El eclipse del 11 de julio de 1911 visto por tres narradores

Ese día cumplía un año de edad mi hija Anita. Debido a la gran expectativa del eclipse, su fiesta se habría de hacer por la tarde, después del fenómeno. Mandé a imprimir invitaciones con motivos del eclipse, sobre todo el cohete Mexcaltitán y otras gráficas alusivas.

Mi hija se durmió pensando que ya era de noche. La tuvimos que levantar para que se arreglara para su fiesta. Yo andaba por el rumbo de Palacio de Gobierno y pasado el mediodía se nos oscureció, ante el asombro general.

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Aquel día era jueves y la gran mayoría pausó sus actividades para presenciarlo. Animales y plantas no entendían lo que pasaba: testimonios de hace 26 años reportan que las flores se “cerraron”, aves volaban despavoridas a sus nidos y animales de granja se metieron a dormir. En las calles, las luminarias públicas sensibles a la luz solar se prendieron, tal como si fuera de noche.

Algunos apuntes del escritor Mario Coz

Nuestro admirado Mario Ávila Bañuelos, o Mario Coz, quien recién este año falleció, nos dejó una crónica de una conferencia de prensa que concedió en el aquel tiempo, el coordinador de las actividades estatales para el Eclipse, Guillermo Falcón Vega.

“Entrados al tema del eclipse explicó que Nayarit es el lugar continental más ideal para observar dicho fenómeno, cuyo acontecimiento será 11 de julio. Advertido de los daños que pueden sobrevenir si se observa sin los aparatos apropiados, y dijo que ni los negativos de película o los lentes de soldador son capaces de evitar la quema de la retina, a la fecha –señaló- no se ha hallado un material adecuado para distribuirlo a la población.

De modo que el eclipse tendrá que verse en forma indirecta, por su reflejo en el agua o sus movimientos sobre los muros. En cuanto a los científicos (a la fecha han confirmado su asistencia 28 expediciones de México, URSS, Suiza, Japón India, EU) serán custodiados por la armada que combate a las drogas, y sus lugares de trabajo se acordonarán; todo esto a fin de proteger los sofisticados y costosos equipos que acompañan a los sabios. Se sabe incluso que para el día del eclipse habrá buen clima, y si acaso llueve será hasta después del evento para que nadie se frustre. Se calcula una derrama económica (aquí es bastante más ducho Falcón, que tampoco parece exactamente un halcón) de más de 300 mil millones de pesos (viejos pesos), uno por visitante, lo que favorecerá directamente a las poblaciones nayaritas.

Las escuelas se adecuarán como campamentos (hasta se les dotará de sanitarios, y eso es otro beneficio que habrá de quedarnos) “El eclipse traerá el despegue de la ciencia y tecnología nayarita”, dijo que se reclutarán personas que sepan inglés, para atención de astrónomos y turistas. Para el efecto se impartirán cursos rápidos de ese idioma. Pero además, se utilizaran policías bilingües. (Al afirmar ésto la prensa no dejó de esbozar una sonrisa burlona, habida cuenta de los trucutús que integran los cuerpos de gendarmería. I am sorry dirán al soltar el macanazo).

Cuando se le pidió que explicara cómo sería el eclipse, fue muy ilustrativo:

“Será como recibir la noche en pleno día”. Y agregó: “Lo bello de esto es que podremos ver las estrellas y los planetas cercanos al sol”. (Eso sí nos arriesgamos a estropearnos los ojos con nuestros vidrios ahumados). Dijo que este eclipse gigante, de seis minutos con 58 segundos, es el más grande del siglo y no volverá a presentarse sino hasta el año 2132, y no pasará por Nayarit. (Es por esto que se sacará jugo al máximo).”

Un texto del profesor Miranda Navarrete

“La hora se acercaba, tomé mi grabadora, una pluma y la libreta de anotaciones; salí de casa en dirección a La Alameda de Tepic. El cielo se nublaba, había poca gente en las calles. En La Alameda empezaron a caer las primeras gotas de lluvia. Seguí caminando rumbo a la Plaza Principal, registrando lo que observaba a mi alrededor.

Curiosamente ese día no llevaba cámara fotográfica, tal vez pensando en que la oscuridad por el eclipse no sería propicia para tomar fotos.

Llegué a la Plaza Principal. No había gente en las bancas y muy poca en los portales. Me encaminé a Catedral, esperaba encontrar repleto el recinto, imaginaba gente temerosa, con su rosario entre las manos implorando al Creador su benevolencia… La Catedral estaba casi vacía, muy poca gente en su interior.

Me fui a la Plaza, la ligera lluvia no me inmutó; quería ver reacciones de la gente, entrevistar a quien me lo permitiera para conocer sus impresiones ante el eclipse.

El número de personas crecía, en espera del fenómeno que ya se anunciaba, Los pajarillos volaban a sus nidos. Los curiosos se notaban emocionados, el momento había llegado, la oscuridad diurna se hacía presente.

Se sentía la emoción en el ambiente. Todos con la vista al cielo, como queriendo atrapar la oscuridad del mediodía. Las cámaras de video y las fotográficas estaban sorprendidas, las nubes, la llovizna y las sombras del eclipse no facilitaron registrar el momento como se esperaba.

Entre los curiosos había extranjeros, unos hablaban inglés, estaban viviendo una gran expectación; me acerqué a ellos, “masticando mi inglés” me puse a entrevistarlos para conocer sus impresiones, ¡en su idioma!

Ahí cerca, observando el eclipse entre nubes y llovizna estaban unos peruanos, de Cuzco, los entrevisté; fueron emotivas sus impresiones; me dijeron que habían ido a Guadalajara, pero cuando se dieron cuenta de que en Nayarit el eclipse alcanzaría el clímax se dejaron venir para acá.

Trabamos una breve amistad

Seguí caminando por la Plaza Principal observando reacciones de los presentes, Igual, yo estaba emocionado, a pesar de que las nubes impidieron disfrutar el fenómeno natural en todo su esplendor.

Los seis minutos de LA NOCHE MÁS BREVE EN LA HISTORIA DE NAYARIT pasaron en unos segundos; así como llegó la oscuridad, así volvió de nuevo la claridad del día sorprendiendo de nuevo a los pajarillos que recién se habían refugiado en sus nidos.”