De la vialidad en Tepic

La verdad… sea dicha

Hoy, amigo lector, ya es jueves 9 de agosto, día de San Román. Oiga, seguramente ya estará usted enterado que en Tránsito Municipal de Tepic desde hace mucho tiempo pusieron en marcha un reglamento, donde se estipula que hay sanciones a las personas que van atendiendo el celular mientras manejan; es una medida muy buena para evitar accidentes, aunque por desgracia, tal parece, la mentada disposición sólo quedó en un buen intento de seguridad vial. El otro día, un bárbaro al ir pegado a su celular por poco y me echa su carro encima cuando intentaba entrar a estacionarse en una farmacia ubicada en la Avenida Insurgentes, esto justo cuando yo cruzaba la banqueta; bueno, el tipo no me vio ni después del incidente que afortunadamente pude librar, iba muy entretenido atendiendo su llamada. Luego, también, se ha dicho en repetidas ocasiones que ya no es permitido apartar lugares afuera de las casas y los negocios; así que todos aquellos que apartan lugar con sillas, jabas o lo que les viene en gana, ya saben a lo que se atienen.

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Por cierto, en cuanto a las banquetas, muy bueno sería que las autoridades municipales checaran cómo algunas están peligrosamente construidas, porque ciertos parroquianos las han diseñado para poder meter sus autos a su casa, en algunas ocasiones con aditamentos que hacen difícil transitarlas. Un serio problema que afecta sobre todo a las personas mayores. Si vamos a poner orden en el tema de las vialidades, como dicen en el rancho, “o todos coludos o todos rabones”.

También comentar lo difícil que se pone la Insurgentes y la Jacarandas los fines de semana con los carros que obstruyen la circulación, cuando los alegres parroquianos van en busca de diversión a los antros que se encuentran por esa zona; ahí se deben poner reglas de vialidad y urbanidad para poder circular todos de manera segura. Ya entrados en gastos, lo que sí está para averiguar es que muchos ciudadanos en la colonia centro ya tienen sus banquetas pintadas con la raya amarilla, y ni cochera tienen en sus casas, que porque ya está permitido comprar el permiso del espacio en Tránsito Municipal; así que con tanta raya amarilla, para quienes vienen al centro con sus autos les es prácticamente imposible encontrar donde estacionarse, algo que se ha convertido en un gran problema. Antes, sólo las personas minusválidas, y quienes tenían negocio con lugar de carga y descarga podían contratar un difícil permiso municipal de estacionamiento exclusivo, ahora todo mundo lo contrata. A dónde vamos a parar como dice Marco Antonio Solís.

DE LA FARÁNDULA Y ALGO MÁS

Hace días me acordé de doña Sara García, la gran actriz del llamado cine de oro mexicano, una mujer que seguramente las viejas y las nuevas generaciones de ciudadanos le recordarán con admiración, pues pocas actrices llegaron a realizar una carrera tan fructífera como la abuelita del cine mexicano. Según una anécdota, siendo doña Sara muy joven, un día se quitó la dentadura para aparentar mayor edad en una de las películas exitosas que protagonizó, hasta ese grado llegó su profesionalismo y su amor por la actuación. Como leerá, amable lector, también me gusta comentarle de anécdotas o historias diferentes a las noticias que toda la semana rondan por los medios informativos, en la idea de que pase usted un momento más agradable, sin el estrés que provocan los acontecimientos estridentes de nuestra cotidiana vida. Le voy a contar de una anécdota chusca muy personal que pasé allá por el año 2000, cuando mi padre aún vivía:

En mi familia siempre nos ha gustado mucho la música de todos los géneros, incluso mis abuelos, mis tíos, mi padre y un servidor hemos tenido la suerte de tocar algún instrumento musical, hay una tradición de músicos en casa. Bueno, pero la cuestión es qué, un día se anunció que en el marco de la Feria de Nayarit, aquí en Tepic, vendría a tocar al Salón, un conocido restaurante y bar, el grupo norteño Los Cadetes de Linares, creo que más bien se trataba de uno de los muchos grupos imitadores que andan por toda la república mexicana lucrando con el trabajo y la fama de esta agrupación que se hizo muy famosa a mediados del siglo pasado por su particular estilo para cantar los corridos y la música romántica norteña, además de las polkas que eran su carta de presentación. Total que unos primos, mi padre y yo, una noche llegamos a la feria, pero directo al Salón para escuchar a los ídolos a quienes oí por primera vez cuando radiqué en un pueblo del estado tamaulipeco, en mis tiempos de adolescencia.

El lugar estaba abarrotado, las mesas llenas, muchos jóvenes alegres, pero también una buena cantidad de viejos coreaban cada uno de los éxitos de los Cadetes de Linares; buena bebida, buena comida, y un ambiente especial incitaba para entrarle con fervor al refresquito; en un momento dado me entró la urgencia de ir al baño a hacer aguas menores, dijera mi abuelo, y me dirigí presto a realizar una de mis inaplazables necesidades fisiológicas, con tan mala suerte que encontré los migitorios ocupados, pero descubrí uno de los baños individuales solo, y entré rápidamente antes de que me lo ganaran.

Apenas había terminado de descargar cuando sentí la presencia de alguien atrás de mí, eran un par de policías serios, quienes de inmediato me preguntaron qué traía; un poco desconcertado les contesté que nada, entonces me pidieron mi cartera; la revisaron, revisaron mi nariz, mi lengua, y al no encontrar nada extraño, o algo que hubiera injerido, optaron por revisar los bolsillos rotos de mi pantalón de mezclilla, con tan mala suerte para ellos, porque ese día por las prisas olvidé ponerme ropa interior, así que uno de los policías se llevó una sorpresa al revisarme de frente. De inmediato me dijeron que me podía ir, retirándome con una sonrisa algo sarcástica. Así llegué hasta nuestra mesa para contar mi graciosa anécdota, la que no he de negar, en un principio me ocasionó una preocupación inmensa pues desconocía las reales intenciones de los señores policías. Luego de unos minutos me recuperé del susto, tanto que finalmente acabamos felices cantando los Boleros de Oro de los Cadetes de Linares que ciertamente sonaban igualito a los originales.

DE NO CREER

El Ayuntamiento de Madrid, España, asegura firmemente que la famosa canción “Madrid, Madrid, Madrid” no es autoría de Agustín Lara, sino de un español que vivió exiliado en México, llamado Rafael Oropesa, a quien el compositor mexicano le compró el tema en el año de 1940, cuando aún no conocía España. Dicen, equivocadamente el gobierno de Francisco Franco, en ese entonces, en agradecimiento, aparte de los muchos reconocimientos públicos, regaló a Lara una casa en Granada. Ahora resulta que la inspiración del laureado “Flaco de Oro” no lo era tanto, cuando según los españoles, llegó a comprar las canciones que le inmortalizaron. Aunque ha decir verdad, también aclaró el investigador Raúl Guerra, no se ha conseguido ningún documento que avale lo que indican las autoridades españolas. Lo cierto, amable lector, es que siempre han existido los rumores a veces infundados en los que se asegura, muchos de nuestros famosos compositores en algunas ocasiones han comprado canciones, y hasta en otros casos, hay quien asevera, se las han robado; verdad o mentira, vaya usted a saber. Hasta pronto. Para comentarios robleslaopinion@hotmail.com