Ejemplos de vida

La verdad… sea dicha

Como lo he venido haciendo en este alegre mes decembrino, hoy mi columna también está dedicada al comentario y a la anécdota de historias positivas, siempre en la idea de que por lo menos en estas fechas, amable lector, dejemos de lado un poco la política, y las noticias negativas que a veces estamos obligados a comentar como parte de nuestra labor periodística. Hay ejemplos de vida que bien vale la pena mencionar, como este que hoy le narro sobre una aguerrida señora de la tercera edad a quien tuve el gusto de conocer hace algún tiempo: Doña Rosa, una mujer grandota, morena, de ojos bellos, con mirada profunda, de cabello negro azabache, francota, y mal hablada como son algunas mujeres del Istmo de Tehuantepec, llegó un día a la majestuosa ciudad de México y se acomodó en algún lugar para vender sus riquísimos tamales oaxaqueños; con su vestido de tehuana y su agradable acento al hablar, convencía a los transeúntes de comprarle su producto. Pronto encontró un lugar donde vivir, y no sólo eso, con una gran imaginación para el comercio rápido acondicionó su hogar que convirtió en una casa de huéspedes donde lo mismo le rentaba cuartos a hombres que mujeres. A sus más de 65 años de edad, la mujer fuertota y sana sabía sacarle jugo a sus negocios, y no se achicopalaba por nada, al contrario, siempre decía que ella no le temía al trabajo que era de toda su vida. Un buen día se encontró a Ernesto de quien se enamoró, un hombre 30 años menor que ella, quien sin complejos de ninguna especie decidió vivir una feliz vida a su lado; algo que doña Rosa agradeció siempre, pues no sólo tenía un hombre cerca, sino que el buen Ernesto se encargó de trabajarle en la casa como sabelotodo, arreglando a su manera los problemas cotidianos que surgían cada vez que se daba mantenimiento al hospedaje; de ahí vivían y comían.

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El defecto de doña Rosa, si así se le puede llamar, era su arraigado gusto por la bebida, le encantaba mucho la cerveza, gusto que iniciaba los jueves por la tarde cuando se ponía a preparar sus tamales, luego todo el sábado y el domingo por la mañana. Los huéspedes conocían de sus ansiedades etílicas por lo que una que otra vez le acompañaban en sus bohemiadas; porque a la doña le gustaba cantar y no lo hacía nada mal, aunque ya muy tomados ella y don Ernesto afloraban sus celos y sus inseguridades personales, entonces se quedaban solos hasta el amanecer, balbuceando necedades hasta que se iban a dormir ya vencidos por el cansancio y la bebida. Pero el lunes, doña Rosa era otra; firme, franca, derecha y poderosa, lista para cobrar a sus inquilinos con quienes no tenía piedad; una cosa era la amistad y otra el negocio. -O pagan o se van, les decía. Su recia actitud tal vez provenía de una vida difícil que nunca contaba. Según supe, tenía tres hijos profesionistas ya mayores, una mujer y dos hombres que rara vez le visitaban, pues no estaban de acuerdo con la relación amorosa que mantenía con su Ernesto, algo a lo que doña Rosa no hacía mucho caso pero que en el fondo de su corazón seguramente le afectaba sobremanera. Así es la vida, cada uno tenemos una historia, o muchas historias increíbles, las que se ven y las que están ocultas, las que son públicas y las que llevamos en el alma. Doña Rosa cuando llegó al Distrito Federal había dejado una vida atrás, a su avanzada edad cambió su mundo, su terruño, y se fabricó una nueva historia a su modo, algo que muy poca gente puede hacer cuando cree que el destino ya le tiene lo que le corresponde. La señora de Tehuantepec demostró todo lo contrario, que nunca es tarde para tener una vida a nuestro antojo, que nunca es realmente tarde para ser feliz a nuestro modo.  Y no, amable lector, esta no es una historia romántica inventada por mí, es una anécdota de las muchas que he escrito para guardar el recuerdo de mi estancia en la ciudad de México donde radiqué por diez años, una grata experiencia que me dio la oportunidad de conocer a gente maravillosa que es ejemplo de vida como doña Rosa, quien me rentó mi primer cuarto en su casa de huéspedes cuando llegué a la Ciudad de los Palacios.

La asistencia social

Muy aparte de las opiniones de quienes piensan que el asistencialismo social en México no debería existir si las políticas de apoyo real a la ciudadanía fueran encausadas a la productividad, al empleo y a la educación de una manera más eficiente, cosa en la que estoy totalmente de acuerdo, la verdad es que ante la problemática social, me parece que las acciones de algunas entidades respecto al apoyo a las personas, también es una positiva manera de mostrar efectividad gubernamental, pues no se debe abandonar al desprotegido cruzándose de brazos como si no existiera, esperando a que surja una tendencia nacional que resuelva el problema de la pobreza y la pobreza extrema. Por eso soy de los que aplaudo las acciones emprendidas por el gobierno de Roberto Sandoval Castañeda, que se ha ocupado desde el inicio de su administración por crear programas en beneficio de los que más necesitan, como el programa alimentario PROSA en el que cada mes se le entrega a las familias nayaritas una despensa con alimentos básicos para su subsistencia. A quienes no les falta nada este apoyo les parecerá insignificante, pero créamelo amable lector, hay gente pobre que espera con ansias el fin de mes para recibir su frijol, su arroz, su café, su azúcar, sus pastas y los demás productos que les entregan. Claro que es una gran ayuda,  el programa ha permitido disminuir la pobreza extrema en Nayarit; según los informes del  Consejo Nacional de Evaluación de Políticas de Desarrollo Social (CONEVAL) en Nayarit se logró una reducción del 7.1 por ciento en pobreza y pobreza extrema, al pasar de 47.6 por ciento de pobres que había en 2012 al 40,5 por ciento en 2014. Desde luego que hay mucho por hacer en este rubro, pero indudablemente en Nayarit hay un gobierno con un sentido humanitario que está haciendo bien la tarea. Ya veremos para el próximo año de qué manera se trabaja para ofrecer a los ciudadanos alternativas que les permitan salir adelante con su economía, para no depender del apoyo asistencialista que hoy indiscutiblemente es una opción en la subsistencia de las familias más necesitadas.

Cafeteando la noticia

En el Congreso del Estado, la Trigésima Primera Legislatura ha iniciado con el análisis de las Leyes de Ingreso de los ayuntamientos. Así se ha presentado la primera lectura del dictamen con proyecto de decreto que determina los factores de distribución de las participaciones federales en los municipios del estado. También este pasado martes se dio primera lectura al dictamen con proyecto de decreto que contiene los montos a los cuales deberán sujetarse los ayuntamientos en las excepciones a los procedimientos de licitación pública para la adquisición de bienes y servicios para el 2016; y se ha dado primera lectura al dictamen unitario con proyecto de leyes de ingresos para los municipios de Santa María del Oro, Ruiz, San Pedro Lagunillas, Santiago Ixcuintla y del Nayar. robleslaopinion@hotmail.com

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