Sueldos miserables, vidas ¿también?

Simples Deducciones/Juan Chávez

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Arturo ve lejana la posibilidad de tener una vida al menos como la que tuvieron sus papás, una casa humilde, un carro de muchos años de atraso a la modernidad y escuelas públicas pagadas con dobles o triples turnos de trabajo por parte de su padre y el zurcir de uniformes por parte de su madre para que estos rindieran para el hermano que sigue en la lista.

Arturo es el sexto y último de una familia como muchas, su papá trabajaba de albañil, de cargador en el mercado de abastos y se acomedía en donde le pedían que hiciera algún trabajo, incluso lavar carros; recuerda que cuando él no hallaba trabajo o no completaba para lo más básico en el hogar, su mamá se acercaba a alguna vecina y lavaba ajeno o hacía el aseo en alguna casa a cambio de comida y eso a él le cala el corazón, se prometió aprovechar los estudios que pudiera para salir adelante.

Sus 3 hermanos mayores, hombres todos dijeron: “no, gracias al estudio y se fueron de albañiles y luego se enviciaron en otras cosas y pues ahí andan cayendo y levantando. Mis dos hermanas se casaron rápido, casi adolescentes cuando apenas concluían la prepa y pues les tocó mal marido, andan haciendo el aseo aquí o allá y apenas sobreviven y yo, bueno concluí en la carrera de mercadotecnia y pues nada, a un año de ello no he podido ingresar a ningún lugar donde haya un salario digno”.

Él es uno de los cientos de jóvenes que salen con un título bajo el brazo pero que resulta que no encuentran un trabajo donde les piden experiencia de 3 a 5 años al menos, horarios extendidos con sueldos miserables, hablamos de una esclavitud moderna, esa en la que no son visibles las cadenas pero atan igual.

Los salarios miserables y la falta de prestaciones es la constante en cada uno de los empleadores que intentan convencer a quienes llegan llenos de esperanzas con sus papeles bajo el brazo “qué es cuestión de echarle ganas y pronto estarás ganando bien”,  cuando ni en sueños podrán alcanzar un salario digno. A las mujeres les va peor porque son blanco de insinuaciones sexuales para darles un “buen empleo” o “pagarles mejor”.

Ante la situación laboral que cada vez se fortalece más en México, muchos jóvenes entran en una depresión severa, que dura por largos períodos de tiempo derivado que sienten que todo el esfuerzo de sus padres y de ellos fue en vano, el dinero invertido, el tiempo de estudio, las carencias económicas y todo esto los conduce a tener una vida triste, miserable y sujeta a un hambre de crecimiento y empoderamiento pero que nunca termina por reflejarse.

Es hora que las políticas públicas cambien, que no nada más se apriete a la base laboral activa a pagar impuestos sino también se vea con rigurosidad a las empresas explotadoras que hacen lo que les da la gana, violentando a veces, hasta que sus trabajadores realicen sus necesidades fisiológicas, si bien no tienen un látigo en la mano no son desconocidas las amenazas que les hacen, van desde descontarles cierta cantidad a su quincena o bien el despido.

La lucha por un buen empleo sigue siendo la idea de muchísimas personas, pocas lo van a lograr, lo que es cierto es que esto tiene que cambiar y debe ser rápido porque de no ser así la situación de México no se ve muy favorable en un futuro cercano. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo electrónico juanfechavez@gmail.com

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