El poder de los roles

Muchos solteros van caminando por la vida de manera nostálgica, buscando a su otra mitad. Incluso pareciera que cada vez es más complejo encontrar el amor. Las razones de este fenómeno son muchas e incluso han sido sustentadas por teorías como la de la “sociedad líquida”, que sostiene el sociólogo Zygmunt Bauman.

Pero también creo que una de las razones por la cuales se ha vuelto cada vez más complejo encontrar el amor es debido a la imposición de roles en hombres y mujeres desde la infancia.

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Durante siglos, el rol del hombre ha sido el de proveedor y sustento. Un hombre debía tener la capacidad de satisfacer las necesidades de su familia y adoptar una conducta de protección para la misma.

Mientras, el rol de la mujer se limitaba al cuidado del hogar y los hijos. Esta diferenciación de roles entre hombres y mujeres se ha mantenido por mucho tiempo, y se sostuvo como la necesaria para lograr un matrimonio feliz, estable y exitoso.

Sin embargo, gracias a la liberación femenina, el rol de la mujer hoy en día es muy confuso. Somos una generación de mujeres que tuvieron la oportunidad de recibir una educación y nos adoctrinaron para ser autosuficientes y no depender de nadie.

Nos impulsaron desde pequeñas a buscar un desarrollo personal y profesional. La inserción de la mujer en el ámbito laboral ha aumentado desde hace ya algunas décadas, lo que ha generado que gocemos de independencia, sobre todo, económica. Esto provoca la ruptura de los roles.

En palabras de una gran amiga: “¿Qué puede darme un hombre que no pueda conseguir yo?”

Es verdad que, gracias al movimiento feminista, la gran mayoría de las mujeres hoy en día ya no busca que un hombre las salvaguarde y “mantenga”. Y esto genera un choque natural entre hombres y mujeres.

Se resquebrajan ante nosotros los roles impuestos y esto puede originar una gran confusión que complica aún más la relación entre un hombre y una mujer.

Es por eso que debemos quitarles el poder a los roles. No son necesarios, en realidad. Me parece que más allá de marcar diferencias entre un hombre y una mujer, lo que debe existir es una igualdad real.

Los mismos derechos y las mismas obligaciones. Así de sencillo. Somos individuos y lo más justo es que todos gocemos de una vida igualitaria bajo cualquier esquema social en el cual estemos inmersos.

Son innegables los cambios sociales que se han derivado en los últimos años y generan que sea una proeza encontrar a una persona con la cual te quieres compartir libremente y construir un proyecto de vida.

Sin embargo, si tomáramos conciencia de que lo que importa en realidad es adquirir un compromiso que nos permita establecer un vínculo sólido y genuino haciendo caso omiso a eso roles que sólo marcan diferencias entre hombres y mujeres, sería más fácil encontrar el amor.

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