Patria del Escudo Nacional

Véritas Liberabit Vos

El pasado lunes 19 de septiembre, fecha recordada en la memoria nacional como el día del más grande sismo que ha sacudido a la Ciudad de México ya treinta y un años atrás, se llevó a cabo en el Museo Emilia Ortiz de esta ciudad de Tepic en una fresca tarde la presentación del  libro “El Reino de Aztlán, Patria del Escudo Nacional”, surgido de la pluma del ilustre Doctor Julián Gascón Mercado en coautoría con su hija, la Licenciada Maricela Gascón Muro. Este lugar fue escenario para que ante un numeroso grupo de invitados donde destacó la presencia del Gobernador del Estado Roberto Sandoval Castañeda dieran a conocer esta bella obra editada en fina y elegante producción que contiene un tesoro invaluable de investigación histórica que nos remonta a los orígenes de la fundación de la gran Tenochtitlán, pero sobre todo a la raíz por demás ilustrativa de la base de nuestro escudo nacional, que inscribe y denota un acento inminentemente nayarita.

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Esta obra desglosa su contenido en dos grandes partes, la primera titulada “Tras la Profecía” que nos lleva desde las ínclitas tierras de Aztlán en el año de 1115 donde sus pobladores siguiendo la promesa de Huitzilopochtli encaminaron sus pasos en pos de la señal prometida por más de doscientos años hasta la fundación de la Gran Tenochtitlán en 1325 y del prominente Imperio Azteca, su desarrollo, su predominio y su influencia en Mesoamérica, hasta la llegada de los españoles con su caída en 1521, derivando así el inicio de los tres siglos de Época Colonial con la consiguiente formación mestiza de nuestra nacionalidad.

La segunda parte titulada “El Ascenso del Águila” nos remite de una forma poética y nostálgica a revivir nuestro pasado prehispánico en las alas de esa águila real que de forma majestuosa durante siglos cruzo nuestro cielo allá en las alturas para llegar justo a ese lugar señalado, posarse en esa roca de una peña con un nopal cargado de frutos tan significativos de nuestro suelo y en forma por demás fina y elegante con sus fiera garras devorar una serpiente ejemplificación bíblica del mal para que con esta acción ante la admiración de propios y extraños, en una zona lacustre y poco común, se edificara la más importante y próspera ciudad que por más de dos siglos dominó la región de Mesoamérica y sea  digna de estudio en todas sus aportaciones en lo arquitectónico, cultural, religioso, bélico, además sus once Tlatoanis desde Acamapichtli (1376 -1396) hasta Cuauhtémoc “El águila que cae” (1496-1525) son muestra de una aportación política y disciplinaria, material de estudio en la conformación de un gobierno basado en hondas raíces auténticamente propias.

Esta águila que se menciona en la Profecía de Aztlán y que funda un Imperio, la misma que señala la bravura de un guerrero como Cuauhtémoc que ve caer a su pueblo con la cara en alto y el orgullo siempre altivo hasta el último aliento, es la misma que se reconoce y se mantiene firme durante la Nueva España y que emerge con gran pasión y significado durante la lucha de Independencia cuando el Siervo de la nación José María Morelos y Pavón lo lleva por primera vez a la bandera del ejército por él comandado y que como postrer reconocimiento queda sellado como lo que es hoy el corazón mismo de nuestra Enseña Patria, el honrado Escudo Nacional.

Esta obra en sus más de setenta páginas de ilustrativa y amena lectura, amén de los importantes datos históricos y su eximio contenido nacionalista y patrio, nos hace ver entre otras cosas para mí por demás elocuentes, dos importantes temas de estudio a señalar:

Una es ver como en la Historia Universal solo podemos encontrar dos situaciones donde una salida o éxodo lleva a los viajeros caminando bajo una promesa, uno es la Historia del Pueblo de Israel cuando Moisés los saca de Egipto para conducirlos hacia la tierra prometida, la tierra de Canaán, aquella de donde emana leche y miel, la tierra de Abraham que fue acompañada por Dios durante más de 400 años, y la otra la ya conocida por todos nosotros y tan vehementemente contada en esta obra, la salida de Aztlán siguiendo la profecía de encontrar el águila devorando la serpiente.

La otra línea es percatarnos de la enorme aportación del Estado de Nayarit en la formación de nuestra Nacionalidad; para algunos podrá ser leyenda, mito o alegoría, lo cierto es que nada más cercano a la lógica y a lo histórico de ver la gran similitud que encontramos con todos los signos, raíces etimológicas, tiempos, crónicas que dan como resultado la firme interpretación de que es el Reino de Aztlán asentado en estas bellas tierra nayaritas en particular la Isla de Mexcaltitán con su distribución equiparable en escala a la fundada en el Lago de Texcoco cuna del Imperio Azteca, el lugar de donde partieron los nahuas en su camino a encontrar la señal, el nombre de Azteca derivado de Aztlán (aztateca  que fue el vocablo original que después derivó en la palabra conocida en nuestros días), pero sobre todo es el Escudo Nacional fundamentado en tesoro arqueológico encontrada en Nayarit que representa esa piedra grabada hace más de mil años donde claramente se ve un águila devorando una serpiente primera representación gráfica de Nuestro Escudo Nacional y que con orgullo está presente en el Museo de Antropología e Historia de Nayarit.

Bella obra para preservar nuestra nacionalidad, oportunidad para que las generaciones conozcan la gran aportación  de Nayarit en nuestra historia fundacional de Nación y sobre todo el orgullo de estar presente en el símbolo mexicano por antonomasia: El Escudo Nacional.

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