La Guerra de los Pasteles

Véritas Liberabit Vos

El pasado 16 de abril se recuerda una de las fechas que quedan en el calendario de la historia de nuestro país dentro de las notas trágicas y dolorosas en la naciente vida de México como nación independiente y lo digo esto puesto que a escasos dos años de que la rica región de Texas se hubiera separado de nuestro país después de una guerra tan mal manejada por los ejércitos del General Santa Anna que después de haber generado una auténtica carnicería en el Fuerte de El Álamo que desató el oprobio y la insania contra dicho personaje, posteriormente una ingenua siesta provocó la caída de nuestras tropas en San Jacinto, la aprehensión y los turbios acuerdos dieron la independencia a aquel Estado que a los años  y como consecuencia lógica y ya anunciada, se anexaría a los Estados Unidos.

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Ahora dos años después en 1838 la gran potencia francesa también deseaba parte del botín, no podía permitir después de las Guerras Napoleónicas que otras naciones expandieran más sus poderíos allende los mares, sobre todo en esa región de la cual ya varios autores habían escrito cosas excelsas entre ellos Humboldt, en este caso me referiré a un siniestro personaje que llegó de los Estados Unidos como Ministro Plenipotenciario cuya obra divisionista sentó las bases para muchas de las vicisitudes que vivió nuestro país en el siglo XIX, me refiero a Joel R. Poinsett quién diría de nuestra patria en 1822 “ En ninguna parte del mundo la naturaleza se ha mostrado más pródiga, y en parte alguna de él goza el pueblo de tan pocas comodidades”.

Pues bien, a 17 años de nuestra independencia, a escasos meses de haber recibido de España el reconocimiento de nación soberana, a casi dos años de la pérdida de Texas, ahora bloqueando los puertos mexicanos del Océano Atlántico desde Yucatán a Tamaulipas, teníamos a las huestes de Francia donde en una forma artera e injusta a nombre del Rey Luis Felipe I el barón Antoine Louis Deffaudis exigía al gobierno mexicano encabezado en ese momento por Anastasio Bustamante el pago de $600 000.00 pesos ciudadanos como indemnización por varios hechos cometidos en nuestro territorio en contra de ciudadanos franceses, destacando entre otros el pago que exigía un pastelero motivado por el atraco sufrido en su establecimiento por unos soldados badulaques que se habían comido una buena ración de sus panes y habían hecho desmanes materiales yéndose sin pagar, por esta razón peyorativamente se recuerda a este hecho como la Guerra de los Pasteles, otra infamia más en la dolorida historia patria.

La presión diplomática era tal de que si México no respondía a las exigencias económicas solicitadas por Francia que incluían no solo el pago prescrito sino un acuerdo comercial totalmente favorable para los galos, el ataque era no solo inminente sino prácticamente sencillo ya que las tropas estaban a escasos pasos de las costas nacionales específicamente Veracruz donde tenían toda la artillería dirigida, los motivos eran los de menos, la intención era firme de realizar un ataque con las consecuencias ya planeadas por ellos, un artero ataque, una infamia más de la soberbia del poder.

No iba a haber ningún acuerdo que disuadiera la ya expresa intención, el Gobierno mexicano respondió que mientras existiera un bloqueo a las costas del país, no se podría tener ningún trato o punto diplomático, la nación atacante no cedió ni un ápice, su actitud beligerante fue mayor hasta que los bombardeos no se hicieron esperar, la ciudad de Veracruz sufrió el ataque de la armada francesa a finales de noviembre de ese año, la batalla inició en San Juan de Ulúa, justo el último reducto que tuvieron los españoles al fin de la lucha de Independencia.

Así después de casi siete meses del bloque injusto, los cañones se hicieron sonar y la Guerra entre México y Francia se había iniciado, una lucha desigual, Francia con el contraalmirante Charles Baudín y destacando la presencia del hijo del Rey Luis Felipe, Francisco de Orleans, Príncipe de Joinville quién venía a cargo de una flota y con fuertes intenciones de agregar una orla más a las armas de su país, por nuestra parte la defensa estuvo a cargo de Antonio López de Santa Anna, Mariano Arista y Guadalupe Victoria.

La lucha fue desigual, era evidente que Francia no quería quedar fuera de lo que México representaba como botín, pero ya el Destino Manifiesto había sentado sus reales en esta nación y eso no estaba en el script, las presiones internacionales sobre todo inglesas generaron la capitulación, los franceses no llegaron más allá de Veracruz y México se comprometió a pagar lo solicitado por las indemnizaciones, así el 9 de marzo de 1839 se selló un capitulo triste de abuso y poder. Los franceses volverán por sus fueros años más tarde y nos volverán a atacar, esto será ya en tiempos de Benito Juárez allá en 1862 con motivo de la suspensión de pagos.

Por cierto en esta Guerra de los Pasteles fue donde Antonio López de Santa Anna es alcanzado por una bala de cañón y a consecuencia de esta herida pierde una pierna, pero esto, esto, será otra historia…