“El Unicornio” una etapa creativa poco reconocida

En enero de 1981, hace ya 35 años, coincidimos un grupo de artistas creativos que nos aglutinábamos en un suplemento cultural de periodicidad semanal, en el ya desaparecido diario Sigloveintiuno. La revista se llamó “El Unicornio”.

El coordinador del grupo era Mario Coz, que me fue presentado por el finado Alejandro Pineda, alguna ocasión en el Jardín de los Constituyentes, hoy Plaza Bicentenario. Coz me invitó a escribir y acepté. No eran temas de tipo laboral, solo queríamos expresarnos a través de nuestra escritura.

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Y así empezamos, publicando poemas, cuentos y extractos de textos escritos por celebridades de las letras hispanas.

Las reacciones de los jóvenes de aquellos años nos emocionaron. Empezamos creyendo que íbamos a ser incomprendidos y resultó al contrario. El Unicornio alcanzó tal fama que hasta la Universidad Autónoma de Nayarit se interesó por publicar un “Cartel- Poema” que contenía nuestros trabajos y se exhibían en lugares públicos, vidrieras y murales.

Mario Coz tenía muy buenas relaciones con los pintores de ese tiempo y varios de ellos, nos apoyaron ilustrado con “clichés” la página. Hubo varios artistas plásticos pero destaco a Juan Lamas y a Pedro Cassant.

El Unicornio se volvió tertulia y bohemia. Salimos a las calles, pues ya se habían sumado músicos como Marcos Herrera y José Luis Rochín, entre otros, incluyendo, claro, a los miembros del grupo Nipeneucami, que ejecutaba magistralmente música latinoamericana.

A todos nos daba por escribir poesía alrededor del Unicornio. Porque además de desarrollar temáticas vanguardistas, se era rebelde y también se era revolucionario de la creatividad literaria y artística.

En el Unicornio se luchaba para que las instituciones oficiales apoyaran la cultura en todos los aspectos. En esos años solo había una delegación del Instituto Nacional de Bellas Artes y una oficina dependiente del estado para organizar eventos culturales, pero no había tánto gasto como en la actualidad.

Se sumaron escritores como Salvador Mancillas, Gilberto Cervantes, Alejandro Pineda, César Espinobarros, Alberto leal, Pablo Guerrero, Oscar Herrera, y tantos más que me resulta penoso no poder recordar a todos.

Curiosamente, de “El Unicornio” no quedan muchos archivos en la hemeroteca de la UAN. Visité alguna ocasión esa institución y me percaté de que los ejemplares, (que aparecían cada sábado), los habían desprendido del resto del periódico.

Ha sido una lástima no poder contar actualmente con ese rico legado, que marcó una época de cambio en la cultura nayarita. El Unicornio, de haber nacido como un proyecto de creatividad literaria, se convirtió en un fenómeno generacional, ya que se revolucionó la lectura de textos universales, se empezaron a rolar discos de música clásica, de música latinoamericana y de rock.

Se separó lo cursi y anticuado por lo moderno y vanguardista. Se leía en calles, plazas y frente a monumentos. Los pintores cambiaron su temática para convertirse en festivos y noctámbulos. Los músicos han dejado huella. José Luis Rechín aún se recuerda como improvisador, como letrista y como intérprete casi mágico de cualquier instrumento musical que cayera en sus manos.

Marcos Herrera Amaral es hoy un maestro de guitarra clásica y está por terminar doctorado por la Universidad de Madrid.

Mario Coz ha creado el llamado “Movimiento Divinalista” de poesía y prosa, incorporando técnicas que sorprenden a los mismos literatos y ensayistas del país.

El Unicornio, además, nos enseñó a ser prácticos, humildes, nada pretenciosos, nada editoriales. Eso sí, mucha lectura, mucha cultura y mucha herencia porque quizá, como siempre sucede, al Unicornio lo entenderán y lo homenajearán hasta después de cien años de muerto.

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