“Los Vagabundos”, rockeros nayaritas que no han dejado de sonar

Los Vagabundos” era un grupo de rock que no ha dejado de sonar en los sentidos de quienes tuvimos la dicha de escucharlos. Habrían durado unos 15 años entre nosotros, de 1966 a 1981 aproximadamente, en que sucesivos accidentes de carretera acabaron con la vida de algunos de sus integrantes, como lo fue con el líder Ramón Montes y con el siempre activo, Chuy Barrón.

Basta poner una foto de ellos en el Facebook para desatar cientos de comentarios, la mayoría nostálgicos y evocadores de una época que los tepicenses añoramos. En aquél Tepic en que la música de un baile se escuchaba en toda la ciudad, pues éramos apenas un cuadro urbano bastante pequeño, no mucho más allá del actual centro histórico.

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Los Vagabundos, o Los Vagos, como se les quisiera mencionar, siempre fueron un conjunto bastante bien equipado. Los instrumentos que ejecutaban los traían directamente de puntos fronterizos con Estados Unidos, y cuando se ven las fotos del grupo los conocedores opinan que esos aparatos eléctricos aún siguen vigentes en la música internacional. Uno de los integrantes, Aurelio Coronel, “El Charal” quien es sobreviviente de las tragedias carreteras, ha mencionado que gran parte de lo que se ganaban en los bailes o en las “tocadas” lo invertían en equipo.

Una amiga de Los Vagos, Livier Valencia, pariente por cierto de Carlos Santana, tenía contactos en el estado de California que le enviaban los discos de los mejores grupos y solistas de rock de aquellos tiempos, lo que permitía a nuestros músicos actualizar su repertorio. De manera que si escuchabas en la radio un éxito, al otro día ya lo estabas disfrutando con Los Vagabundos, que por cierto tenían su cuarto de ensayo por la calle Puebla y Victoria, donde vivía el creador y dirigente del grupo, Ramón Montes. Esa casa era un ir y venir de músicos, de jovencitos queriendo aprender y ayudar. Huelga decir que las calles eran empedradas, polvorosas, un Tepic quizá descuidado o quizá arrancherado pero de muchos y muy buenos amigos, todos conocidos, todos apoyando tareas comunes.

Para 1970 ya estaba creada y en funciones la Universidad Autónoma de Nayarit, con su Preparatoria y sus facultades en la Ciudad de la Cultura. Todo era felicidad para aquellos jóvenes que ya no tenían que irse a estudiar a la Universidad de Guadalajara, con el consiguiente gasto de las familias. Porque es de hacerse saber que la UDG celebraba un convenio con el gobierno del estado de Nayarit para admitir alumnos de la entonces escuela de Ciencias y Letras que era equivalente a la Preparatoria. Cuando se forja la Uni- Nay, en 1969 ese convenio queda sin efecto, y los egresados de bachillerato ya tenían opciones como Oceanografía, Odontología, Leyes, Contaduría Pública o Ciencias Químicas, entre otras carreras.

La Universidad de Nayarit era por varios motivos una fiesta interminable. La sociedad también celebraba la creación de un orden superior de conocimiento. En ese contexto, de alegría y júbilo, menudeaban los bailes en las explanadas de la Uni- Nay. Los ídolos de todos eran los Vagabundos, que llegaron a tocar casi diario en etapas de graduaciones, inicio y fin de cursos. También había grupos pesados de Rock, como La Verdad de San Blas, y la Explosión de Ruiz. De otros estados venían con frecuencia los Dugs Dugs, de Durando, Los Spiders de Guadalajara, y la Revolución de Emiliano Zapata, también de Guadalajara.

También sobrevive el  segundo baterista del grupo, Roberto Amaral, (el original, Andrés Villa había muerto en un primer accidente rumbo a Guadalajara). Roberto Amaral radica en el estado de Washington en donde con su ya extensa familia ha creado un grupo bandero que se llama precisamente “Banda Vagos” y que tiene su sede en Seattle.

Los Vagabundos prácticamente recorrieron todo aquel Tepic diminuto en que vivíamos. Todos los casinos. Todas las explanadas. Todas las residencias. Todos los teatros. Todos los jardines, plazas y parques. Varias quinceañeras, novias, cumpleañeras, los recuerdan porque era cosa de ahorrar y presumir que en tu fiesta habían tocado Los Vagos.

