Niños indomables, padres consentidores…

Simples Deducciones

Sentado mientras espero pase la lluvia para poder salir, veo una escena que por desgracia se está volviendo cotidiana, un niño de no más de 3 años le hace un berrinche a su mamá, quien no encuentra cómo ponerlo en paz; estoy en un centro comercial frente a SAGARPA y al interior, en el área de comida veo 3 niños, (2 nenas y un pequeño), la señora empuja un carrito de mandado aún vacío y los 4 se detienen frente a unas famosas gorditas rellenas, la mamá los deja en la mesa y va a hacer su pedido de comida.

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De inmediato el niño salta a la mesa, si, arriba y comienza a entre bailar y caminar aplaudido por sus dos hermanitas, la más grande de escasos 8 años, regresa la mamá ve lo que sucede y en un tono nada fuerte dice un sencillo: “bájate de ahí Samuel”, el menor ni la oye, sigue feliz haciendo su demostración de baile.

Por segunda vez la señora le dice lo mismo y es de nuevo ignorada, yo me remonté a mi infancia, en primera jamás me hubiera movido del lugar donde me haya puesto mi mamá y de haberlo hecho, esa mirada fría y tan expresiva de “ahorita que lleguemos a la casa vas a ver”, bastaba para no mover ni una oreja, sabía de antemano qué me esperaba.

Y regreso a la imagen que tengo frente a mí, la señora de algunos 40 y pico de años rodea la mesa para agarrar del brazo a su hijo y por fin bajarlo, pero la sorpresa es que las dos niñas se le fueron encima a la mamá para “defender” a su hermano, una le tomo la mano que sujetaba a Samuel y la jalaba con todas sus fuerzas, la otra le jalaba del cabello mientras que el niño intentaba darle de patadas donde pudiera, ellos ganaron, los dejó en paz, varias personas de las que presenciamos la escena fuimos simples espectadores.

La lluvia había cesado y me dirigí a la salida, una mujer de algunos 60 años le decía a quien supuse era su esposo, “si Armando me hubiera hecho algo menor a eso le tumbo los dientes”,  y en efecto, en mi escuela y barrio seguido había moretones de los semejantes pellizcos que nos ponían los papás.

Me enfoco en recordar que ahora a estos menores los catalogan como “niños emperador”, ordenan, mandan, hacen y deshacen a su libre albedrío y nadie los puede meter en cintura; tengo amigos que me refieren que sus hijos, ante la amenaza de un pellizco o un jalón de orejas les advierten que de hacerlo irán al DIF a reportar abusos y violencia, y los papás se sienten atados de manos.

Me pregunto, ¿a qué se debe este abismal cambio conductual en las nuevas generaciones?, ¿dónde estriba la diferencia entre la educación de antes y la de hoy?, ¿por qué permitimos que los niños sean ahora quienes impongan sus reglas, su ley?

No quieren ir a la escuela, lo hacen renegando, en su casa no ayudan en nada en las tareas del hogar, ya no salen a jugar por nuestras calles, a las alcanzadas, las escondidas, los quemados y muchos otros juegos más; hoy todo es celular, tablet, computadora, hoy desde la tierna infancia del kinder son los mismos padres quienes les preguntan a los niños, “¿ya tienes novia/o?, quién te gusta eh?”, entonces, ¿quién propicia ese adelantamiento?.

Sí nosotros fuimos crecidos en la situación de la mirada dura, del pellizco, de la nalgada a mano limpia o con el huarache, del castigo limitante de salidas, de aprender a limpiar parte de la casa y lavar el plato en el que comíamos, por qué hoy permitimos ser rebasados hasta un nivel incontrolable, con hijos que no nos agradece el mundo.

De verdad fue tan malo crecer como lo hicimos que hoy, dijera un amigo, “creo que se me pasó la flexibilidad, yo no quise arrimarles a mis hijos los golpes que a mí me dieron pero ahora a uno lo tengo en la cárcel y la otra pues con varios hijos y cero responsables y ella sigue de fiesta en fiesta, sé donde fallé y me lamento todos los días”.

Necesitamos creo, pasar más de nuestro tiempo con los hijos, quitarle la tecnología y darles libros, pero sentarnos con ellos a leerlos juntos, ver televisión y cine a la par y así vigilar en qué pasan sus horas y aunque nos llamen retrógradas llevarlos e ir por ellos a la escuela y a las fiestas, tener los números de teléfonos de sus amigos, compañeros y de los papás; vigilarlos, no importa que se enojen y amenacen con acusarnos de acoso o falta de libertad, pagar ahora eso, nos evitará costos irreversibles en sus vidas, hay que ampararnos a la molesta frase, “es por su bien, aunque ahorita no lo entienda”. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com