Yalitza sí, pero no para todo

Simples Deducciones

Con una taza de chocolate que humea de lo caliente que está y que apeteció por los días fríos que vivimos en días pasados, me siento a platicar con una amiga de diversos tópicos y surge el tema de Yalitza Aparicio y su imagen en una conocida revista. La muy mencionada Yalitza aparece con un amplio vestido rojo llamativo pero más llamativos resultan los “retoques” que le hicieron, lo que confirma lo que ya sabemos. La sociedad las quiere de estrecha cintura, brazos delgados y torneados, no tan morenas, ni con cejas tan naturales, con dientes blancos y parejitos, con vestidos finos, triunfadoras sí, pero bajo los estándares que nos han condicionado desde el primer respiro.

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Le pregunto a mi amiga su opinión al respecto y suelta la risa, porque menciona que en su trabajo o en los desayunos de “puras mujeres” se habla lo que no pueden escribir en las redes sociales, muchas de ellas son figura pública y menos dirían que, “pues será como sea, pero yo no me quiero parecer a ella”.

Me explica que no es un desprecio a la raza, ni al origen, ni a las etnias, “ni nada parecido pero fíjate bien, hay millones de posteos en face, twitter o instagram de hombres que la defienden y que yo sepa de que ella saltó a la fama a la fecha, no veo carros cargados de hombres que vayan a la sierra a buscar a chicas de nuestras etnias para hacérselas novias y luego formar una familia, los sigo viendo en los antros, buscando a las más delgadita pero bien formada, blanquita, si tiene ojos de color mejor”.

Dice que entre mujeres hablan del glamour que a Yalitza se le ha puesto a los pies, de codearse con actores multi galardonados, de estar en el mundo por el que muchas han trabajado para alcanzar y nomás no lo han podido lograr, pero ni así se quieren parecer a ella físicamente, sí a la fama y quizá al dinero, pero no a lo físico.

“Tan es así que cuando terminamos esa plática lo que siguió fueron las recomendaciones de las amigas para ir a algún masaje que nos baje los gorditos de los lados, la lonja, que nos quite las arrugas y algunas manchas que comienzan a aparecer. Cuál color de cabello se nos verá mejor y que no nos haga vernos morenas ni avejentadas”.

“Es que, mira Juan, yo vi una parte de Roma, no es el género que me gusta es cierto, veo a la actriz y admiro y agradezco la apertura que le han dado a ella en el mundo, sin embargo yo quiero seguir yendo a que me pinten el pelo, ahorro para levantarme estas del frente, me preocupan mis brazos gruesos o sea, vivo en un patrón físico pudiera decirse normal en el ámbito que me desarrollo, eso es todo”.

Al otro día de la plática me pongo observador con cuanta mujer pasa a mi lado, y veo que de pronto muchas de las féminas traen la cabellera igual, lacio, muy lacio, usan pantalones de mezclilla deslavados y con cierto tipo de desgarres, pero lo que más me llama la atención son las cejas, pareciera que todas fueron sentadas una tras otra y se las pintaron o no sé cómo hacen eso, pero todas las cejas son iguales, ¡cómo nunca me había dado cuenta!

Quizá estas líneas son duras, pero como siempre, la mejor opinión viene de ustedes los lectores. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo Juanfechavez@gmail.com

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