Los Vagabundos parecía que no descansaban nunca. Si los escuchabas anoche, ya estaban ensayando en la mañana allá en El Espinazo del Diablo, así llamado el “barrio bajo” en que vivía Ramón Montes por Puebla y Victoria. Una característica de los tepicenses de aquellos años era la humildad y la sencillez, de manera que si les preguntabas dónde habría pachanga, cualquiera de ellos te decía.

Cuando en 1972 se iniciaba la era Disco, el amigo Jorge Robles puso en La Loma “La Gruta del Lobo” dentro de las instalaciones de la Feria Nacional de Tepic. Pese a la moda de programar música gabacha en modernos y potentes amplificadores estereofónicos, los bailes de disco a veces terminaban con la música en vivo de Los Vagabundos. Así, la Gruta del Lobo recorrió la Feria Tabaquera de Santiago Ixcuintla, y las “lunadas” en la entonces casi virgen playa de Rincón de Guayabitos.

Alguna vez escuché a El Charal quien me dijo que gran parte del éxito del grupo se debía a que Ramón Montes gustaba mucho de los grupos norteamericanos de música del género soul. Que ensayaban bastante los coros y que no se detenían hasta que afinaban completamente los acordes de canciones como Massachuttes.

Al vocalista y líder de Los Vagabundos le decían “El Sueños” por tener gran imaginación. Se permitió componer aquella rola que casi todos nos sabíamos de memoria, “Conversando Conmigo Mismo”. Los Vagabundos no eran pretenciosos, quizá “desperdiciaron” oportunidades de triunfar en metrópolis como Guadalajara o el DF. Sin embargo, aceptarían grabar un disco que es la única pieza viva de su música. Esas canciones grabadas por fortuna ya están subidas a la red de Youtube en el internet. Los grabó la empresa “Discos Gas” de fama nacional en los setenta.

Pero no es solo en la armonía musical, sino en su recuerdo de la época del Tepic que vivimos. Claro está que la revolución rockera en el mundo nos volvió locos. La moda de vestir, de peinarse y de pensar. La moda de ser rebelde y aventurero. La moda de convivir con todos no importando diferencias de clase. Ese es el Tepic que interpretaban Los Vagos, que igual tocaban en casas lujosas o en patios de vecindades populares, como en “El Gato Negro”.

El baterista Amaral dice que Los Vagabundos fueron pioneros de tocar música electrónica, (rock) en la pérgola de la Plaza Principal, ya que hasta antes solo hubo serenatas con la Orquesta del Estado. “En esos tiempos teníamos bocinas Shure, guitarras Gibson Fender, amplificadores Acoustic Ampeg, batería Ludwig, solo pocos podíamos tener esos instrumentos, eran caros”, nos dice Roberto Amaral.

Lucio Vázquez era el requinto. Salió de La Explosión de Ruiz. Era incomparable para tocar las rolitas de Santana, como Samba Pa’ ti, Sin Depender de Nadie o Europa.

Hay un comentario de una dama en la red que lo dice todo acerca de Los Vagos: “Cuando cumplí mis 15 años ellos amenizaron mi fiesta ¡y me creía mucho!”.

Otro comentario habla de una presentación de Los Vagabundos en una explanada de la colonia FOVISSSTE en 1976.

Otro de los cientos de comentarios nos habla de que Los Vagabundos estuvieron en aquellas tardeadas dominicales del Centro Social Coatlán de Compostela, “5.00 pesos la entrada”.

Dice Roberto Amaral: “Lo que pasa es que no usábamos palabras soeces, incluso la canción Primavera de Amor se tocaba por coros de la iglesia del Carmen. Esa la escribía Chuy barrón en su teclado al estarla tocando. Chuyín, “El Chino” era un tipazo, jugueteaba con los niños mientras actuaba. Era de Coamiles, Tuxpan, Nayarit.

Tres accidentes acabaron con este grupo. En el primero murió el primer baterista Andrés Villa. En el segundo murieron Chuy Barrón y el añorado Ramón Montes; y en un tercer accidente, Lucio Vázquez pierde la vida viniendo de Ruiz al estarse construyendo la supercarretera a Escuinapa.

Hay muchas historias que contar de Tepic, pero ésta es mi favorita, porque viví el cambio. En algunos años después de estas etapas de ensueño, mi ciudad se volvería insufrible. Los desórdenes de crecimiento de la década del ochenta, parece que también los traemos en la cabeza. Me extraña tanta indiferencia para recuperar nuestra memoria histórica y nuestros valores cívicos.