Un despertar diferente

Véritas Liberabit Vos

La mañana de aquél 1 de enero de 1994 fue muy diferente a la de otros años nuevos, al bullicio de las campanadas y la pirotecnia que nos señalaba con alegría la llegada de un esperanzador año, vino a transformarse en una realidad que prácticamente nadie imaginaba; sobre la algarada del festín y júbilo por la noche anterior las noticias matutinas que difícilmente alguien pone atención tan de madrugada empezaban a hablar de un supuesto brote guerrillero en los Altos de Chiapas, al principio se creyó de una secuela más de las bromas previas de un ya conocido día de los inocentes, pero la noticia fue a más, como cadena expansiva las crónicas fueron subiendo de tono y los ojos adormilados de los mexicanos se fueron abriendo con cierta incredulidad y un dejo de temor y desasosiego; era verídico; en el Estado de Chiapas un grupo guerrillero se había levantado en armas y en la madrugada de ese día primero había tomado por la vía de las armas los Municipios de San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas poniendo en vilo a un país que no daba crédito a entender lo que estaba ocurriendo.

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Nada era engaño ya para antes del mediodía  las cadenas televisivas nos presentaban las imágenes donde claramente se veía que un grupo que se hacía llamar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional que había declarado la guerra al Gobierno actual pidiendo el derrocamiento del mismo y establecer una democracia participativa, fundamentado en una base neozapatista con ideología marxista socialista de reivindicación indígena señalando una marcha directa hacia la capital del país, sus militantes se cubrían el rostro con pasamontañas negros y blandían armas junto a los vítores y consignas contra el Gobierno de ese momento, de pronto la figura de un personaje que tomo el mando de la revuelta se hizo presente ante los medios de comunicación se presentó como el Sub comandante Marcos (su nombre llevaba en sí mismo las iniciales de los nombres de los municipios atacados por este llamado ejército) un Robín Hood muy alejado de características indígenas ataviado con un pasamontañas, uniforme militar impecable, cananas y una pipa que hacía humear ante la mirada expectante de quienes le escuchaban hablar con una dialéctica histórica y retórica revolucionaria, que daba a entender que había leído a Engels, Marx, Feuerbach y otros ideólogos que luchaban hacia la dictadura del proletariado.

Antes del medio día ya las noticias internacionales señalaban que México estaba en guerra, era poco creíble ver como de la noche a la mañana el panorama había cambiado; las copas de los brindis de hacía unas horas habían chocado con la ilusión de un México que en el papel se acercaba o desde a una transformación de desarrollo y buena ventura, justo ese día se entraba con mucha ilusión a un enorme tratado de Libre Comercio con las dos grandes potencias Estados Unidos y Canadá, las expectativas eran sumamente grandes para la economía de un país que daba signos de recuperación con un neoliberalismo impulsado desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y el grupo tecnócrata ligado al poder que trabajaba acorde a un omnímodo proceso de globalización mundial que era pautado dentro del Nuevo Orden Mundial con un Estados Unidos cuyo Presidente Bill Clinton dominaba el panorama de un orbe que se reacomodaba geopolíticamente.

México dormía con la ilusión de un año  1994 de entrada al primer nivel bajo ese Tratado trilateral tan buscado y esperanzador; con un proceso electoral en puerta donde un Luis Donaldo Colosio cuyo destape como el delfín de Salinas el 28 de noviembre había provocado una cierta ruptura en la estabilidad del partido ante un Manuel Camacho Solís que ávido de poder había reclamado a su amigo Presidente el no haber sido designado como abanderado del PRI a la Primera Magistratura, ese trago amargo ya había sido digerido y todo parecía que la operación cicatriz ya había sanado, ahora le tocaba enfrentarse en los comicios a un cerebral y recio Diego Fernández de Ceballos y de nuevo a la figura mítica de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y su partido PRD; se iniciaba un proceso electoral, que también de pensarse tranquilo y reñido se convirtió en uno de los más convulsos y trágicos de la historia con el asesinato del candidato del PRI en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana un 23 de marzo.

Por otro lado como cada cuatro años el corazón y la ilusión de los mexicanos estaba puesta en su Selección Nacional, el Trí de Miguel Mejía Barón que estaría en el Mundial de Estados Unidos con una selección que ahora si auguraba la posibilidad de éxito estaba Jorge Campos, Luis García, Hugo Sánchez, Alberto García Aspe, Zague, Ramón Ramírez y otros jugadores más que tal vez no soñaban en ser comentaristas de programas futboleros como lo son hoy, pero que se sentían con posibilidades de un quinto partido; pero todavía estaba la maldición de los penales en aquel partido ante Bulgaria, el sueño se esfumó.

Como se esfumó la tranquilidad de aquella mañana donde la estabilidad del País se trastocó viviéndose un año turbulento con una conflagración que no duró más de 10 días de conflicto pero que quedó como una espina latente que sacó a relucir un México diferente al que terminaba 1993; el dolor de batallas como la del mercado de Ocosingo, el nombramiento de Camacho Solis como Comisionado para la Paz en Chiapas renunciando a su cargo en el Gabinete colocándole con posibilidades de ser candidato, la figura de Samuel Ruiz y la Teología de la Liberación, la muerte de Colosio, el desgaste de la figura Presidencial, el nombramiento fortuito de Zedillo como candidato emergente; las elecciones del voto del miedo; el asesinato de Ruiz Massieu y el “error” de diciembre que nos trajo una de las más dolorosas devaluaciones de cuyos efectos aún es difícil reponerse.

Esta fue la novedad en aquella madrugada de hace ya 25 años, parte de la vida de muchos, historia para las nuevas generaciones que se forjaron al ritmo de ese nuevo mundo global, un año para analizar en su contexto tan lleno de claroscuros; pero esa será otra historia.

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