Y tú, ¿te reconoces en Maribel? aún es tiempo

Simples Deducciones

No es el dolor de un hijo, ni de una hermana o de una madre, debería ser el dolor y la indignación de todos, presenciar cómo la vida de una mujer se termina a manos de un cobarde que la supera en fuerza física y en tamaño; imagino el miedo que debió haber sentido Maribel esos últimos minutos cuando forcejeaba con quien se dice, era su pareja sentimental, qué pasó por su mente, quizá que sería una golpiza más que se sumaba a las que señalan amigos y familiares se repetían en su vida.

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Quizá hubo algo de esperanza en ella cuando vio que alguien se acercaba por la banqueta, —pero— ¿lo vio?, lo dudo, enfrascada en quitar esas manos que parecían garras en su cuerpo, liberarse de ese abrazo mortal que la ahogaba cada segundo, pero no, no lo logró, Maribel sintió que su vida se escapaba en cada respiro; cae a la banqueta, choca con lo duro del cemento y aún así lucha por sobrevivir, su rostro queda justo hacia el sentido donde el agresor camina, los pocos pasos que se aprecian en el video de él, no se ven presurosos, como los de alguien que reconoce que ha hecho mal, que ha matado a un ser vivo a alguien que confiaba en él, se percibe que va convencido de que hizo lo justo, que le dio su merecido.

Hace como dos meses, en una colonia al poniente de Tepic, una amiga me platicó de una agresión a la hija de una vecina, la joven, no mayor a 24 años y con dos niños, pasó un día por la calle con un brazo lastimado, alguien le preguntó qué le había pasado y con el temor reflejado en el rostro, la joven puso un dedo sobre su propia boca de manera discreta y volteó atrás para verificar que su pareja no hubiera escuchado la pregunta, por fortuna, dice mi amiga, el hombre estaba inmerso limpiando la moto en la que a diario la llevaba a la casa de su mamá de él para que la vigilara.

La chica le dijo que él la había jaloneado y fue todo, eso sucedió un jueves, el domingo, cuando visité a mi amiga, había una carpa a mitad de calle, significado evidente de que un velorio tendría efecto ahí, mi sorpresa fue que horas después mi amiga investigó y resulta que era esa chica a la que ella, dos días antes le había preguntado qué le había sucedido.

La vecina le contó que el hombre se enfureció por algún motivo y la golpeó tanto que ya no sobrevivió, sin embargo hasta hoy, ni la mamá de ella, ni la de él, ni nadie han hecho algo en contra de su agresor, alguien dijo, “peor que sí hubiera muerto un perro callejero”.

¿Cuántas Maribeles hay? Me pregunto inquieto esa noche, qué habrá pasado por la mente de la persona que estaba a unos metros de ellos ese día y que se fue a la otra banqueta para evitar pasar a un lado de ellos, es corresponsable de la muerte de ella, sólo hubo un ser vivo que señaló con sus ladridos al homicida, quien ya se alejaba, dejando atrás una historia de terror.

Pienso qué hubiera hecho yo sí paso por ese lugar en ese justo momento, ¿pensaré que es problema de ella?, que ¿se lo buscó por soportar a un tipo así?, ¿qué su familia no le enseñó que nadie tiene porque agredirte en ningún sentido’, dejarla que cargue con todo eso?, ¿hacerme cómo que no vi?, ¿qué?

Reflexiono en qué haré cuando tenga hijos, en especial niñas, seguro estoy que desde el primer minuto les enseñaré que nadie debe coartar su libertad de acción de pensamiento, de vivir, que ninguna persona tendrá la responsabilidad de defenderse por ella misma; a mis hijos varones, que jamás deben lastimar a un ser vivo ni con el pensamiento, que las mujeres no son inferiores, que todos somos iguales, que el respeto empieza al reconocer que por naturaleza somos distintos y que no es necesario demostrar fuerza mayor para ser mejores.

Una sociedad incluyente en la que nos demos la mano todos, y avancemos unidos para erradicar la violencia no sólo contra las mujeres, sino contra todo ser vivo que nos rodea. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com