Una eme en la historia

Véritas Liberabit Vos

Varias corrientes señalan que las letras del alfabeto aparte de ser la base de nuestra comunicación oral y escrita, se les puede atribuir también una connotación dentro del ámbito esotérico, ya que siendo un sistema de signos lleva implícita también una gran cantidad de símbolos a los cuales se le han asignado por estas ideas una alternancia de propiedades por demás variadas que dejan a la imaginación o al supuesto una alta dosis de curiosidad.

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Una de ellas es darle un sentido global al nombre, tomándolo como una palabra con un significado específico ya sea por su etimología, por su origen geográfico o histórico, o por la trascendencia u obra realizada por el portador inicial de dicho apelativo, otras de las veces se hace un cálculo de las letras del mismo donde cada una de ellas tiene un determinado valor dando así paso a la Numerología o el famoso método árabe conocido como simiyá, situación parecida es la del conocimiento de la personalidad por medio de su escritura que da paso a la Grafología, y junto a ello está el dar valor o atención a una letra, ya sea de alguna palabra de su nombre, apellido o localidad de nacimiento, o solamente esa letra que marcará o influirá en toda la vida de la persona que en cuestión.

Tal es el caso de un personaje de nuestra historia patria, el cual es conocido por su temor expresado hacia un letra en particular, en esta ocasión la letra M, nos referiremos al archiduque Maximiliano de Habsburgo y quién fuera monarca del Segundo Imperio mexicano de 1864 a 1867 como consecuencia de la segunda intervención francesa en nuestro suelo y a pedido del grupo conservador que llevaba años en guerra con la facción liberal. Tal como lo señala el autor Armando Fuentes Aguirre en su obra “La otra historia de México, Juárez y Maximiliano” Tomo I La roca y el ensueño, la vida de Maximiliano está trazada por la influencia de la letra M.

Así señala el autor que desde pequeño Maximiliano expresó varias veces a algún personaje de la servidumbre que lo atendía que él tenía la sensación de que dicha letra influiría en su vida y que incluso se veía morir rodeado de letras M;  singular y premonitoria situación, veamos un poco de historia que rodea a este controversial personaje.

Iniciando porque su nombre comienza con dicha letra: M, proviene de Miramar lugar donde incluso se firmó el acuerdo por el que fue convencido y nombrado para salir hacia México  a ser emperador, los conservadores que fueron hasta su país a buscarlo fueron entre otros José María Gutiérrez Estrada y Juan Nepomuceno Almonte (hijo de Morelos).

El nombre de su esposa iniciaba con M, María Carlota Amalia, así como el apellido de la esposa del rey de Francia Napoleón III quién apoyó su periplo: Eugenia de Montijo, el Papa personaje que tuvo mucho que ver  posteriormente en el no apoyo a su permanencia en México tal como lo narra Fernando del Paso en su libro “Noticias del Imperio” fue Giovanni María Mastai Ferreti Pío IX, cuyo segundo nombre y primer apellido iniciaban con dicha letra.

Ya en los estertores de su presencia en el país, y habiendo trasladado su gobierno a la ciudad de Querétaro, la defensa de su gobierno quedó a cargo del General conservador Leonardo Márquez que a la postre ante la traición del subalterno Miguel López, prácticamente dejó a merced de los liberales la figura del emperador.

Fue en el mes de mayo cuando el General Mariano Escobedo derrota a las fuerzas monárquicas ya sin el apoyo de Francia y la moral desquebrajada, respetuosamente Maximiliano entrega su espada (los historiadores no se ponen de acuerdo si fue a Ramón Corona o a Mariano Escobedo a quién hizo entrega de este símbolo de poder, si hubiese sido al segundo, añadiríamos una M más)

Los abogados defensores que se le asignaron fueron Mariano Riva Palacio, Rafael Martínez de la Torre y Jesús María Velázquez y el juez que dictaminó la sentencia a morir fusilado fue Manuel Aspiroz y le correspondió a Ignacio Mejía,  Ministro de Benito Juárez firmar la sentencia de muerte para ser ejecutada en el Cerro de las Campanas. Podría decirse un Monte.

No podríamos agregar más al momento del pelotón de fusilamiento el capitán designado para dar la orden de fuego se apellidaba Montemayor, y para que aquella extraña premonición que tuvo el emperador de niño impresionara más, fue fusilado junto a Tomás Mejía y a Miguel Miramón al cual le cedió su derecho a colocarse en el centro reconociéndole su valor y el hecho de haber sido el Presidente de México más joven; ahí quedó el cuerpo inerte de Maximiliano junto a los cadáveres de dos generales  cuyos apellidos empezaban con M, habiendo sido su último discurso pronunciado uno que iniciaba con la palabra: Mexicanos

Ah y se me olvidaba decir que el 19 de junio de 1867 en que se llevó la ejecución era martes…

¿Coincidencia?, ¿premonición?, ¿destino? Lo cierto es que definitivamente la vida de este personaje está impregnado de situaciones marcadas con la letra M, especialmente la de morir entre muchas emes, ahí están en su último aliento Mejía y Miramón.

Por cierto es también muy ilustrativo la historia que hay de este último general conservador y su  gran amigo de la infancia; el general liberal Leandro Valle, plagado también de una coincidencia y detalles sorprendentes, pero esa, esa será otra historia.

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