Tepic, breve crónica de urbanismo 1958- 1965

El recorrido de la memoria por aquél Tepic de los sesenta nos revela una calma, una limpieza y una sencillez de ciudad. Hoy podría volvernos locos el solo saber que a partir de las ocho de la noche, al cierre comercial, apenas quedaba una guardia de taxis, de farmacias o de seguridad pública.

Salir a divertirse era solo para acudir a los bailes, en diversos casinos, y eso significaba irse y regresar caminando de cualquier lado de la ciudad, cuyas orillas por cierto, no eran tan lejanas como ahora.

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Tepic despertaba junto con los mercados, a las cuatro y media de la mañana. Para el amanecer ya era una actividad normal. En los sesenta, a pesar de que ya había cientos de automóviles, aún veíamos una red de bicicleteros, de triciclos, y hasta carros de mulas, éstos últimos rentados para cargas de mudanzas, o de hortaliza.

Había dos zonas de comercio activo. Una por la avenida México desde la calle Morelos hasta la Plaza Principal y otra alrededor del antiguo mercado Juan Escutia. Por la México estaban los correos, los telégrafos, los bancos y algunas oficinas como turismo estatal o hacienda federal.

Una tienda que no competía con las del mercado pero que estuvo bien surtida era Abarrotes El Cisne, que se ubicaba en donde hoy es  el Pasaje México. Pese a lo pequeño de la ciudad, ya ocurría la saturación de cajones en las aceras, para estacionamiento de autos o camionetas. Las bicis ya batallaban entre las trompas o las cajuelas de los carros para transitar. Había que cuidarse, porque hubo innumerables accidentes.

En México y Zapata funcionaba el Hotel Palacio, hoy CECUPI. Por fuera del edificio había una peluquería, un expendio de lotería, y la afamada lonchería de Las Mil Tortas. El Bancomer ya estaba en donde está, ero era Banco de Comercio. En la misma esquina pero al noreste estuvo un edificio de tres plantas en donde funcionaba la Comisión Federal de Electricidad. Se puede uno acordar que por esa banqueta por la misma avenida México, estuvieron tiendas de exhibición de llantas goodrich euzkadi y de autos jeep willys.

En lo que hoy es el Museo Regional se sabe que funcionaban la escuela de Derecho y la secretaría de Turismo. El despacho del ejecutivo estatal ya había sido acondicionado a palacio de gobierno, la antigua penitenciaría.

A un lado de Catedral

A un costado, (al sur) de catedral se mantenía hasta 1960 un portal aledaño al Hotel Imperial. Poco después sería derribado. Eran tres arcos en la planta baja y dos ventanales en muro plano en la planta alta. Sería ocioso conocer la razón de la destrucción, pero hoy está ahí un nuevo edifico comercial. La ventaja es que la finca del ex Hotel Imperial sigue en pie.

En la plaza principal

En la plaza principal había sobrevivido la columna de la pacificación, aún y cuando le quitaron la base piramidal y un enrejado. La plaza había sido remodelada en 1950 y conservaba su mosaico escaqueado en combinaciones de rojo y calizo. El espejo de agua estaba ahí sin adornar, y hoy es la fuente de las ranas. La pérgola estaba como está actualmente, no se ha modificado. Las jardineras eran floridas y los tabachines eran la atracción de los pocos fotógrafos de la época. Ya no había el antiguo kiosco de herrería,  pero sí se mantuvieron las serenatas de jueves y domingos en la pérgola.

Hidalgo y México

Se combinaban aquí las contra esquinas, unas neoclásicas y otras modernas. En la esquina noreste estaba reparada la Casa Aguirre. Y los letreros anunciaban ahí la Oficina Federal de Hacienda a la que acudías por las escalinatas que empezaban en la calle de Hidalgo, y el consultorio del doctor Antonio González Guevara, en la pura ochavada, que anunciaba en 1965, servicios de Cirugía General y Rayos X.

