Preámbulo de Navidad

La verdad… sea dicha

En mi paso por la vida he aprendido que estos días decembrinos suelen ser muy especiales, mágicos, esperanzadores, y colmados de una vibra positiva. En estas fechas, la mayoría de las personas ya tenemos un sinfín de proyectos que esperamos poder cumplir a propósito de la Navidad y el Año Nuevo. Atrás dejamos todos los malos momentos y las metas no alcanzadas. Luego de un repaso por nuestra vida, decidimos que a partir de hoy, lo que sigue es punto y aparte. El escritor Og Mandino, respecto al tema escribió algunos pensamientos que aún recuerdo, palabras más, palabras menos, expresó: “La última vez que visitamos la Iglesia, fue para dar gracias por las bendiciones recibidas: la compra de una casa, la carrera universitaria, un buen trabajo, la  salud, el amor, y tantos bellos instantes que nos llenaron de suma alegría. Pero tal vez también deberíamos agradecer por las cosas malas que gracias a Dios no nos tocaron: la muerte de un ser querido, una enfermedad incurable, una deuda impagable, una catástrofe climatológica, por decir algo; cada quien tendrá su muy personal opinión sobre esta lista, de acuerdo a sus realizaciones de vida. Pero echar un vistazo a las desgracias que no tuvimos, también es una forma de valorar muchas de las cosas bellas que disfrutamos desde el momento en que nacemos, y en las que a veces ni siquiera pensamos”.

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Por estos días, uno de nuestros principales objetivos debiera ser la búsqueda constante de la felicidad basada en la tranquilidad, la prudencia, la salud, y el bienestar socioeconómico; claro, haciendo del dinero un complemento, no una razón de existencia. Tomando en cuenta que nuestro paso por esta vida es más que efímero, rodearnos de personas y elementos que nos ayuden a crecer en el terreno material y espiritual es, creo, de elemental necesidad;  vamos, en la medida de lo posible fabricarnos el bienestar, aunque a veces tengamos que lidiar con seres negativos; pero, cuánta razón tenía nuestro poeta Amado Nervo, cuando señalaba: “Cada quien es arquitecto de su propio destino.”  Ciertamente muchas de las cosas buenas o malas que nos pasan son producto de nuestro comportamiento y manera de pensar, de visualizar nuestro objetivo; quienes han estudiado por lo menos un poco de  metafísica no me dejarán mentir en el hecho de que el poder de la mente es infinito, y sólo basta idealizar algo y trabajarlo con seguridad para que se cristalice. Bueno, no todos estamos preparados para entender estas cuestiones mentales y hasta cierto punto algo etéreas. Partiendo de estos conceptos nos daremos cuenta que hasta el pensar debe ser siempre en sentido positivo.    

ASÍ COMO SOMOS

Qué bonito es lo bonito, solía decir mi abuelo cuando algo le parecía bien, cuando alguien era derecho, cuando las cosas eran llevadas por el camino de la integridad, del respeto y la sensatez, sin importar de lo que se tratara. Y es que, déjeme comentarle distinguido lector; en la vida todos los seres humanos siempre debiéramos mostrarnos ante los demás con nuestro rostro real, sin falsas caretas; así como somos, y nada más. Es muy feo ir por ahí apareciéndonos con una personalidad que no nos corresponde, con una imagen que no es la nuestra. No sé si a usted le ha pasado, pero a mí sólo me basta con echarles una mirada a las personas para saber si son gente de fiar, si hablan con sinceridad. Claro que algunas veces me he equivocado, no voy a negar que en este mundo hay lobos con piel de oveja que pueden engañar al más ducho, pero por lo general no me equivoco en mi primera apreciación y en el rápido escaneo sobre la actitud de las personas. Dicen que no es bueno crearse un criterio de la gente antes de conocerla, y prejuzgarla menos, pero estará de acuerdo conmigo en que todos tenemos un sentido que nos ayuda a detectar las buenas o las malas vibras. Qué nos cuesta ser honestos, cuantas preocupaciones se evitarían llevando la voz de la verdad en las palabras, en la actitud y en el pensamiento.

DE FILÓSOFO A ZAPATERO

En este preludio de navidad, que oportuno resulta recordar que en la vida lo más importante es querernos a nosotros mismos para poder brindar el amor genuino a los demás. A pesar de las adversidades que se nos pudieran presentar en este viaje terrenal, la fortaleza, la creatividad y el espíritu combativo siempre será lo que nos sacará adelante. Hoy dedico mi columna a alguien muy especial que seguramente vive feliz en algún lugar del espacio sideral. En estos días decembrinos, vale recordar: Ya en otras ocasiones, amigo lector, le he platicado de lo difícil que puede resultar la vida para las personas adultas mayores cuando no cuentan con una jubilación decorosa o el apoyo de sus familiares. Son historias de senectud que nos hacen reflexionar sobre el futuro que nos espera en una etapa de la vida que debiera ser para descansar luego del ajetreo de los años mozos y la juventud. Pero también es estimulante relatar de vez en cuando sobre las positivas epopeyas que muestran como los seres humanos cuando nos lo proponemos bien podemos adaptarnos a las circunstancias y a las adversidades que nos toca vivir. Yo tengo un amigo muy especial entrado en los 75 años, quien por azares del destino se ha quedado solo, sin familia, y sin propiedad alguna; él renta un pequeño cuarto en una casa del centro de la ciudad donde le da de patadas a la soledad. Para poder subsistir, un buen día se puso a arreglar zapatos en un negocito que atiende a través de su ventana.

Don José pone tapitas  y tacones, y cuando se requiere de un trabajo mayor como coser el calzado, pues decidido toma el encargo del cliente y va con quien tiene una máquina para no fallar con el compromiso. Don Pepe, aficionado al dominó, pero que no le gusta la tomadera, tiene muy pocos amigos; es un hombre solitario al que los hijos parecen haber olvidado. Cuando me ha invitado a que le acompañe a comer en su pequeño terruño, me cuenta de mil cosas; de la vida, de las mujeres, de sus hazañas, pero de la familia es un tema que no se toca, y que yo respeto. Lo admirable de mi buen amigo es que no se achicopala ante nada, tiene una fortaleza de mente y espíritu que ya quisieran muchos jóvenes. Un día se enfermó y fue a parar al hospital, pero como no le dijo ni a su casera a dónde iba, pues no supimos de él por quince días; la señora de la casa pensando en que no regresaría levantó su camastro y su humilde mesa  de trabajo para limpiar el cuarto y rentarlo nuevamente. Afortunadamente José llegó justo antes de que se rentara el cuartito, reclamando su derecho de antigüedad al espacio, quedándose nuevamente a vivir ahí. Así, lo volví a ver una tarde en que le saludé con mucho gusto luego de que en su casa me invitara unos tacos de sardina con salsa casera y una soda bien helada, de esas que dicen son “la chispa de la vida” anuncio en el que estoy empezando a creer, pues a don José le atendieron de un infarto al miocardio del que por fortuna salió muy bien librado, a pesar de su edad y su arraigado gusto por la bebida gaseosa. Como le digo, amable lector; hay mil maneras de enfrentarnos a los tiempos difíciles de la vida; uno es quien decide si termina apachurrado en una mecedora, o se levanta todos los días con el ánimo de salir adelante, haciendo a un lado los obstáculos, venciendo a veces lo invencible, como lo hacía mí recordado amigo José. robleslopinion@hotmail.com