La vida alrededor del antiguo mercado “Juan Escutia”

Durante las siete primeras décadas del siglo pasado, la más importante zona comercial de Tepic se ubicaba al interior y en los alrededores del antiguo mercado “Juan Escutia”, aquel caserón de cantera zacatecana que se empezó a construir en 1904, bajo la alcaldía de don José María Menchaca, y que se demolió totalmente a mediados de los sesenta.

Aún no se determinan las causas de esta destrucción, que causó indignación no solo al comerciante sino a los ciudadanos en general. Al parecer iban a hacer otra plaza contigua a la llamada Plaza de Armas, que hoy es la Plaza Principal. En fin, era un edificio soberbio, de una planta, muros de bloques de cantera, y una banqueta circundante hecha de piedra.

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A mí de niño todavía me tocó jugar entre los pasillos de este mercado, aunque mis padres ya habían terminado con su puesto aquí, y se habían establecido en una esquina enfrente, por Puebla y Zaragoza. Se me hacen inolvidables las dulcerías y los puestos de fruta enmielada. Los puestos en donde don Cástulo Duque vendía cuentos y revistas. La chocomilería de mi tío el Pica, y la de don José Murillo. Las carnicerías de don Lupe Cayeros y de la de la familia Piña. El puesto de mercería de mi tío Teco Valdez, y la verdulería de la Negra Vargas. Ese era parte de mi escenario cotidiano en aquella primera infancia que vivimos un Tepic tranquilo, callado, cívico y limpio, muy limpio.

De las fotos antiguas

De las fotos antiguas que comparto en internet, una de las más nostálgicas es la de la calle Mérida entre Amado Nervo y Zaragoza. Aún existe esta misma zona pero ahora en forma de andador peatonal. Por aquellos años era una vía vehicular muy transitada, incluso por la Mérida circulaban algunas líneas de camiones urbanos a los que entonces les llamábamos “los circuitos”.

La fotografía en mención es de 1942. Se nota una gran actividad de comerciantes y clientelas. El vestido de las mujeres es de una sola pieza, y de largo hasta un poco debajo de las rodillas. Ellas mismas se compraban las telas y se confeccionaban su ropa de telas estampadas. Los hombres adultos vestían pantalón de fuelles de mezclilla, dril o gabardina. Las camisas eran de algodón en colores claros. Se tenía que contratar un sastre para que te cortaran a la medida tu camisa o pantalón. Los zapatos eran de cuero. Obviamente me estoy refiriendo a la escena estampada en la foto de 1942. Se trataba de ir a la zona comercial, porque cuando se visitaba un ejido o exhacienda, se tenía que usar el huarache de correa.

La cooperativa de panaderos

En esa misma foto que menciono, llama la atención la presencia de un rótulo muy bien elaborado en un muro por la misma calle Mérida pero enfrente del antiguo mercado, que dice: “Sociedad Cooperativa de Obreros Panaderos. Unión y Progreso”, y un pequeño subtítulo con el registro de operación.

Don Héctor Valleján, un tepiqueño nato, del que admiro su capacidad de memorizar toda nuestra antigua ciudad, nos dice de esa foto: “efectivamente era la sociedad de panaderos, enseguida (por la Mérida frente al mercado), estaba La Surtidora, tienda de la familia Basulto Chumacero. Enseguida la Panadería Azteca de la familia Rosales, finca en la cual había un reloj de sol en la azotea. Al cruce de la Mérida y la Zaragoza estuvo una cantina que se llamó “La Cubanita” donde se servían las tradicionales y exquisitas canelas con alcohol”.

El propio Valleján nos narra que esa cooperativa “quebró por una huelga muy prolongada, y se cambiaron a la esquina de las calles Querétaro y Amado Nervo, rescatada por don José Ayón el papá de ‘los birotes’. Toda la muchachada de ese barrio ayudamos a la mudanza: Los Cordero, Los Zepeda, los Ávila Arce, Los Riojas, los Jáuregui, los Álvarez, Los Trejo, los Arana, los Martínez, los Gómez, y otros que se me olvidan”, dice don Héctor con su simpática redacción.

Esa sociedad cooperativa de obreros panaderos vio sus últimos días por la calle Zaragoza casi esquina con la calle Puebla, siempre muy cerca del mercado Juan Escutia, tanto del antiguo como del actual edificio. Al lado de la panadería estaba la Cafetería Tres Estrellas de manera que las tardes eran de café y pan bien calientito. Yo viví de niño, la etapa en que llegaron los cafés solubles, y los panes empaquetados, (no digo marcas), lo que acabó por un tiempo la tradición del café puro y del pan recién salido del horno. Aunque muchos tepicenses nos hemos resistido y aún conservamos la tradición del café de olla y el pan dulce de nuestros artesanos.

De esta misma foto, otro amigo de las tradiciones de aquellos años, el Licenciado José Concepción Villanueva, nos comenta que por la calle Mérida 62, estaba la Frutería La Solita del señor Jacinto Monroy González, y también recuerda que en Zaragoza y Mérida estuvo la Cubanita (hoy el abandonado Hotel Génova), y por la calle Amado Nervo y Mérida estuvieron los Almacenes San Luis del Chato Naya.

Termino esta colaboración con otro comentario de don Héctor Valleján sobre este barrio: “En la puerta Mérida del viejo mercado estaba don Chano Medina con su changarro de telas. Al lado estaba la carnicería de la mamá de Margarito que vivían por la Querétaro. Del otro lado estaban los Caporros y por ahí mismo otros carniceros como Cazola, con su ayudante el Muégano. En la calle Amado Nervo, que antes se llamaba Juárez, estaba la mercería de doña Chuy Rodríguez. En la cooperativa de panaderos estuvieron Güencho, el Vaca, el Macho, los señores Enrique y Alejandro Rosales”.

Cerca del mercado, por la calle Puebla, se edificaron a finales de los años cincuenta, grandes tiendas como la Frutería Vargas, La Cadena de don Xavier Yeme, y la Occidental, de don Teódulo Medina.

Así transcurría, entre pura gente conocida, entre familias educadas, la vida alrededor del antiguo mercado Juan Escutia. No se me olvida el olor del chicharrón en la mañana, del café que se molía en las tardes y del pan recién salido del horno. Hay algunas cosas que siguen ahí, y hay que rescatarlas.