El ex hotel Bola de Oro, historia convertida en plaza comercial

La historia de Tepic no se cuenta sin sus emblemas arquitectónicos, la Catedral, el templo de La Cruz, la Casa Fenelón, la Finca de Hormaechea (El Castillo), la original Penitenciaría (Palacio de Gobierno), La ex Casa Aguirre (Museo de Arte Contemporáneo Emilia Ortiz), el Museo Regional, los puentes de Puga y San Cayetano, y los paseos de La Loma, la Alameda, el Parque Juan Escutia, los jardines Azcona (Parque de la Madre), jardín San Román (Plaza de Constituyentes), y otras edificaciones y lugares que existen no tan solo en los registros literarios de varias generaciones, sino incluso en la memoria viva de muchos contemporáneos.

La Plaza de Armas

Hoy llamada la Plaza Principal de Tepic, la plaza de armas se caracterizaba por los portales circundantes. Hoy podemos ver el Portal Vázquez, por la calle Amado Nervo entre avenida México y calle Veracruz, reedificado totalmente en los años setenta, que anteriormente solo tuvo una planta y se le remodeló a dos plantas de lado a lado de la cuadra.

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El portal Vázquez funciona como plaza comercial, ya que incluso tiene un pasillo que larga entre la avenida México y la calle Amado Nervo. Hay zapaterías, paleterías, una tienda grande de muebles, y boutiques de moda para dama. En la planta alta funcionaba el Café La Parroquia que cerró hace dos años, quedando un restaurante de irregular servicio. Hay también una oficina pública estatal. En este portal Vázquez hasta los años setenta, se observaba el deterioro y el riesgo de derrumbe. En la esquina de la México estaba una terminal de autobuses foráneos pues no había Central Camionera. Por los pasillos hubo restaurantes y fondas, como el restaurante Tres Estrellas, el Marylin, El Trébol, y otros. Hoy en los pilares de este portal está una fila de sillones para aseo de calzado.

Por la calle Nervo entre Veracruz y Mérida no tuvo portales. Estaba la Tienda Hércules en los tiempos de que la gente encontraba de todo en una sola bodega. Luego, para los sesenta, construyeron un edificio para una ferretería que duró ahí muchos años, en la esquina de la Veracruz. Y por la Mérida y Amado Nervo, más reciente, el edificio de una Zapatería.

Por el lado oeste de la plaza principal, para no irnos más lejos de la edad de las fotografías, que datan de 1880 aproximadamente a nuestros días, hubo un portal de nueve arcos hasta la mitad de la cuadra de la calle Mérida entre Amado Nervo, (entonces calle Juárez) y la calle Lerdo. A principios del siglo anterior se dio paso a la construcción de un nuevo portal, que quedó inconcluso hasta 1952 en que se le destinó a la presidencia municipal de Tepic, toda vez que la alcaldía adquirió el predio. Hubo aquí un Teatro Lírico, sin techo, del que aún lo recuerdan los nacidos en la década del veinte o incluso los treinta.

Por el otro lado, hubo el Portal Retes, (hoy Edificio Mata). El Portal Retes igualmente tendría que ser derribado en los setenta, porque en las postales de 1980 ya aparece la fotografía del nuevo edificio de cinco plantas que ahora alberga un banco que ocupa las dos primeras plantas. El resto del edificio no tiene arrendatarios. En este lugar funcionó el primer elevador de Nayarit. En el pasillo de la Mérida hay entrada al banco, un Café con sombrillas y mesas de descanso, y una paletería.

El Portal Menchaca corre hasta media cuadra entre la calle Lerdo y la avenida México. Es quizá el edificio mejor conservado del centro histórico junto con el Museo Regional. Su estilo neoclásico remodelado constantemente destaca finamente en la escenografía de nuestra plaza y es también una de las imágenes más atacadas por los fotógrafos de ahora, es decir, de las cámaras de teléfonos móviles. La otra parte del Portal para llegar a la avenida México es lo que hoy conocemos como Portal Fray Junípero, por el nombre del hotel que se inauguró en 1972, dado que en 1968, se derrumbó el antiguo y vetusto edificio de dos plantas que alguna vez fue conocido como Portal del Sur. En lo que conocemos hoy como Portal Menchaca funcionó una tienda comercial muy concurrida que se llamó “El Palacio de Cristal”. En las fotos antiguas se veía que una de las esquinas más concurridas era aquí, en Veracruz y Lerdo, en donde también se anunciaba el teatro, el cine, la carpa, el periódico y obviamente, la noticia hablada del momento. Estaríamos hablando de la primera mitad del siglo pasado.

