La vida en un celular

Simples Deducciones

Es ese sentimiento de impotencia que invade a Aarón cada vez que regresa a casa y ve a su mujer, Mariana, tirada en la cama con el celular en la mano, la casa “patas para arriba”, mientras que sus dos niñas de 9 y 7 años no han desayunado y ya es hora de la comida, pero a Mariana ni le interesa, es más no sabe qué hora es, porque de 24 horas que tiene el día ella anda durmiendo 6 y el resto las pasa en el celular, “hasta se mete a bañar con el celular a un lado”, dice Aarón a quien no le cabe en la cabeza el desapego de ella.

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“Mariana es la una de la tarde, las niñas tienen que ir a la escuela y dicen que no han desayunado, ni comido, que no hicieron la tarea y no llevan lo que les pidió la maestra”, es uno de los tantos reclamos de él, a los cuales sólo obtiene como respuesta, “ahorita” pero ese “ahorita”, nunca llega.

Es tanta la desesperación del marido que ruega a Dios, “que el maldito celular se le descomponga para que ya no tenga en qué entretenerse”, sin embargo dice que ya está buscando un lugar donde irse con sus hijas a quienes adora y ellas igual a él; Aarón lava, barre, trapea y hace comida sólo para él y sus hijas, ya le dejó de dar “el chivo” a Mariana y esta ya reclamó, porque ella no trabaja y ahora no tiene para comprar golosinas (que suplen la comida) ni para ponerle recargas al celular.

Su pasión ella le ha dicho a Aarón, es el whats y el face, “deberás que lo intento pero no puedo dejar el celular y ni siento que el tiempo haya pasado, es más no me da hambre”, le dijo Mariana a su marido cuando este le echó en cara su apego a “ese aparato”.

El caso de este matrimonio no es único, según mi círculo de amigos casados, tanto él como ella pasan gran parte del tiempo hurgando el celular y las sospechas de infidelidad se acrecientan cuando, uno, el celular tiene clave y dos cuando uno de los dos no lo deja ni para ir al baño.

Claudia sabe bien de eso,  “Javier comenzó por ponerle a su celular una de esas pantallas que impiden tú puedas ver lo que él ve, luego cambió su contraseña y después se lo llevaba (al celular) al baño y lo mantenía siempre a la vista, el colmo fue cuando me puso restricciones para ver su perfil de Facebook y entonces ya no aguanté y le dije, me respondió que no era una infidelidad pero que ocupaba tener su vida y pues le di gusto, ya llevamos 6 meses separados y con trámites de divorcio”.

¿Será que los sentimientos ya no cuentan y ahora se pone por encima a la tecnología?, no es raro ver en cafeterías, restaurantes y antros a grupos de personas sentados en la misma mesa bajo un supuesto afán de convivencia pero todos tienen el celular en la mano, pareciera que es mejor conversar a distancia aunque los tengas a un lado.

Dónde quedaron las largas charlas sin aparatos de por medio, los verdaderos abrazos, esos que te crujen los huesos y te dejan sin respiración, nada suple la calidez de piel con piel, el beso espontáneo en la mejilla, es más hasta los clásicos y enfadosos manazos o empujones ligeros a manera de broma.

Cuándo permitimos que lo intangible marque una brecha insalvable de convivencia directa, es más, ahora hasta nos enteramos de la infidelidad de la pareja por las redes sociales, antes todo el barrio lo sabía menos el o la aludida, pero ahora, el mundo entero lo sabe, señala, da consejos, pero lo peor, juzga.

¿Es en serio que Mariana no puede dejar el celular?, o ¿no quiere?, a poco todo esto se encuentra por encima del verdadero cariño hacia sus hijas, hacia Aarón; hasta dónde vamos a permitir que la tecnología siga dominando nuestras vidas, perdemos minutos, horas, días valiosos al lado de nuestros seres queridos, tiempos que no regresarán.

Sin embargo, a pesar de las rupturas, incluso de suicidios por imitar lo que otros hacen o por la situación económica que limita no poder llevar una vida como la del amigo, primo o vecino que cada paso es compartido en redes sociales; la tecnología móvil, esa que se lleva en la mano va a la alza y cada vez son de menor edad quienes traen un celular con internet y acceso irrestricto.

Hay madres de familia que prohíben a sus hijos e incluso pareja que a la hora de ir a la mesa utilicen el celular, pero por desgracia esto no puede ser tan frecuente porque hay familias que sólo se ven al inicio del día y no comparten más tiempo durante el día.

Innegable que bien utilizada la tecnología es una valiosa herramienta  que nos acerca de quienes estamos distantes y hasta conocemos familia que nunca antes habíamos contactado o bien, recuperamos aquellos amigos de la primaria y secundaria que creímos, ya no podríamos saber de ellos.

Casos como los primeros mencionados al inicio de la columna son preocupantes, familias que se desmoronan como polvorón y que todo indica no habrá forma de reconstruir, doloroso pero real, yo quisiera saber ¿qué más nos espera vivir en los próximos años, cómo serán nuestras vidas? aunque muy claro debemos tener que nada ni nadie podrá sustituir la calidez de una mano en el hombro, un abrazo en momentos difíciles y una buena taza de café aderezada con risas y miradas a los ojos, de eso si estoy seguro. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com