Crónicas de Navidad (Segunda parte)

Véritas Liberabit Vos

En la entrega anterior, nos adentrábamos en los hermosos misterios que enmarcan la festividad de la Navidad ya en puerta, para este fecha estaremos a solo un día de la víspera dichosa correspondiente a octava y penúltima posada que antecede a la noche mágica y más esperada por niños en su deseo de regalos y en los adultos que al encuentro familiar y filial de convivio y buenos deseos, ahora continuaremos con el desenlace que marcó un hito histórico y divino.

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Los pastores

Después de pasar gran parte de la noche de mesón en mesón buscando un lugar para pasar la noche, La Virgen María y San José encontraron cabida en un viejo establo, donde recibieron abrigo y techo en una noche fría y trascendente; esta forma tan forzada y singular asemeja a nuestra resistencia de para abrir el corazón a nuestro prójimo y permitirle o brindarle posada.

Así nos marcan las crónicas que en ese humilde portal Jesús nació como había sido concebido, sin que María perdiera su virginidad ni padeciera los dolores de parto. Se debe distinguir el milagro del nacimiento sin la pérdida de la virginidad, de la Inmaculada Concepción por la cual María vino a la existencia libre del pecado original y que es celebrado el ocho de diciembre

La misma noche del nacimiento de Cristo, un ángel se apareció a unos pastores que se encontraban en las cercanías cuidando sus rebaños, y les dijo que buscaran al Salvador recién nacido; luego el cielo se llenó de ángeles que alababan a Dios y anunciaban la paz del mundo, la dulce frase de “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” se propago  como haz de luz que hizo henchir los corazones y dar a los pastores un sentido mucho más trascendente a su ya humilde pero dedicada vida.

Cuando se desvaneció la visión, los pastores buscaron apresurados y dieron con el prodigio anunciado. Entraron al refugio de la sagrada familia y ofrecieron al niño Rey, dones de sus pobres posesiones: vellones de lana, leche fresca de oveja, corderos, y todo aquello que en su humano entendimiento pudieron ellos trasladar de lo humano a lo divino.

Precioso pasaje que año con año la tradición mexicana lo convierte en una representación teatral como lo es la mestiza pastorela que entre picardía, ingenio y fe nos muestran esa lucha de los sentimientos humanos entre el bien y el mal inmerso en una mezcla didáctica y evangélica del proceder del hombre que aún ante lo grandioso deja permear esa naturaleza caída que nos inclina a desviarnos del bien ante los espejismos que obnubilan los sentidos, pero también nos hace ver que solo no podemos y para ello está la providencia a la cual hay que asirnos, tal como se ve con la ayuda del Arcángel San Miguel.

La epifanía y los reyes

Este hermoso tiempo de navidad continua mencionándonos como a los ocho días de haber nacido el niño fue circuncidado tal como lo marcaba la tradición mosaica y se le puso por nombre Jesús, como el ángel Gabriel lo había indicado; y cuarenta días más tarde, cuando María iba a ir al templo para el rito de la purificación, ella y José llevaron a Jesús para presentarlo al Señor. En el templo un piadoso anciano llamado Simeón, al cual Dios le había prometido que no moriría sin haber visto al Mesías, tomó a Jesús entre sus brazos y lleno de gozo reconoció al Salvador prometido, y previo que una espada de dolor atravesaría el corazón de María. Ana la profetisa, también se acercó al infante y lo alabó.

Entretanto, los Magos del Lejano Oriente, observando las estrellas habían descubierto la venida del nuevo rey, y alguno de ellos buscaron al nuevo rey siguiendo su estrella en el cielo, después de atravesar Jerusalén (donde alarmaron a Herodes con sus noticias), llegaron a la casa de Belén en la que estaba la sagrada familia, y arrodillándose ante el infante, le ofrecieron como dones oro, mirra e incienso, quedando en ello formalizado que aquel niño era en sí mismo Rey, Hombre y Dios.

La Navidad ya está aquí, venga pues a nuestro corazón cada uno de estos misterios para que afloren en él los mejores sentimientos de amor, cariño, fe y caridad para con el prójimo y para nosotros mismos, que con ellos podamos ver a una humanidad más cálida y solidaria, que el amor, la paz y la felicidad inunde los hogares de cada uno de nuestros lectores y desde esta columna les deseo a todos ustedes una FELIZ NAVIDAD!!!!