Actualmente en el portal Menchaca hay aún una tienda de ropa, un espacio de entretenimiento con máquinas tragamonedas, y las vidrieras del Hotel Fray Junípero. Por los pasillos y contra los pilares de los arcos, existe la tradición de los sillones para aseo de calzado.

El Bola de Oro

El Portal Bola de Oro, o ex Hotel de La Bola de Oro, marca la historia de uno de los hoteles más antiguos de México, como así lo ha comentado en sus libros el historiador Pedro López González. La historia de la familia que construyó la base de esta edificación es casi un capítulo en la historia de Nayarit, por la variedad de personajes y culturas que confluyeron a este lugar, ubicado hoy por la calle Lerdo, entre Mérida y Veracruz. Desde mucho antes de 1800 ya vivían aquí familias de origen español. De principio, -se nos relata-, se trataba de una amplia residencia.

Debido a la vastedad de datos y vestigios surgidos de los arraigados en Tepic de ese entonces, los investigadores han decidido darle origen al Portal de La Bola de Oro en 1786, año en que el propietario Pablo Antonio de Santa María y Rentería, había concluido con las dos plantas y los portales.

No es hasta 1840 en que “por iniciativa del comerciante tepiqueño don Alejandro Santa María y Chorroco, la antigua y hermosa finca de sus padres se convirtió en hotel, convirtiéndose en el principal establecimiento de su tipo en todo el continente americano”, nos narra López González.

Para abreviar, el Hotel Bola de Oro es un cúmulo de memorias del Tepic del auge de viajeros de varias nacionalidades. Aquí se hospedaron los más célebres personajes que hacían el tránsito de Guadalajara a San Blas y viceversa. Aquí despacharon muchos jefes políticos. Aquí se cocinaba la acción social de la región tepiqueña en el siglo XIX. Tuvo servicios de restaurante, baños, habitaciones, patios jardinados, diligencias, juegos de salón, y terminal de diligencias, lo que lo hacía un lugar de descanso y hasta de recreo, muy apreciados por la elite de su tiempo.

En nuestros tiempos, este Portal ha sido plaza comercial desde hace no menos de sesenta años. Su principal negociación en la esquina de Veracruz y lerdo, planta baja, fue la Mercería el 33 de la familia Wu, que al parecer todavía es socia propietaria de este lugar.

Los interiores del edificio al parecer ya están escombrados, quedando solamente la fachada por los lados de la Veracruz y la Lerdo. En 1996 quedó remodelado este viejo edificio junto con la plaza principal y los corredores peatonales. Han decidido rentar los locales de la planta baja, por las dos calles. Bajo los arcos de la Lerdo, funciona una tienda de ropa que ha improvisado una grúa en la azotea para bajar y subir mercancías mediante una carrucha, a la vista del numeroso público que pasea por las jardineras. La grúa es una horrible soldadura de rieles entrecruzados.

Últimamente, hemos observado trabajos que señalan quizá, la apertura de un negocio de cafetín o snack bar en la planta alta de la esquina con Veracruz, sobre un restaurante de hamburguesas. Los dueños del edificio deben estar seguros de no causar riesgos de protección civil, ya que mantienen la modificación de la finca, sobre todo para la construcción de una nueva escalera, por la calle Lerdo, en un espacio muy pequeño, mejor dicho en el puesto en donde se vendían revistas. Incluso deben tener instalaciones de agua, luz y gas y quizá servicios de cable. Por ahí, por donde estaba doña Aurora más de 50 años con sus revistas,  se subirá a la segunda planta, ya que la entrada principal por la Veracruz, quedó cancelada al rentarles el pasillo de un arco a unos zapateros barateros de León. Ahí ya habían desencajado, en el año 2010, la enorme puerta de cedro que tenía un llamador de bronce, para colocar una cortina de acero.

Esperemos que todo lo que se haga en este “aguantador” edificio sea para bien del comercio y del turismo, porque se antoja estar ahí, tomando café y almuerzo, admirando la esbeltez de la catedral, y disfrutando el generoso clima de la ciudad.