Enfrente estaba la Ferretería Pantoja, en donde funciona actualmente,  y la farmacia Levy. Para estas fechas de mediados de la década del sesenta ya se nota la proliferación del automóvil. No habrá muchos autos nuevos, pero la gente comenzó a comprar los usados o seminuevos, principalmente en Guadalajara. Ya en estas fechas, los carritos de mulas que prestaban  servicios en las calles de Tepic, se habían casi extinguido. Todo tipo de transporte parecía haberse modernizado con los automotores.

Por la Lerdo y México

Por la avenida México en la acera este, yendo de la Hidalgo hacia el norte, hubo Armería el Venado, Joyería Hernández, el Hotel Sierra de Álica, y pasando la Lerdo, el Hotel Imperial, la famosa Zapatería Canadá con su letrero luminoso de fondo azul y letras claras, y la XERK a un lado de catedral. Siempre se recordará el gran anuncio de la radiodifusora en enormes letras rojas.

El portal que por décadas estuvo en Lerdo y México, fue derribado en 1965 para dar paso a la construcción del actual Hotel Fray Junípero. Diez arcos en planta baja se tumbaron marrazo a marrazo. Se veía un enjambre de peones trabajando en el derrumbe del vetusto edificio. El vecino portal Menchaca se salvó, pues ya estaba reconstituido y se mantiene hasta la actualidad con su egregia presencia.

IMSS

Por ahí del primer lustro de los sesenta, Tepic estrenaba una moderna clínica general, teatro, y las oficinas administrativas del Seguro Social, frente al Templo de la Cruz. Era una zona apacible y ventilada. Los servicios médicos eran de excelencia. Se pensaba en la prosperidad. Todo, hasta la mente de los ciudadanos, era limpio y entusiasta. El edificio sigue ahí, le dan buen mantenimiento y solo opera con las oficinas administrativas.

Entre el IMSS y el templo de la Cruz había quedado una gran glorieta  que  también destacaba por su modernidad. Ahí se levantaba el monumento a Fray Junípero, ya derribado. Nos dolió que por años, este escombro quedara  tirado justo enfrente donde ahora están los juzgados.

El Templo de la Cruz por cierto, para estas fechas estaba un poco descuidado. Sobre todo porque a un lado, donde hoy es Turismo, funcionaban una bodega y un almacén donde quedaba maquinaria pesada tirada dentro y fuera de la instalación.

Por otro lado de la ciudad, veíamos la cachucha del estadio de futból, y una tradición que recordamos con nostalgia. Esta zona servía de tráiler park, pues por así decirlo, aquí iniciaba la carretera a Mazatlán. Muchos camiones de carga, hasta de doble remolque, estacionaban su naves aquí para el descanso, llenar su diesel otro día temprano en la Gasolinera Vargas, y seguir su camino hacia el norte. Dormían ahí mismo en sus camarotes, y algunos choferes rentaban el Hotel Ritz, que se ubicaba justo enfrente de los estadios, y que tenía un excelente servicio de Restaurante California.

Otra de las fincas emblemáticas era el Castillo, por la calle Herrera. La Casa Fenelón por la Lerdo, el ya entonces habilitado como palacio de gobierno, del que haremos una crónica aparte, las industrias tabacaleras de TERSA y La Moderna, las terminales de autobuses de primera y segunda clase, el parque Juan Escutia y la estatua del héroe niño, las casonas que tumbaron donde hoy se ubica la Plaza Antigua, las competencias en el Lienzo Charro, como cuando vinieron de la Asociación del Rancho La Viga, en inolvidables torneos. El repunte de Nayarit en competencias atléticas, donde dábamos resultados  al nivel de los mejores del país. La asombrosa actividad comercial que se desprendía de la liquidación cañera en Puga y el Molino de Menchaca. Podías ver el dinero correr como lluvia en torrente.

En Tepic no es pasado, es perdido

Hay mucha crónica pendiente, podríamos seguir y seguir recordando muchas cosas, no como algo pasado, sino perdido. El pasado es así, no lo podemos recuperar, pero lo perdido sí podemos recuperarlo, que para eso están estas letras y algunas fotos viejas.

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