El mensaje de Fátima

Véritas Liberabit Vos

Cuentan las crónicas que ese día 13 de octubre el cielo de Cova de Iria en Portugal amaneció profusamente cargado de nubes, la lluvia era constante pero eso no era impedimento para que aquella multitud siguiera los pasos de aquellos tres pastorcitos Jacinta; Lucía y Francisco que desde hacía cinco meses cada día 13 se veían en el mismo lugar con una bella señora vestida de blanco y con un rosario en las manos, de quién decían que se les aparecía y que con voz candorosa y maternal los encomiaba a hacer el bien y pedir mucho por todo el mundo para que cambiaran su actitud de desobediencia a Dios y detuvieran su paso destructivo de violencia que al inicio de la primera década del  siglo pasado tenía sembrado de terror y muerte a buena parte de Europa y Asia.

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Recordemos que en esos momentos el mundo se cimbraba con el magno conflicto bélico conocido como la Primera Guerra Mundial que desde hacía tres años mantenía en una guerra sangrienta a varios países de Europa donde el odio había vuelto a resurgir intentando que los imperios centrales rescoldo de los siglos pasados limitaran su autoridad y entraran a la geopolítica mundial del siglo XX donde el imperativo categórico de gobierno iba más allá de una jerarquía monárquica, así el imperio austro-húngaro, el prusiano y el turco-otomano se batían en duelo contra una Francia, Inglaterra y una nación como Estados Unidos que ajena a ese continente hacía valer su poderío integrándose a un conflicto donde la lógica no permea con la razón para poder explicar su participación más allá de una intención intervencionista fraguada al calor de todos los avances tenidos en el siglo anterior sobre todo con su vecino país de México, que mención aparte la violencia se dejaba ver con las secuelas caciquiles que se habían generado posterior al movimiento bélico revolucionario.

Igualmente la Rusia zarista vivía ya un importante conflicto interno donde los bolcheviques y mencheviques guiaban sus baterías contra la autoridad Romanov generando una víspera de sangre de lo que sería la llamada Revolución de octubre que culminaría con la llegada de las huestes de Lenin y Trotsky la caída de Rusia y la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que extenderían por largo tiempo su hegemonía de poder y territorio imponiendo un sistema totalitario que oprimió, y socavó la libertad de muchos países.

El panorama mundial en ese momento era triste, la violencia, el temor, la guerra era la marca con que el siglo XX había iniciado, el ser humano se había revelado contra sí mismo y la ciencia con el avance de la tecnología ponía en las manos del hombre un armamento más potente para usarse contra el propio hombre e implantar con ello una hegemonía, muy lejos del amor al prójimo y la caridad para con los demás, era evidente que el mundo necesitaba un respiro, un dique que contuviera toda esa avalancha inhumana que se gestaba en los corazones de los mandatarios mundiales y que avistaban un siglo lleno de angustia y dolor.

Como ocurrió en 1531 después de la conquista de Tenochtitlán en que la Virgen de Guadalupe se presentó en el Tepeyac al indio Juan Diego para dejar un mensaje de amor, cordialidad y esperanza ante el proceso de evangelización que se daba en esas tierras, igual que en Lourdes en Francia donde en aquellos aciagos años del siglo XIX en que el liberalismo inundaba Europa y se apoderaba de las conciencias, entonces  las apariciones a la niña Bernardette dejó un mensaje de amor y observancia sobre el significado de la cordialidad humana y el perdón, ahora ante la vorágine de violencia que azotaba el mundo, revivió el mensaje, en esta ocasión fue en Portugal un país neutral en dicha guerra y los videntes unos humildes pastorcitos, teniendo como interlocutora a Lucía y dándole a ella el mensaje de que se le dijera al mundo que ya no ofendiera más a Dios con tanto egoísmo y tanta violencia, que esa guerra que destrozaba Europa iba a terminar, pero que si el ser humano seguía igual, vendría otra más catastrófica de consecuencias incalculables, veía una inmensa bola de fuego llegar a la tierra, igualmente pedía por Rusia por lo que iba a sufrir y por el error y dolor  que iba a expandir esta nación hacia otros pueblos, igualmente pedía que se orara mucho por la Iglesia y sus dirigentes ya que decía se iban a avecinar tiempos difíciles y tormentosos sobre ella.

Todo esto se resumió en los llamados secretos de Fátima donde aparte de pedir la construcción de un templo en esa zona solicitaba que se orara mucho por la conversión de los pecadores, que se consagrara Rusia al Inmaculado Corazón de María y sobre todo que se rezara el Rosario para que el hombre volviera a ablandar su duro corazón y la misericordia pudiera campear en un mundo de paz y armonía, y para hacer más patente su mensaje, dejó una prueba de ello ese 13 de octubre donde a la vista de todos los asistentes esas densas nubes se abrieron para que el sol resurgiera a plenitud y se llevara a cabo algo sorprendente que se ha llamado la Danza o El Milagro del Sol, donde el sol parecía salirse de su órbita y girar en bellos y coloridos destellos ante lo atónito de la concurrencia.

Sabemos, la primera guerra mundial termino en 1918, pero después vino otra más tremenda en 1939 la segunda guerra mundial con los mayores horrores de destrucción y muerte, donde una bola de fuego nuclear acabó con Hiroshima y Nagasaki, ese año de 1917 Rusia cayo al comunismo y extendió su dominio por muchas naciones, y la Iglesia sufrió los mayores ataques a su liturgia fundamental y a la persona del Sumo Pontífice que justo un 13 de octubre de 1981 recibió un atentado en la misma plaza de San Pedro.

Es evidente que la humanidad ha hecho oído sordos a este mensaje y la violencia ha superado niveles de preocupación y dolor, hoy a 100 años de este mensaje, la actualidad del mismo es tan palpable como si el Sol danzara ante nuestros ojos y nos recordara que dejemos ya de ofender a Dios y restablezcamos la paz del mundo.