Simulación genera corrupción e impunidad

Caldero Político

En opinión del politólogo Sergio Aguayo Quesada, la simulación es parte de la condición humana; cuando se generaliza procrea la corrupción y la impunidad que degrada y destruye instituciones.

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El analista no se anda por las ramas y apunta que ‘en México abundan los simuladores’ y señala ejemplos de personas que dicen una cosa y hacen otra, sin recato ni mucho menos congruencia.

José Luis Antón, por su parte, manifiesta que la simulación ha sido siempre un componente del sistema político mexicano, “pero el que haya sido y sea así, no quiere decir que deba ser así”.

En términos generales ambos personajes coinciden en que nos hemos acostumbrado a políticos que dicen que van a terminar el cargo y que no aspiran a otro, que los den por muertos, para luego ‘destaparse’ y pedir nuevamente el voto, engañando al pueblo y dejando a medias sus encomiendas. Otros más juran y perjuran que son leales a sus partidos o grupos políticos pero ya andan haciendo otros planes yéndose a otros partidos e incluso formando filas entre los ‘independientes’ sin serlo pues tienen un patrón que les manda y les dice qué hagan.

Igualmente aparecen enardecidos debates donde leyes nuevas parecen la llave secreta al desarrollo, la clave del éxito nacional, cuando en realidad lo que buscan los políticos es perpetuar el estatus quo, los privilegios y las ganancias.

Simula y te irá bien

De verdad ¿la simulación es inherente a nuestra cultura política? Algunos creen que este defecto se  forjó en las élites políticas a partir de una máxima que lo resume todo: “el que se mueve, no sale en la foto”, que  acuñó el líder cetemista,  Fidel Velázquez Sánchez.

Si hay que aplicar la ley, mejor prudencia. Si quieres un cargo público, no lo digas. Si vas a atacar a tu adversario, invítalo a comer y tómense juntos una foto. Si vas a aprobar una reforma políticamente costosa, no lo aceptes, sólo afirma que lo analizarás con toda cautela. Si vas a archivar un caso di que se abrirá una investigación exhaustiva y se llevará hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga. Si tu colaborador es un ladrón, lo captaron y debes despedirlo, nómbralo embajador, asesor plenipotenciario, o secretario de cualquier otra cosa. Si vas a pactar con el rival pronuncia un encendido discurso donde menciones que jamás claudicarás en las causas que defiendes.

En suma, la suprema ley de la simulación dicta a nuestros políticos a actuar en contra de lo que dicen para luego decir lo contrario de lo que han hecho.

Entonces la evolución democrática de México tendría que pasar, necesariamente, por castigar desde las urnas la simulación y la farsa, la pantomima  en la que la clase política se siente tan cómoda, sobre todo las izquierdas radicales y la derecha convenenciera, pasando por los partidos folklóricos y coyunturales que aparecen cada vez con mayor frecuencia.

¿Usted qué opina?

Nosotros creemos que México necesita políticos congruentes que obedezcan a lo que demanda el pueblo. Políticos congruentes con lo que dicen y lo que hacen, políticos cumplidores y apegados a la verdad. Congruencia entre el decir y el hacer, así de fácil.

VEREMOS Y DIREMOS.

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