conservan en colecciones familiares”.

Desde esa época temprana de la fotografía, -continúa narrando la  autora del estudio, Cecilia Gutiérrez-, se conoce por la prensa periódica que fotógrafos itinerantes recorrían esas lejanas tierras del occidente del país (se refiere a Tepic). Constancia de uno de ellos es el anuncio aparecido el 9 de julio de 1862, en “El Tío Junípero”, del fotógrafo E. E. Monford, quien “ofrece sus servicios nuevamente al público que lo ha favorecido en la anterior temporada, para hacerles retratos ambrotipos”.

Por otro lado, y luego que “la fiebre del oro” en California movilizaba viajeros para todos rumbos, la fotografía fue dejando constancia de personajes de la historia local y de acontecimientos memorables. Cuando el perseguido caudillo nayarita Manuel Lozada publicó el Plan Libertador de los Pueblos del Álica, y que fue fusilado el 19 de julio de 1873, un desconocido fotógrafo hizo un registro fotográfico de su cadáver, rodeado de mujeres enlutadas. Con ello, armó una fotocomposición al agregar, en la parte superior izquierda, dentro de un óvalo, el rostro de Lozada, imagen que tuvo gran difusión.

Hacia 1885, un fotógrafo llamado Jesús Casillas registró con su cámara la construcción de las torres de la catedral tepiqueña que por entonces se levantaban, y probablemente sea de él una foto de la plaza de la ciudad tomada desde las alturas de las torres de la iglesia.

De acuerdo a la investigadora, el año anterior, (1884) se había declarado Territorio al Distrito Militar de Tepic, y se conoce que por esa época los fotógrafos itinerantes, obsoletos ya en gran parte del país, continuaban viajando por estas apartadas regiones del occidente del país (Tepic), sin duda porque aún tenían trabajo, al no haber fotógrafos establecidos formalmente.

Esto se hizo patente hacia 1887, cuando se alojó en el Hotel Bola de Oro de Tepic, -afamada posada establecida desde 1840 y descrita en diversos textos por ilustres viajeros-, el fotógrafo Alfonso de Santa Clara, quien anunciaba trabajar con la novedosa técnica de las “fotografías egipcias en cristal”.

De la autoría de Santa Clara se conserva el bello retrato de una joven en una barca, que no es sino una albúmina coloreada, adherida cuidadosamente a un finísimo vidrio cóncavo.

Se tiene conocimiento únicamente por la prensa, no por alguna imagen que hubiera realizado, del fotógrafo José María Guerra, de quien se dice en el periódico “Lucifer” del domingo  11 de enero de 1891 lo siguiente: “Ha establecido de nuevo su fotografía en la casa que está frente al Teatro Calderón, cuenta con buenos aparatos y tiene decidida afición de complacer al público. Los retratos que hace son de lo mejor que hemos visto en esta ciudad, y bien harán en ocuparle los que quieran perpetuar el recuerdo de los seres queridos”.