Trump y Ramos, votos e intereses

Univisión es un instrumento clave para ganar el voto latino. Su principal accionista es patrocinador de la campaña de Hillary

Las estúpidas declaraciones de Donald Trump (un personaje que confirma, una vez más, que la capacidad de hacer dinero, aunque sea transitando una y otra vez por el filo de la legalidad, no tiene nada que ver con la sensatez, la inteligencia o la cultura general), tendrían que haberse quedado en la anécdota, porque no merecen que se le haga eco.

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Su enojo con México ha sido documentado y tiene que ver con pesos y centavos. En 2007, el empresario impulsó un desarrollo en Playas de Tijuana, en Baja California. Se trataba del Trump Ocean Resort Baja, un complejo con más de 500 departamentos que se vendían, el más barato, en 300 mil dólares, el más caro en tres millones. El día del lanzamiento, realizado en una gran fiesta en San Diego, Trump vendió 188 departamentos y recaudó poco más de 122 millones de dólares. Pero meses después estalló la crisis financiera estadunidense.

En enero de 2009, los compradores, que habían pagado adelantos de hasta 250 mil dólares por cada departamento, fueron notificados de que Trump dejaba el proyecto. Y el propio Trump aclaraba que él no había hecho ninguna inversión y que solamente había rentado su nombre para vender más departamentos. Y también que, lamentablemente, no tenía dinero para regresar los 32 millones de dólares que los compradores ya habían pagado hasta entonces. Los estafados demandaron a Trump y se encontraron con que no era la primera vez que éste vendía su apellido. Cobraba cuatro millones de dólares por colocar sus apellidos en las obras y se llevaba un porcentaje de lo que se vendía. Un simple comisionista, nada parecido a Bill Gates o Warren Buffett.

Finalmente, en noviembre de 2013, los compradores llegaron a un acuerdo y recuperaron su dinero, pero el proceso congeló distintos proyectos similares que Trump quería realizar en México, sobre todo uno en Cozumel, que se llamaría Punta Arrecifes. Ése es el pleito real de Trump con México.

Ahora, luego de que Univisión canceló la transmisión en la Unión Americana del certamen Miss Universo (que organiza una empresa de Trump), por sus declaraciones racistas, Trump aseguró que fueron “los medios” los que tergiversaron las mismas: olvida que fueron realizadas en público y en un discurso en el que “lanzó” su candidatura presidencial. Dice que el gobierno mexicano “presionó” a Univisión (las relaciones entre el gobierno mexicano y Univisión son bastante malas) para que la gente “no se enterara de lo que pasa en la frontera”.

El tema no hubiera requerido ni siquiera una respuesta del gobierno. Hacerlo es legitimarlo, aunque sea como contrincante. La única razón de esas declaraciones oficiales fue acompañar la indignación de los millones de paisanos en Estados Unidos.

Lo importante de todo esto es el peso que ha adquirido la comunidad latina en la sociedad y en las elecciones estadunidenses, cerca de 13 millones nacidos en México. Son muchos votos que han decidido los dos últimos comicios. Y de la misma forma en que Trump intenta recurrir a ese “ADN racista” que persiste en los estadunidenses y del que hablaba Barack Obama luego de la masacre en Charleston, otros intentan acercarse y explotar la reacción que genera ese racismo.

Por ejemplo, no es gratuito que Univisión haya tenido una actitud tan ruda contra Trump en un espectáculo que genera tanto dinero como el certamen Miss Universo. Univisión es un instrumento clave para ganar el voto latino: es la más influyente, la más vista entre los paisanos y la que cuenta con mayores recursos, tanto que compite con las tradicionales cadenas abiertas estadunidenses en varias zonas del país. El principal accionista de Univisión se llama Haim Saban, un empresario de origen israelí, que es un activísimo patrocinador de la campaña de Hillary Clinton. Le ha entregado a la campaña de la exprimera dama, 12 millones de dólares y ha invertido otros 25 millones de dólares en la Fundación Clinton.

La cadena y su principal espacio noticioso, que encabeza Jorge Ramos, han apoyado pública e intensamente a Clinton, e incluso no han publicado información, salvo unas pocas notas en su página web, sobre el mayor escándalo que envuelve a Hillary y que fue develado por el New York Times: el haber usado sus cuentas privadas de correo electrónico para despachar sus asuntos como secretaria de Estado, en lugar de las cuentas oficiales, como lo obliga la ley estadunidense.

El 12 de junio pasado, el portal Politico, el más influyente en Washington, publicó una amplia investigación, muy crítica, sobre las relaciones de Univisión con Hillary. El día 19, Ramos, un crítico irreductible de la administración Peña por sus presuntos conflictos de interés, publicó un texto aceptando que su hija Paola se había incorporado a la campaña de Hillary, precisamente, para manejar el tema del voto latino. Esos sí son conflictos de interés que le van a generar problemas a mi indudable favorita en la elección estadunidense, Hillary Clinton. Y que existen los palacios de pureza.

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