A cincuenta años del Chamizal

Véritas Liberabit Vos

Corría el mes de julio de 1962 cuando el entonces Presidente de México Adolfo López Mateos recibió la visita de su homólogo norteamericano el carismático John F. Kennedy y su elegante y guapa esposa Jacqueline Bouvier quien encarnaba la elegancia y glamour distinguido de aquellos años; en una de las recepciones el Presidente estadounidense chuleó el reloj que Don Adolfo portaba en su muñeca “ What a beautiful watchclock?” al oír este piropo López Mateos se desprendió de su reloj  y en muestra de agradecimiento se lo regalo a su invitado, el cual lo tomó como una muestra de cordialidad y buena voluntad, pero esto no quedó ahí, más tarde en una inauguración de un edificio Don Adolfo que tenía fama de gustarle las mujeres más allá de solo verlas, al estar junto a la pareja estadounidense chuleó a la primera dama “¡ Qué bonita está su esposa Señor Presidente!, a lo que Kennedy inmediatamente saco de su bolso el reloj regalado y haciendo un gran esfuerzo con un español mocho, intento decir “ Aquí tener su pin.. .reloj  Sr. Presidente”.

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No fue la única anécdota que se ha entresacado de esta visita donde nos hace ver la buena cordialidad que existía en esos años entre las dos naciones, uno de los puntos medulares que se sabía iba a tratarse era el asunto del Chamizal que ya estaba por cumplir cien años de litigio desde que el Río Bravo frontera natural del norte del país con Estados Unidos se desvió en 1864 de su cauce a favor del lado norteamericano dejando 177 hectáreas más en territorio gringo, ahora sí, sin disparar ningún arma, sin ninguna intervención o acuerdo en lo obscurito, así caprichosamente la naturaleza volvía a poner en desventaja a México frente a la gran potencia cediéndole otro pedazo más de tierra.

Por eso en una cena en Palacio Nacional se tocó insistentemente el tema de lograr la devolución de ese trozo de tierra conocido como El Chamizal y que por derecho pertenecía a nuestro país, ahí ante los casi veinte volúmenes de hojas, hojas y hojas ya fastidiado Kennedy le pidió al traductor que le preguntara a López Mateos ( que no era Santa Anna) que cuantos millones pedía México por ese terreno, al momento de oír eso de boca del traductor López Mateos le respondió: “Dígale a mi amigo que yo no soy agente de bienes raíces que soy el Presidente de México”.

La diplomacia, las buenas maneras, la defensa de una causa justa sin ningún ánimo de revancha, el gran momento político que vivía México permitió que la prudencia y el buen entendimiento prosperara para así lograr una victoria diplomática en que Estados Unidos aceptó formal y legalmente la devolución de esa franja de tierra, ¡Por fin México había logrado una victoria territorial ante su vecino del Norte! Que durante el siglo anterior le había arrebatado injustamente una gran parte de su territorio, ese día se sentaron las bases para que en agosto de 1963 se firmaran las bases para solucionar ya este conflicto, sobre todo las obras de reconstrucción por la necesidad de cambiar el cauce del río que permitiera una mayor estabilidad en la frontera y protecciones contra nuevas inundaciones o desviaciones atípicas, que diferencia a la actualidad donde se presiona y presiona por dividir con un muro inhumano una frontera natural de la humanidad respetada por leyes internacionales.

El júbilo no se hizo esperar, este logro significaba para México como el  triunfo de David contra Goliat y la admiración a las políticas externas de los dos países que cimbraban las posturas de lo que sería un mundo cambiante de la postguerra y la apertura a una nueva ruta de desarrollo.

Curiosamente tanto Kennedy como López Mateos pudieron ver concluida esta gran obra, en menos de año y medio la sociedad norteamericana se consternaba cuando un 22 de noviembre de 1963 en una visita a Dallas Texas el Presidente Kennedy sufría un atentado a la vista de todos, y también observaban como aquella bella mujer que lo había acompañado en su visita a México, su esposa hacía esfuerzos denodados por sostener parte de la masa encefálica desprendida por aquellas balas asesinas que hasta la fecha hay duda si realmente fueron disparadas desde ese almacén de libros por Lee Harvey Oswald. Por su parte meses antes de la entrega del Chamizal Adolfo López Mateos es atacado por un aneurisma cerebral que lo mantiene en coma por más de dos años, coma del que jamás logra recuperase muriendo en 1969 ya cuando los mexicanos pisábamos como propios los terrenos que él ayudo a recuperar, de esta situación agónica de López Mateos decían los epigramas de aquellos años: “Triste realidad de una enfermedad, de días sucesivos, lo que pasa es que López Mateos no está en coma, está en puntos suspensivos” y así la historia y el destino no quisieron que los dos artífices estuvieran presentes.

Un 28 de octubre de 1967 en la línea divisoria entre El Paso Texas y Ciudad Juárez Chihuahua se reunieron las dos comitivas para físicamente ya hacer la reintegración a México de ese lugar de la Patria que volvía a ser parte del suelo mexicano, Lyndon B. Johnson por Estados Unidos y Gustavo Díaz Ordaz por México.

Por cierto hay una anécdota vivida esa ocasión, cuentan que a la cita llegó muy puntual la delegación mexicana, con Díaz Ordaz a la cabeza, pasaban los minutos y no se veían ni las luces de los norteamericanos, por lo que la intranquilidad y nerviosismo empezó a generarse con unos miembros del gabinete “¿No se habrán rajado estos gringos?” a lo que Díaz Ordaz contestó “Si ya esperamos 100 años, que no esperemos unos minutos…” Después todo fue alegría.