Reunión cumbre en Singapur

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Este pasado martes 12 de junio se llevó a cabo uno de los acontecimientos que podrían ser considerados como de los más significativos en lo que a conclusiones sobre la paz mundial se refiere, la entrevista entre el presidente estadounidense Donald Trump y el líder de Corea del Norte Kim Jong-un realizada en Singapur llegaba con un cúmulo de expectativas ya sea como posibilidades de obtener un acuerdo macro que trascendiera por las implicaciones a nivel mundial, o esperando una de las ya conocidas actitudes del mandatario norteamericano como la ocurrida días antes en la reunión del G 7 donde con un solo comentario generaba que lo acordado se desmoronara como catillo de naipes.

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Los antecedentes de la misma no eran nada predecibles, a esta reunión se llegaba después de que meses atrás ambos presidentes se increparan mutuamente con fuertes amenazas de ataques nucleares (que no es cualquier cosa fútil) y con directas manifestaciones o demostración de poderío al realizar maniobras militares o ensayos nucleares que crispaban la paciencia o en muchos ,momentos ponían la expectación mundial al filo de temer por un inminente conflicto bélico de proporciones nucleares, así como tanto fue temido en los años de la postguerra mundial entre los dos polos de Occidente y Oriente de la llamada Guerra Fría.

Ahí estaban ahora dos de los líderes de este siglo que más incógnitas o dudas de acciones inesperadas generan en un análisis político, ahí estaban aquellos que meses antes se desgañitaban en ataques mutuos tanto a sus Naciones como a sus personas llegando Trump a utilizar  el título de una canción de Elton John apodando como el “hombre cohete” a su homólogo coreano por su propensión y gusto por los desplantes nucleares y que al unísono Kim Jong le respondiera con el apelativo de “viejo chocho norteamericano”; ahora bajo una escenografía que como marco entrelazaban una serie de banderas de ambos países alternadas dando un colorido espectáculo de rojo, blanco y azul, ahí cada uno de ellos portando su indumentaria tradicional se estrechaban en un saludo sumamente significativo que hacía bajar los decibeles de los tambores de guerra así como los grados de temperatura que avecinaban la catalización y exacerbación de un conflicto por demás no deseado.

Era el momento que mucho se había esperado, era la expectación por demás ansiada que podía marcar el camino de una parte importante de la política mundial y las consecuencias inminentes que en cascada se derivarían de lo que se acordara, pero…podríamos decir que la ficción fue más que la realidad, que la teatralidad sobrepasó a la concreción e impacto de los hechos, que la diplomacia cumplió con su legado ontológico de ser un torneo de hipocresías y los resultados de esta gran y esperado encuentro fueron pírricos ante el estruendo de lo que a la vista pueden considerarse.

Podría esperarse que los resultados de esa cumbre fueran impactantes, pero el comunicado surgido de ella aparte de los estereotipos diplomáticos no deja mucho de profundidad y acuerdo mutuo; por parte de los Estados Unidos Trump se compromete a suspender  los ejercicios militares conjuntos que realiza con Corea del Sur (recordemos el antagonismo que existe entre las dos Coreas divididas después de la Segunda Guerra Mundial por el llamado Paralelo 38 y que fue testigo de una de las guerra posteriores, la de 1950 que dejo una beligerancia supina entre ambas naciones) tal vez esta medida fue más impactante para los funcionarios sudcoreanos que se colige no fueron informados de esta determinación antes de ser comentada, lo que da un dejo de incógnita de saber a ciencia cierta cuál es la posición de Estados Unidos ante Seúl o si es una de las teatralidades de fondo y forma que gustan a la administración Trump.

A cambio de ello Corea del Norte se compromete a trabajar en la desnuclearización de su país (algo que ya estaba predicha en acuerdos anteriores como lo fueron los de 1994 y de 2005, así como en la reciente cumbre intercoreana realizada apenas en abril conocida como la Declaración de Panmunjom) por lo que se desprende que fue un compromiso muy ligero, sin precisar una agenda concreta donde se señale una lista pormenorizada de la cantidad de armas nucleares o la ubicación y número de instalaciones, la aceptación de una supervisión por los organismos competentes así como la calendarización de las mismas, fue más un esperado conjunto de buenas intenciones que a los analistas políticos los dejan con un pronóstico que podríamos llamar matemáticamente de “conjunto vacío”.

Esto se ha considerado como una estrategia de “una congelación por otra” por un lado Estados Unidos detiene sus ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur y por el otro Corea del Norte propone desacelerar y desarmar su proceso de nuclearización, pero no se establece nada fijo ni da pasos concretos para considerar como un logro totalmente favorable, amén de otros acuerdos como el hecho de trabajar en conjunto para establecer nuevas relaciones, cooperar por la paz y ayudarse en la búsqueda de cadáveres de soldados caídos en la lucha y promover a este país asiático como una potencia turística.

Mucha diplomacia, mucha escenografía, pero en ello más sombras que luces, más parábolas e hipérbolas que líneas rectas y puntos finales, así se podrá catalogar lo que pudo ser una reunión cumbre entre dos líderes antagónicos  de dos naciones sin relaciones diplomáticas, pero una situación si puede ser considerada como favorable, aquellos líderes de dos países que meses atrás se cruzaban ataques con claros intentos de destrucción, ahora se estrechaban la mano y se planteaban promesas, lo que puede hacer pensar que aquellos augurios de beligerancia pueden quedar por un tiempo en segundo plano y por lo que respecta a este tema el mundo puede dormir tranquilo.

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